Gerard Butler, un actor estancado en el cine de acción sin más remedio

Valeria Martínez
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Cuando Gerard Butler obtuvo su primer trabajo como actor ya tenía 27 años. Entraba tarde en el juego, mucho más tarde que la mayoría de sus colegas de profesión. Sin embargo ya no tenía nada que perder, había abandonado su carrera como abogado a una semana de graduarse y había conseguido salir adelante tras caer en una espiral autodestructiva por culpa del alcohol. Ser famoso y actor había sido su sueño desde pequeño y finalmente lo consiguió.

Sin embargo, las malas elecciones, un acento escocés que no sabe dominar y una buena dosis de mala suerte lo llevaron por un camino de muchas curvas con un puñado más de fracasos que éxitos a sus espaldas. Hoy, a sus 51 años recién cumplidos, su rol como héroe de acción predomina en su filmografía estancado en un papel repetitivo a raíz de la saga Objetivo.

Gerard Butler en 'Objetivo: Washington D.C.' (©Simon Varsano, cortesía de Vértice)
Gerard Butler en 'Objetivo: Washington D.C.' (©Simon Varsano, cortesía de Vértice)

Tras la muerte de su padre cuando tenía 22 años, Gerard perdió todo sentido de la vida. Durante años acalló el dolor a base de alcohol siendo arrestado en California o viviendo situaciones insólitas como despertar ensangrentado en las calles de París y no recordar lo sucedido (Independent). Su problema con el alcohol era tan grave que fue despedido de la firma de abogados donde trabajaba como becario a una semana de graduarse. Un buen día despertó, se miró al espejo y no se reconoció. Fue a un bar, pidió una cerveza y tras darle un sorbo la vomitó y nunca más volvió a probar alcohol. Y así comenzó una vida nueva, soñando con ser famoso. Siempre había sentido el gusanillo de la actuación desde que viera Grease y Tiburón siendo un niño y fue precisamente ese entusiasmo lo que hizo que directores teatrales vieran en él la pasión necesaria para colocarlo en obras tan intensas como Coriolanus y Trainspotting (interpretaba el papel de Ewan McGregor). Poco tiempo después, al cumplir los 30, puso rumbo a Hollywood donde le dieron papeles varios como el mismísimo Drácula o de compañero de Angelina Jolie en Lara Croft Tomb Raider: la cuna de la vida. Si hasta fue el Fantasma de la Ópera en la adaptación del musical dirigida por Joel Schumacher cuando no había cantado en su vida (y se nota, pobre).

Pero a veces un actor hace una película que tiene éxito sin ser consciente de la herencia eterna que tendrá a lo largo de toda su carrera. A Leonardo DiCaprio le pasó con Titanic, haciendo su misión profesional sacudirse los papeles de héroe romántico de encima. Lo consiguió a base de talento y de codearse con los mejores cineastas de la industria. O Liam Neeson, que cuando se acercaba a los 60 tuvo una segunda vida cinematográfica como héroe de acción veterano gracias a Venganza. Pero Gerard no tuvo la misma suerte. Él heredó el fenómeno de 300, con sus pectorales maquillados y gritos de guerra, marcando un camino de héroes de acción rudos o intentos de comedia romántica teñidos por la sombra de la misoginia, como fueron La cruda realidad, donde interpretaba a un presentador de televisión machista, o Ex posados, con un personaje que secuestraba a mujeres. Y en ambos casos se suponía que era gracioso. El resultado fue el varapalo tremendo de la crítica.

Y no es que no haya intentado quitarse de encima los papeles cliché de tipo duro con sonrisa pícara y frases de pocas palabras. En su filmografía podemos encontrar intentos varios con películas como Mi querido Frankie, Posdata: te quiero, Coriolanus, Su majestad Mrs. Brown o Rocknrolla, pero el rol de tipo rudo le persigue. Lo repitió tanto que ahí se quedó estancado. ¿Quieren ejemplos? Un ciudadano ejemplar, Gamer, Machine Gun Preacher, Persiguiendo Mavericks, Keepers. El misterio del faro, Juego de ladrones, Hunter killer y las tres entregas de la saga Objetivo que acaba de anunciar el desarrollo de una cuarta. Incluso intentó volver a la moda de las togas con el estrepitoso fracaso de Dioses de Egipto. Básicamente su mayor éxito más allá de la saga Objetivo es la trilogía animada de Cómo entrenar a tu dragón.

En resumen, veinte años después de su primer papel protagonista en Hollywood con la terrible Dracula 2001, y tras haber intentado otros géneros, Gerard sigue estancado en el papel del héroe de acción de frases cortas, escenas imposibles y explosiones por doquier. Su mayor problema ahora es que no solo se ha quedado estancado en el mismo tipo de personaje, sino que corre el riesgo de encasillarse directa y únicamente como Mike Banning.

