La nueva generación de artesanos españoles que conquista al lujo

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Photo credit: Santiago Belizón
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«Antes de aprender a leer, ya sabía coser», dice Aitor Saraiba mientras acierta puntadas en una tela sin mirarla siquiera. No lo necesita. «Es como los adolescentes, que escriben en WhatsApp sin ver la pantalla. El bordado lo tengo tan interiorizado como respirar». Empezó a hacerlo de pequeño en Talavera de la Reina, donde veía a su madre salir a coser a la calle junto a sus vecinas. «Allí no había museos y la cultura que conocía era la popular, la de esas mujeres», comenta. Del recuerdo de su infancia en Badajoz le viene también el arte de la manufactura a Javier Sánchez Medina, uno de los artesanos patrios más reconocidos por sus cabezas de animales de cestería que trenza en su taller de Malasaña. «Mi abuelo siempre estaba en el patio de casa haciendo bases de sillas de enea o trenzando esparto. Fue jugando a su alrededor, viéndolo crear, como aprendí a trabajar la fibra natural».

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Medina y Saraiba son cabecillas de una nueva oleada que toma el relevo de los oficios artesanales. «Lo más contracultural que puedes hacer hoy es ser artesano. Hacer lo que hago es casi un posicionamiento político, es mi forma de estar en el mundo», explica Aitor. Está bordando palabras en una de sus nuevas piezas, sobre retales de algodón recuperados que tiñe a mano con alimentos como la cáscara de nuez o el té. También reciclados son los elementos con los que Inés Prat teje sus tapices contemporáneos. Barcelonesa de 31 años afincada en A Coruña, estudió en una escuela textil hasta dar con un telar manual de los años 70: «Fue empezar a hacer nudos y sentir una conexión muy fuerte, pues mi manera de tejer no dista mucho de la forma en la que lo hacían en la antigüedad», relata.

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Marta de Miguel es la fundadora de Ard Artisans, un proyecto mediante el que da visibilidad al trabajo alfarero de las mujeres del Rif marroquí. Era abogada, pero tras 15 años en NuevaYork cambió de rumbo y terminó en Rabat. Allí, en el zoco, encontró algunas piezas de esta región y se interesó por ellas hasta dar con Aïsha, la alfarera de una familia rifeña. «Antes cada familia tenía una ceramista para crear vajilla y utensilios, pero cuando apareció el plástico esto se perdió. Necesitaba que el mundo conociese su historia», cuenta. Pronto empezó a comercializar sus vasijas de barro y a promover talleres inmersivos en los que conocer de cerca las técnicas ancestrales de estas artesanas. "Su trabajo es manual y natural al 100%. Sacan barro de una montaña, lo moldean con agua, lo pintan con pigmentos naturales, lo secan al sol del verano y lo queman con combustible natural. Es un trabajo muy duro».

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También a raíz de una ruptura vital nació We Are Knitters, la empresa que ha puesto a hacer punto a toda una generación. Pepita Marín y Alberto Bravo traba- jaban como consultores financieros y lo dejaron todo al ver en el metro de Nueva York a una chica joven tejiendo. «Empezamos nosotros y vimos una oportunidad de mercado. Dimitimos y nos lanzamos a la piscina», relata Marín. De eso hace ya una década, y ahora pueden presumir de ser una compañía asentada de reconocimiento internacional. «Antes el punto se veía como algo antiguo. Pensabas en abuelas y en patucos de bebé. Pero ahora las cosas han cambiado. Los jóvenes están mucho más concienciados», añade Bravo. No son artesanos, pero sí los crean a través de sus patrones sencillos, sus kits de costura y su imagen atractiva, fundamental para ganarse al nuevo público. A las futuras manos de la artesanía, concretamente.

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Grandes Alianzas

Esta generación de artesanos modernos tiene encima la atenta mirada del lujo. Firmas como Loewe encuentran en estos creadores los mejores colaboradores para contar una historia más en sus propuestas. Sánchez Medina, por ejemplo, fichó por la casa española el año pasado para crear piezas de esparto. Además, acaba de volver de la feria de artesanía Homo Faber en Venecia, donde fue seleccionado como uno de los exclusivos invitados de esta edición, y prepara el lanzamiento junto a Zara de una colección textil de hombre. «Por contrato exigí que todo fuera hecho artesanalmente en España y Portugal, y contar la historia de esos artesanos, y lo han seguido a rajatabla», concede. De Miguel vivió una experiencia similar en el desfile Crucero 2020 de Dior en Marruecos. La productora Bureau Betak contactó con ella para decorar el espacio con vasijas rifeñas, y Maria Grazia Chiuri, directora creativa, viajó personalmente a conocer a la familia de Aïsha: «Se nota que lo suyo por la artesanía es una pasión personal y verdadera», dice. Pepita y Alberto encuentran en este interés del lujo la mejor de las plataformas: «Mira a Miu Miu el invierno pasado con sus looks de punto y croché, poniendo la artesanía en el centro de su colección. ¡Es maravilloso!». Prat, mientras recoge sus tapices y los empaqueta para volver a Galicia, termina: «Es una unión inevitable. El diseño y la artesanía son disciplinas que se complementan. Entre los dos se crean piezas contemporáneas únicas hechas con un saber hacer manual y tradicional, y eso tiene un valor incalculable».

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