La BBC vuelve a abrir el debate sobre el maltrato a las gimnastas de élite rescatando el documental 'Over The Limit'

La gimnasta rusa Margarita Mamun celebra con su entrenadora tras haber ganado el oro en Río 2016. Foto: Thomas Coex / AFP via Getty Images.

Llegar a la élite de cualquier deporte requiere sacrificios enormes. Para triunfar hace falta talento, mucha dedicación, una pizca de suerte y, por supuesto, horas y más horas de entrenamientos para depurar la técnica y corregir hasta el mínimo error. En algunos casos la búsqueda de la excelencia es tan intensa y exhaustiva que los métodos rozan la crueldad, cuando no traspasan claramente esa línea.

De recordárnoslo se encarga el documental Over The Limit (en castellano se ha traducido indistintamente como Al límite o Más allá del límite, si bien no existe versión doblada; solo subtitulada), una producción polaca de 2017 que no tuvo mucho tirón en su momento pero que de repente está dando que hablar tras emitirla anoche la BBC Four. El filme narra la preparación de Margarita Mamun, gimnasta rusa en la modalidad de rítmica, de cara a los Juegos Olímpicos de Río 2016. Durante el metraje se puede ver con claridad la presión intensísima a la que la someten sus entrenadoras.

“No eres un ser humano, eres un atleta” es una de las frases que le dedican a la deportista con ánimo, supuestamente, de motivarla para que rinda más. “Si no luchas, deberías irte al infierno”, “lo has hecho de pena, solo sacas puntos por tus ojos bonitos”, “vaca tonta” (a una competidora que, midiendo 1,70, pesaba 50 kilos), “los atletas profesionales sanos no existen” tras quejarse por el dolor o “estúpida perdedora” al cometer un error durante una práctica, están entre las perlas que se pueden escuchar de boca de sus técnicos. “Esto son los Juegos Olímpicos, las reglas aquí son duras”, sentencia que pronuncia Irina Víner, quizás sea el mejor resumen.

Aunque la historia narrada se centre en Mamun (quien, pese a toda la presión, acabó ganando el oro), Víner es el personaje clave. Gimnasta ella misma en su juventud, controla con mano de hierro su deporte en Rusia, donde lo ha conseguido convertir en poco menos que una cuestión de estado: preside la federación nacional (y durante un tiempo fue también vicepresidenta en la internacional) y jefa del equipo de entrenadores de la selección nacional, en la que ha conseguido engranar una maquinaria casi imbatible para la gloria de su patria. No en vano desde Sídney 2000 todos los oros en rítmica en el concurso completo tanto individual como por equipos han sido rusos.

La figura de Víner es omnipresente para las gimnastas, que más que por conseguir el triunfo, parecen esforzarse al máximo simplemente no ya por obtener un elogio suyo que nunca llegará, sino por evitar la bronca. La presión llega a límites casi grotescos cuando se ve a Mamun ejercitándose en el tapiz y se escucha la voz de la mandamás reprochándole los fallos e insultándola... a través de una videoconferencia. “Hay que entrenarla como a un perro, necesita trabajar, trabajar y trabajar hasta que no pueda mantenerse en pie” es otra de las expresiones que resumen su punto de vista.

Víner no duda en usar maneras que empequeñecerían a cualquier villano de película. Enterada de que el padre de Mamun está enfermo de cáncer (de hecho falleció apenas días después de aquellos Juegos), recurre a su figura para apretarla un poco más. “Le he dicho que interprete una tragedia donde muere su padre, que cuando esté en el suelo imagine que reza a Dios para que las cosas salgan bien”, le cuenta Irina a una colaboradora acerca de las indicaciones que había transmitido a la gimnasta.

Irina Víner (izquierda) enseñando a Vladimir Putin (centro) y al alcalde de Moscú Sergei Sobyanin cómo se entrenan sus gimnastas durante una visita oficial el pasado septiembre. Foto: Alexei Nikolsky\TASS via Getty Images.

Sin embargo, pese a que se llega al borde de la tortura psicológica, en ningún momento ni Mamun ni el resto de gimnastas del equipo (que sufren el mismo trato) muestran el menor atisbo de rebeldía. Tienen asumido que el sistema es el que es, y además funciona, así que aguantan las vejaciones y las humillaciones y siguen adelante. Eso sí, resulta bastante significativo que Margarita optara por retirarse apenas dos semanas después de volver a Rusia con el oro al cuello.

El documental nos hace reflexionar sobre hasta qué punto vale todo para conseguir la victoria. Si es lícito someter a chicas tan jóvenes (Margarita en 2016 aún no había cumplido los 21 años, pero llevaba compitiendo al más alto nivel desde los 17) a semejante presión en busca del éxito. El hecho de que Víner y sus colaboradoras permitieran a las cámaras estar ahí deja claro que, para ellas, sí que es la manera correcta de hacer las cosas. No solo no hay arrepentimiento alguno, sino que se muestra orgullosa, hasta el punto de que, cuando el documental se presentó en 2018 en el festival especializado DOKer en Moscú, le faltó tiempo para acudir al estreno... acompañada de Mamun.

En este sentido, la directora del filme, Marta Prus, no quiso escatimar en crudeza. “No quería hacer una película sobre el deporte, sino sobre el ser humano. Me quería concentrar en sus emociones [las de Mamun]. Veía su sufrimiento y su lucha, pero no que estuviera disfrutando. Pensé que si la mostraba compitiendo y obteniendo resultados, y luego feliz, no sería la verdad, sino propaganda. El camino es muy largo y la victoria, muy corta”.

Voces destacadas en el ámbito de la gimnasia rítmica en España se han hecho eco de la recuperación de esta película. Un ejemplo es Paloma del Río, la comentarista habitual de este deporte en Televisión Española, que insiste: “para ellos debe ser normal ese comportamiento. Para el resto del mundo no”.

La BBC ha colgado en su web el documental para que los espectadores que lo deseen puedan verlo libremente, pero por desgracia solo está disponible en equipos que se conecten a internet desde el Reino Unido. En España forma parte del catálogo de plataformas de pago como Movistar Plus.

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