Gabrielle Union relata el drama de su maternidad con vientre de alquiler

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Muchas celebridades, tanto nacionales como internacionales, han apostado por la gestación subrogada para tener un hijo. Kim Kardashian, Amber Heard, Kiko Hernández, Tamara Gorro, Jaime Cantizano, Cristiano Ronaldo, Miguel Poveda son algunos de ellos. Normalmente todos hablan de lo bella que ha sido la experiencia, de los nervios durante la llegada. Otros, como Quique Peinado ‘Torito’, optaron por criticar a programas de su propio grupo, Mediaset, porque no le gustaba el enfoque que se daba a este tipo de alumbramientos. Pero hasta ahora nadie se había abierto en canal con la misma sinceridad que la actriz Gabrielle Union ha mostrado en un artículo de la revista Time, reconociendo que tras su gestación subrogada se esconde una dura verdad.

Una historia que cree que necesita hacer pública, ahora que ha aprendido a “ser honesta y cariñosa al mismo tiempo”.

Gabrielle Union en los 2021 Billboard Music Awards (Photo by Rich Fury/Getty Images for dcp)
Gabrielle Union en los 2021 Billboard Music Awards (Photo by Rich Fury/Getty Images for dcp)

La actriz de 48 años, conocida por sus trabajos en Dos policías rebeldes II o la serie L.A.'s Finest: policías de Los Ángeles (disponible en Netflix), cuenta que fue diagnosticada con adenomiosis, un problema que se produce cuando el tejido que normalmente recubre el útero se desarrolla en la pared muscular. Para solucionarlo, muchas mujeres acceden a la histerectomía o extracción del útero, lo que le impide ser madre por métodos tradicionales.

Hasta entonces, Gabrielle Union había sufrido cerca de diez abortos espontáneos, y fue su propio médico quien en 2016 le recomendó optar por la subrogación para tener un niño sano. Sin embargo, no era lo que esperaba oír. No estaba preparada para dar ese paso puesto que ansiaba vivir la experiencia de estar embarazada, de sentir al bebé creciendo, moviéndose, dentro suyo.Quería la experiencia […] Ver mi cuerpo expandirse y cambiar para acomodar este milagro” confiesa en su ensayo. Y con tal de conseguir ese sueño incluso tomó un medicamento muy fuerte llamado Lupron que aumentaría sus posibilidades de dar a luz en un 30%, pero con graves efectos secundarios como sufrir menopausia precoz y debilitamiento óseo.

Pero su esposo, el exjugador de baloncesto Dwyane Wade, le dijo que ya había hecho suficiente, y que seguir poniendo en riesgo su salud iría en contra de la relación. “Hemos perdido demasiado en nuestra relación para sentirme bien apoyando que hagas otra cosa más a tu cuerpo y tu alma” le dijo su marido, y fue entonces cuando aceptó la alternativa recomendada de optar por un vientre de alquiler.

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No obstante, la experiencia de la gestación subrogada llenó a Gabrielle de dudas y miedos, viviendo consecuencias negativas a lo largo del embarazo. Por ejemplo, reconoce que al conocer que Natalie (la gestante) estaba embarazada y ver su vientre en una cita médica al final del primer trimestre sintió que estaba viendo “una manifestación visual de mi fracaso”. Intentó ser fuerte y mostrarse feliz, pero en realidad, se sentía “inútil”.

La actriz insiste en el dolor que sufre una mujer que vive la incapacidad de lograr un embarazo durante este tipo de experiencia, relatando cómo tuvo que ahogar el llanto cuando su esposo la cogió de la mano feliz mientras asistían a la ecografía que reveló el sexo del bebé. Gabrielle no podía olvidar todos los abortos espontáneos que había sufrido y ese monitor le hizo ver cuántos bebés no había tenido. Todo lo que había sufrido hasta llegar allí. Su miedo era tal que ni siquiera se atrevía a decir a sus amigos que iban a ser padres; el recuerdo de tantos abortos le atormentaba. Dwyane, que ya tenía tres hijos de otras relaciones, sí desprendía confianza e ilusión.

La niña, Kaavia James, nació finalmente en noviembre de 2018, unas semanas antes de lo previsto y tras más de 38 horas de parto; a la madre gestante hubo que hacerle una cesárea de emergencia porque la pequeña venía con el cordón umbilical enrollado al cuello.

Pero con la llegada, Gabrielle sintió todo tipo de emociones: desde “alivio, ansiedad, terror, alegría, resentimiento, incredulidad, gratitud ... y también, desconexión”, dándose cuenta que quería vivir ese momento entre todos. Con su esposo, la niña, Natalie y el marido de esta, descubriendo que todos ellos habían formado parte de la creación.

El tiempo pasó y la experiencia se convirtió en el mayor regalo de su vida. Así lo describió en su libro publicado en 2019, We're going to need more wine: "Ella nos trae toda la alegría que podríamos haber imaginado, pero con una capa extra. Ella representa sueños cumplidos [...] Es la encarnación viviente de no darse por vencido. Nunca pensé que esta pequeña niña pudiera representar tanto".

Para la actriz, narrar esta historia era importante porque cree en la necesidad de decir las verdades que vive, compartiendo con el mundo que su maternidad no ha sido un camino de rosas. Que incluso en el momento de algo tan hermoso como la próxima llegada de un bebé una madre por gestación subrogada se puede convertir en su peor enemiga.

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