George Sanders, el actor que se quitó la vida en un hotel de Castelldefels porque "estaba aburrido"

Para el público, George Sanders siempre será aquel hombre de la voz profunda, el prototipo del galán británico, el dandi cínico, villano de cine como pocos y uno de los primeros Simon Templar, el héroe de las primeras películas de El Santo (mucho antes que Roger Moore o Val Kilmer). Su vida estuvo repleta de altibajos, de éxitos y fracasos, de pérdidas millonarias, de matrimonios polémicos (con dos hermanas), pero también de una acechante depresión.

Su existencia tuvo muchos capítulos pero él decidió terminarla suicidándose en el Gran Hotel Rey Don Jaime de Castelldefels en 1972 porque “estaba aburrido”.

George Sanders en 'Enviado especial'

Estoy aburrido” es exactamente lo que decía su nota de despedida.Querido mundo, me marcho porque estoy aburrido. Siento que he vivido suficiente. Te dejo con tus preocupaciones en este dulce pozo negro. Buena suerte” rezaba una de las tres notas que dejó después de tragarse cinco frascos de Nembutal, el mismo barbitúrico que una década atrás acababa con la vida de Marilyn Monroe. Tenía 65 años y de esta manera de despidió de la sombra de la depresión que lo llevó a visitar a siete psiquiatras diferentes a lo largo de su vida.

George Sanders era un hombre de pocos amigos con una vida acechada por la idea de la muerte. Según escribió su amigo David Niven en su biografía de 1975, ya en 1937 y con tan solo 30 años, Sanders le confesó que pensaba quitarse la vida cuando cumpliera 65 años con una sobredosis de barbitúricos. Y cumplió.

Su existencia fue tan tortuosa como la que plasmaba en muchos de sus personajes. Nacido en San Petersburgo en 1906, pasó las primeras décadas de su vida viviendo facetas muy diferentes de sí mismo. Su familia se trasladó a Londres cuando tenía 11 años tras la Revolución Rusa y tras pasar la adolescencia, trabajó investigando el mercado textil, manejó una plantación de tabaco en Argentina en donde se libró a duelo con un hombre. Lo ganó él según la biografía escrita por su amigo Brian Athene. Y recién consideró ser actor al volver a Inglaterra durante la Gran Depresión cuando trabajaba en una agencia de publicidad siguiendo el consejo de una secretaria. Aprendió a cantar y así se ganó un lugar en el universo teatral británico subiendo peldaños a pasos agigantados. Y tras pasar por el West End y Broadway, tocó la puerta a Hollywood.

Fue su voz profunda y elegante y sus andares altaneros los que lograron colocarlo en la mira de los estudios como el héroe perfecto del cine. Debutó allí de la mano de 20th Century Fox en 1936 convirtiéndose en uno de los actores más demandados de la época. Más tarde llegaron las películas de El Santo y su colaboración con Alfred Hitchcock en Rebeca (1940) y Enviado especial (1940). Su filmografía se turnaba en colocarlo en papeles de héroe y villano dado que ambas facetas le salían a la perfección. Su carrera dio el salto que merecía después del éxito de Ambiciosa (1949) y de ser el villano en Sansón y Dalila (1949) de Cecil B. DeMille. Fue como el frío crítico teatral de Eva al desnudo (1950) que ganó su único Óscar a mejor actor de reparto.

Lo suyo fue una vida incansable. Nunca dejó de trabajar. El teatro, el cine y la televisión siguieron llamándole hasta sus últimos días (fue villano en El agente de CIPOL y de la serie de Batman y dio voz a Shere Khan en El libro de la selva de Disney), pero el éxito no se tradujo en una placentera vida financiera. Estaba obsesionado con evadir impuestos y una serie de malas inversiones lo llevaron a declarar la bancarrota en 1966.

Se casó cuatro veces, la segunda vez con la actriz Zsa Zsa Gabor, la belleza húngara fallecida en 2016 a los 99 años. Ella misma lo describió duramente al decir en una de sus frases más recordadas que “los dos estaban enamorados de él. Yo me desenamoré de él, él no” (BBC). El matrimonio duró cinco años (1949-1954), y en 1970 se casaría con la hermana pequeña de ésta, Magda Gabor, aunque la relación apenas duraría 32 días. Y mientras tanto, entre el éxito, el fracaso y los matrimonios, la idea de la muerte lo perseguía en secreto.

En 1967 sufrió tres golpes importantes en su vida. Por un lado la muerte de su hermano, Tom Conway, con quien se había distanciado por culpa del alcoholismo de éste. Poco después el fallecimiento de su madre, y luego el de su tercera esposa, Benita Hume, por cáncer de huesos con quien llevaba ocho años casado. Las pérdidas financieras sumadas a las tragedias continuadas lo llevaron a distanciarse del mundo y aún más cuando comenzó a sufrir demencia, sin poder tocar el piano como le gustaba -y lo destrozó con un hacha-. Tenía tanto miedo a perder su salud o de necesitar ayuda que comenzó a caer más en la depresión y los pensamientos suicidas se acumulaban. Ninguno de los siete psiquiatras que vio a lo largo de su vida logró cambiar su destino.

Fue un 23 de abril de 1972 cuando se alojó en el hotel de Castelldefels, quitándose la vida dos días más tarde dejando aquella nota explicando que “estaba aburrido”. Pero, en realidad, George Sanders estaba deprimido. Sus fracasos matrimoniales y las muertes cercanas le afectaron profundamente, comenzaba a lidiar con los primeros signos de demencia y había sufrido un derrame cerebral. Además, estaba dolido tras haber vendido su preciada casa en Mallorca (su novia lo convenció y él luego se arrepintió). Él solía definirse como un hombre horrible, pero sus amigos dijeron que era “ingenioso y temperamental. Sin dudas, fue un actor talentoso que dejó un legado extenso de algunos de los villanos y héroes más recordados de la pequeña y gran pantalla, pero sobre todo un superviviente acechado por las tragedias.

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Fuentes: Wikipedia, A Dreadful Man: A Personal Intimate Book About George Sanders, Britannica

Fuente de la imagen: Dominio Público; imagen del tráiler de Enviado especial,