La salida de Joao termina en culebrón con sus dos amantes en el confesionario: ¿Verdad o montaje a la vista?

Ha sido el alma de la fiesta y una de las piezas claves de esta séptima edición de Gran Hermano VIP. Con Joao se va también la alegría de la huerta, las risas de niño, los llantos a puro dolor y los dramas de telenovela que, visto lo visto, seguirá viviendo, ¡y de qué manera!, fuera de la casa de Guadalix donde ha permanecido dos meses. Su salida fue movidita y todo un paño de lágrimas por partida triple, con él no podría ser de otra manera. Tras una emotiva despedida de su Adara del alma donde se declararon amigos para siempre y despilfarraron todo el rímel, llegó el capítulo mil de su historia de amor a tres. Allí, en la sala de expulsión, con su chaqueta brilli brilli y el corazón en pena recibió a sus dos galanes, Pol Badía y Alberto Ramiro, el novio y disque amante.

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Qué le vamos a hacer, los hay que tienen suerte y les llueve esto de los novios encima jovencitos y de muy buen ver. Primero entró Pol, que muy indignado le echó en cara con más tiempo y datos que en su alegato el juego que tuvo con él de ahora sí, luego no. Menudo cuadro. Lo peor es que Joao, más liado que un ocho, le seguía dando esperanzas diciéndole que si tuviera un poquito más de sangre, quizás, otro gallo cantaría. Al joven se le hicieron los ojos chiribitas con esa posibilidad pero en realidad, la de Joao fue la típica actitud de pena, propia de cuando ya no quieres nada con esa persona y no sabes cómo comunicárselo.

La prueba definitiva de que lo suyo ya es historia fue la entrada de Alberto. Al maestro se le cayó todo, le dio la risa tonta, empezó a hablar como un bebé y los ojos se le salían de las órbitas. ¡Hasta le besó en la boca dos veces! Un hecho histórico ya que con Pol no lo hizo jamás, bueno sí, cuando éste fue expulsado pero así rapidito y con cero pasión. Nada que ver con su amor andaluz, a quien no podía dejar de mirar, tocar y piropear. Pero el chiquillo se hizo de rogar, parece que no le ha hecho mucha gracia su tonteo con Pol dentro de la casa. Si de verdad tenían algo ellos dos, ¿por qué esa comedura de tarro con su ex? En fin, que también estaba celoso perdido y así, casi sacándoselo con sacacorchos porque el chico no tiene el don de la palabra, finalmente se lo confesó a Joao.

El pobre maestro se quedó un poco plof por la idea de haberle decepcionado, pero él seguía erre que erre con lo de guapo. En una de esas que le acariciaba la cara a lo Romeo, las puertas del confesionario se abrieron para…¡Pol! Y así, en menos de un segundo estaban los tres no precisamente felices y comiendo perdices. La escena era igual de dramática que cómica, ambos adjetivos al mismo nivel. A Joao, que no sabía dónde meterse, le quedaba lo peor. Su pareja durante casi un año le puso al día en menos de un minuto contándole que su nuevo enamorado se había paseado por todos los platós de Telecinco, además de dar una exclusiva previo pago en una revista, hablando lo más grande. Y lo que es más fuerte, enseñando sus mensajes íntimos de pareja a diestro y siniestro, entre ellos a Kiko Hernández del programa Sálvame.

La cara de Joao experimentó todos los gestos posibles de alucinación. Pero después de unos segundos y, sobre todo, su experiencia en los platós donde todo considera que todo se manipula, salió en defensa de su amante amigo. “Tu entorno está muy contento con este chico”, le dijo Pol. Ciego de amor, miró y escuchó a Alberto que se defendió muy malamente porque el chico no tiene tablas. “Yo te creo profundamente, dijo Joao a lo Escarlata O’Hara. Pues está claro, digan lo que digan, al maestro le da igual, incluso que su amigo del alma fuera de la casa, Arturo, haya bloqueado al nuevo. Él va a darle una oportunidad a este pipiolo de veintipocos y así se lo dejó saber a Jorge Javier. “Voy a ir donde el corazón me lleve”.

Quizás su aterrizaje a la realidad le haga abrir los ojos, o no. La cosa acaba de empezar y esto promete mínimo dos mil capítulos más. Pero no todo a su llegada a plató fue tan negativo, después de enfrentar a esos dos hombres y un destino, abrazó a otro que también le encanta, su JJV del alma, que le dedicó unas preciosas palabras agradeciéndole haber sido un concursante diez. “Has sido una maravilla tenerte como concursante, le dijo, entre otros muchos piropos.


Menos agradable fue Helena, la madre de Adara, que aunque contenta con la bonita amistad con su hija, le expresó su descontento por haber actuado de celestino entre ella y Gianmarco. “He frenado más que metido”, le aclaró el vidente de muy buena formas.

Celestino o no, la casa no será lo mismo sin el dúo Adara y Joao. Han sido el descubrimiento de este reality, los zipi y zape de esta edición que nos han hecho llorar de pena y risa por igual. Los dos se han abierto en canal y vivido Gran Hermano a mil por hora, sin tapujos ni cortes. Por eso su despedida fue un drama griego que nos dejó a todos llorando en el sofá de casa. “Joao es una persona mágica, súper especial, me ha robado el corazón completamente, de verdad, me siento tan afortunada de haberte conocido, expresó la concursante salvada sin parar de llorar a mares. Él tampoco se quedó atrás en palabras ¡y lágrimas! “Gracias Adara porque me has dado vida”.

Vida es la que han dado ellos. La juventud de ella que salta por las camas y grita de alegría por las esquinas ha sido en parte el motor de Joao en la casa. Aunque, seamos sinceros, él es un niño en un cuerpo de adulto que vive la vida como si los años no hubiesen pasado con él. Se han prometido una amistad eterna, y ser amiguis forever and ever pero por encima de todo eso, han dado una lección brillante a todos: hablando se entiende la vasca. Entraron como enemigos y eternos rivales, pues él salía con el que fue su novio, todo apuntaba a que vivirían una batalla campal de celos y acusaciones. Sin embargo, convirtieron sus miedos, dudas y sentimientos negativos en lo que hemos visto por televisión, una relación pura, libre y sincera por la que siempre recordaremos esta edición. Bueno eso y el desternillante confesionario de ambos disimulando sus conversaciones calientes sobre Gianmarco. La frase de ‘¿y dónde está Jorge Javier?’ pasará a los anales de la historia de Gran Hermano. Gracias a los dos.

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