La conocida saga Fallen hasta ahora nos trajo Objetivo: La Casa Blanca (2013), Objetivo: Londres (2016) y Objetivo: Washington D.C. (2019). Todas muy parecidas, con tramas de patriotismo extremo, peleas coreografiadas, muchos disparos y más explosiones. Y si bien todas ellas fueron recibidas con críticas tibias o más bien negativas (sobre todo en el caso de la segunda), todas convencieron al público. Y prueba de ello son los 436€/$523 millones cosechadas en la taquilla global entre las tres cuando la inversión total del estudio fue de 141€/$170 millones.

Con esta saga ha sucedido algo parecido a lo que pasó con Venganza. Liam Neeson hizo una película de bajo presupuesto con Luc Besson sin imaginarse que daría pie a una saga de tres entregas con serie incluida y relanzaría su carrera con un puñado de películas de temática similar. Eso mismo está pasando con Objetivo. No solo hay conversaciones de convertirla en serie sino que Gerard Butler y el director de Objetivo: Washington D.C., Ric Roman Waugh, acaban de obtener luz verde para rodar una cuarta entrega que se titulará Night has fallen.

Gerard Butler en 'Objetivo: Washington D.C.' (©Simon Varsano, cortesía de Vértice)
Gerard Butler en 'Objetivo: Washington D.C.' (©Simon Varsano, cortesía de Vértice)

Ahora, qué más pueden hacerle pasar a Mike Banning nadie lo sabe. Gerard Butler interpreta al agente especial más patriótico del cine, entrenado y entregado al máximo a su labor. El pobre ha sobrevivido a dos ataques terroristas bestiales -uno en la Casa Blanca y otro en Londres- salvando al presidente (Aaron Eckhart) en cada ocasión y después de semejante sacrificio fue culpado de querer asesinar al nuevo presidente (Morgan Freeman) en la tercera parte, huyendo del propio gobierno para demostrar su inocencia. Muy El Fugitivo y Jason Bourne. ¿Cuántos ataques terroristas va a sobrevivir en una vida? ¿Cuántos presidentes salvará de la muerte? Si con la tercera renovaron la idea colocándolo en el punto de mira ¿qué más nos van a contar ahora?

He entrevistado a Gerard varias veces y siempre me ha parecido un tipo muy agradable. De esos que no te lo ponen tan difícil a la hora de lanzarle alguna pregunta de tono personal, ni te mira con cara de pocos amigos cuando lo intentas. La primera vez que lo entrevisté fue por 300 en Londres. Yo llegaba al hotel fascinada con la adaptación de Zack Snyder tras haberme quedado enloquecida con la novela gráfica, y me llevaba una grata sorpresa al toparme con un tipo normal, al que no se le había subido el frenesí del reconocimiento a la cabeza, y que incluso mostraba un poco de vergüenza a esto de los encuentros con la prensa mientras respondía preguntas sobre sus abdominales, su pasado y su recién descubierta fama. Más tarde tuve el placer de toparme con él en un buen puñado de junkets más, ya más relajado incluso con la prensa. La última vez que lo vi fue por Geostorm y creo que fue la entrevista que más distendido lo vi de todas. Honesto, sin pelos en la lengua pero con las mismas ganas de comerse el mundo que la primera vez que lo conocí.

Pero por muy buen tipo que parezca, Gerard es de los actores en activo que peores críticas suele recibir por sus películas. Una racha que él culpa a sí mismo, en algunos casos, y a otros en otros casos. En 2013 contaba a Independent que intenta leer únicamente las “críticas buenas” y así pretende que todas son iguales. De las malas que llega a leer se queda con aquellas que son constructivas y le sirven para aprender.

Su película más reciente, Greenland, el último refugio rompió la mala racha obteniendo criticas más positivas a las que suele recibir, pero la mala suerte de estrenarla en plena crisis sanitaria hizo que pocos espectadores vieran su intento en el cine catástrofe (apenas ha recaudado 30€/$37 millones cuando costó 29€/$35 millones en hacerse).

Quizás la culpa la tenga la falta de un buen consejo en el momento adecuado. O la falta de experiencia a la hora de escoger proyectos o el hambre de ascenso rápido por haber llegado tarde a una industria en donde los actores de su misma edad que habían alcanzado el rol de protagonista ya estaban asentados. Quizás le ayudaría renovarse con algún director de esos que saben reconstruir carreras, como Quentin Tarantino o Martin Scorsese. Pero a sus 51 años parece que Gerard ya no se molesta. Ahí sigue con varios proyectos en desarrollo, una comedia dirigida por Jamie Foxx, una cinta de ciencia ficción y, atención, cinco películas de acción (incluyendo Night has fallen). En resumen, el thriller de acción le persigue y él parece haber sucumbido al acecho sin más remedio.

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