Obligado a amputarse la pierna para seguir su carrera como jugador de baloncesto en silla de ruedas

Luis Tejo
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Los jugadores británicos de baloncesto en silla de ruedas George Bates y Terence Bywater se felicitan tras ganar la medalla de oro en el Mundial de 2018.
George Bates (número 8) celebra con un compañero la victoria en el Mundial de 2018. Foto: Moto Yoshimura/Getty Images.

“Parece ser que tengo el tipo incorrecto de discapacidad”. Es la explicación que encuentra el británico George Bates a la noticia que ha recibido, que compromete tanto su carrera deportiva como su propia integridad física. Porque a Bates le están diciendo, literalmente, que si quiere seguir compitiendo debe cortarse una pierna.

George, escocés de 26 años, se dedica al baloncesto en silla de ruedas. Y es uno de los mejores; no en vano formó parte de la selección nacional que se proclamó campeona en el Mundial de 2018, el último disputado hasta ahora, e incluso fue el máximo anotador en la final que su país ganó al todopoderoso Estados Unidos. También fue miembro de la plantilla ganadora del Europeo de 2019, derrotando a España en la final. En cuanto a clubes, la última temporada (hasta la suspensión por el coronavirus) la ha disputado en el Mideba Extremadura de Badajoz, que ha quedado 7º en la liga española.

La discapacidad que le llevó al deporte paralímpico se debe a que padece el síndrome de dolor regional complejo (SDRC), también conocido como algodistrofia; se trata de una enfermedad que le causa una molestia constante y persistente en su pierna, además de movilidad reducida y deterioro muscular. La causa de la dolencia es un accidente que sufrió a los 11 años mientras jugaba al fútbol.

En el deporte paralímpico los participantes reciben una clasificación en función de la gravedad de la discapacidad que sufren, siendo 1.0 el grado más severo y 4.5 el más leve. Esto se hace para intentar reducir lo máximo posible las diferencias y establecer varias categorías de forma que unos participantes no tengan demasiada ventaja sobre otros (y para evitar trampas, que alguna que otra vez ha ocurrido). El SDRC, según los baremos establecidos, se considera precisamente del tipo 4.5.

Hasta hace poco, esto no le suponía un gran problema a Bates para seguir jugando al baloncesto, porque no hay restricción al grado de discapacidad individual de cada deportista mientras que la suma de los cinco jugadores en cancha no supere 14 puntos. El problema es que la Federación Internacional de Baloncesto en Silla de Ruedas (IWBF, por sus siglas en inglés) no aplicaba los mismos criterios de clasificación que el Comité Paralímpico Internacional (CPI). Esta discrepancia ha llevado a que, tras varios años de advertencias, el CPI se haya puesto serio y haya amenazado a la IWBF con expulsar a su deporte de los Juegos Paralímpicos si no lo resolvían.

En concreto, la situación afecta a deportistas de categorías 4.0 y 4.5, que deben ser “reclasificados” para ver si, una vez aplicadas las normas del CPI, siguen cumpliendo los requisitos para poder participar. En resumen, existe un listado de “deficiencias aceptadas” que excluye expresamente a las demás, aunque también afecten a la movilidad del competidor. Muchos baloncestistas no están teniendo problema alguno para entrar en los nuevos criterios, pero el SDRC de Bates ya no se considera válido, puesto que “solamente” le causa dolores. Eso es lo que le comunicaron al jugador hace apenas un par de días, “tras seis meses de espera”, según publicó ayer en su cuenta de Instagram.

El CPI no va a ceder ni un milímetro; alega que el código lleva implantado desde 2015, con el respaldo de los más de 200 comités paralímpicos de cada país, y que el baloncesto ha tenido tiempo para adaptarse; en palabras del presidente Andrew Parsons, “aunque sea el deporte más popular, no está por encima de las reglas”. La IWBF se mostró en contra pero no le ha quedado más remedio que aceptarlo.

¿Qué puede hacer Bates para poder seguir dedicándose al baloncesto? La solución que le han ofrecido los médicos es cortarse la pierna afectada. La falta de un miembro sí que sería un motivo más que válido para considerarse paralímpico a todos los efectos, porque no se consideraría un problema de salud, sino una condición física que, por ejemplo, afectaría a su estabilidad a la hora de desplazarse con la silla.

Y Bates se lo está pensando. De hecho, al poco tiempo de sufrir la lesión también se lo propusieron, como forma definitiva de acabar con sus dolores, pero no lo hizo con la esperanza de encontrar una curación que nunca llegó. Aparte del daño físico, el síndrome que sufre le causó durante su adolescencia “problemas prolongados de salud mental que me llevaron incluso a considerar si merecía la pena seguir viviendo”.

“Ahora con la decisión del CPI tengo que replantearme esta opción descorazonadora. Pero es un tanto irónico que el Comité, que basa su marca en la inclusión y la igualdad, discrimine deliberadamente a atletas que no cumplen con su visión tan estrecha de lo que realmente significa ser discapacitado”, protesta.

El CPI, por su parte, ha mostrado su “simpatía” por el caso particular de Bates, pero insiste en que las reglas y los códigos son iguales para todos y que no se puede hacer excepciones para casos particulares. Así pues, George tendrá que elegir entre conservar sus dos piernas (por mucho que le duela una de ellas) o poder seguir en la selección de Gran Bretaña. Eso, claro, si no prosperan las acciones judiciales que asegura que va a emprender.

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