Gareth Bale y el espejismo de cada verano

Geoff Burke-USA TODAY Sports

El Real Madrid empató ante el Arsenal en la International Champions Cup y Gareth Bale, que esta vez sí se vistió de cortó y disputó los últimos 45 minutos del encuentro, pareció dar un vuelco a su situación en el club. El galés estuvo activo, buscó a sus compañeros, anotó un gol, tuvo un gran remate con el exterior que lamió la escuadra del argentino Martínez e incluso sacó una pelota de gol en la misma línea de gol del Real Madrid.

Tras la polémica que suscitó que no se vistiera ante el Bayern de Múnich, su regreso al grupo y las palabras de Zinedine Zidane en la rueda de prensa posterior al encuentro podrían hacer pensar que su situación en el club había cambiado. Tanto así que en varios foros el día después del encuentro ante los Gunners son muchos los aficionados que apuestan por la continuidad del galés —algo impensado hace apenas 24 horas.

Lo cierto es que Gareth Bale bien podría ser el gran mago de historia del Real Madrid. Pocos jugadores como él han logrado convencer a la afición ofreciendo tan poco. Es cierto que sus números no mienten, que ha marcado en cinco finales y que ha levantado 14 trofeos con los blancos. Pero no es menos cierto que en gran parte de los seis años que el atacante ha pasado en el equipo merengue ha estado bastante ausente.


Haya sido por su tendencia a lesionarse, o por sus pocas ganas de ayudar en partidos poco trascendente, Bale siempre se ha comportado como un cuerpo extraño dentro del grupo.

El galés pocas veces se ha involucrado con el club. Ni siquiera ha sido capaz de aprender castellano para así poder atender a la prensa y a la afición, pero es que tampoco suele acudir a las cenas del equipo, y tampoco se tiene noticia de que ningún jugador de la plantilla haya estado invitado a su boda secreta este verano pasado.

Sin embargo, Gareth no tiene más que pegar un par de sprints con su cuerpo de gacela, o meter un par de goles para volver a encandilar a la afición.

Su caso recuerda bastante al de Kaká, que también llegó por un traspaso récord y jamás tuvo continuidad en el equipo. El brasileño no ganó ni la mitad de los títulos que ha ganado el galés, y tampoco fue tan efectivo —Bale ha anotado 102 goles en su carrera como jugador merengue—, pero también solía ilusionar a la afición en cuanto enganchaba un par de buenos partidos o dejaba algún detalle de su inmensa calidad. Tantas oportunidades se le dieron que cuando finalmente dejó el Real Madrid lo hizo volviendo al AC Milan sin que los rossoneri pagaran traspaso alguno.

MIGUEL RIOPA/AFP/Getty Images

Bale se encuentra ahora en un posición similar. Su partido ante el Arsenal es el espejismo de cada verano. Ese momento en el que el galés nos recuerda el talento que atesora, la cantidad de cosas que podría aportar al Real Madrid si tuviera la dedicación y el compromiso que un profesional de su talla debe demostrar. Ese esfuerzo que lleva entregando con cuentagotas —pero casi parece que de manera estratégica cuando más cerca suele ver una posible salida del club— es lo que hace que la afición y la directiva renueven su confianza en el extremo. A pesar de que todos sepan como va a acabar esta historia.

Ya la temporada pasada el Real Madrid perdió la oportunidad perfecta para hacer caja con su traspaso, justo después de que marcara un gol antológico para darle al Real Madrid su decimotercera Copa de Europa. En aquel momento el club merengue decidió mantener al galés como gran estrella del equipo (tras la huida de Cristiano Ronaldo). Meses después, cuando volvió a desvanecerse el espejismo, era evidente que la directiva se había equivocado y que Bale debería ser traspasado este verano.

Ahora han bastado 45 minutos bastante dignos para que ese plan vuelva a saltar por los aires. Es una nueva ilusión óptica, otro espejismo, el oasis de cada año en desierto que es el rendimiento de Gareth Bale en el Real Madrid.

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