Gabriel Byrne recuerda con rencor los abusos que sufrió de niño con sacerdotes católicos

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Con más de 70 películas a sus espaldas, Gabriel Byrne es uno de los rostros más habituales de la gran pantalla pero también de los actores más reservados del mundo del cine. Alejado de los focos en una granja de Maine (EEUU) con su esposa y pequeña de 3 años, este irlandés que juega entre el thriller, el drama y el terror con una naturalidad pasmosa, también es productor, director, guionista y superviviente de abusos sexuales por parte de sacerdotes de la Iglesia Católica. Así lo reveló hace una década en una entrevista, y ahora lo menciona de nuevo en su biografía recordando a los hombres del mundo que “no existe vergüenza en contar lo sucedido”.

Gabriel Byrne (AP Photo; Charles Sykes; Gtres)
Gabriel Byrne (AP Photo; Charles Sykes; Gtres)

Byrne creció en una familia católica devota a las afueras de Dublín, pasó cinco años en el seminario para ordenarse como sacerdote y más tarde estudió arqueología e historia, ganándose la vida como arqueólogo y profesor de historia española antes de lanzarse de lleno a la interpretación a los 29 años. Ahora, cuando ha cumplido los 70 el pasado mes de mayo, vuelca toda su vida en un libro autobiográfico titulado Walking with ghosts.

Y según una entrevista concedida a The Guardian, el actor utiliza las páginas para plasmar un ajuste de cuentas con la Iglesia católica, explicando por qué nunca podrá perdonar a la institución que dominó su infancia y, por ende, el resto de su vida. Byrne sufrió abusos sexuales en manos de sacerdotes desde los 8 años en la congregación de los Hermanos Cristianos, y más tarde a los 11 de nuevo en el seminario. En el año 2010 compartía con el mundo que los abusos lo dejaron “profundamente herido”, cayendo más tarde en el alcoholismo y la depresión. Lo contó en el programa irlandés The meaning of life (vía The Guardian). "Desafortunadamente, experimenté abusos sexuales", dijo hace 10 años. "Era un hecho conocido y admitido entre nosotros que existía este hombre en particular, y no querías que te dejaran solo con él". "Me tomó muchos años aceptarlo y perdonar esos incidentes que sentí que me habían herido profundamente".

Luego, a los 11 años, sufrió abusos por parte de otro sacerdote en el seminario inglés. "No se prolongó durante un largo período, pero sucedió en un momento que estaba muy, muy vulnerable", recordó Byrne quien añadía que en aquel entonces no creía que los abusos le habían afectado gravemente, sino que se dio cuenta más tarde. Cuatro años y medio más tarde abandonó el seminario después de ver a dos chicas en minifalda en un bar londinense. La atracción que descubrió hacia las mujeres fue decisiva para cambiar de rumbo.

El aliento del sacerdote era amargo y caliente a medida que se acercaba hacía mí. Y luego todo se puso negro” escribe en su biografía, según The Guardian. Byrne añade que recuerda cada incidente vivido pero que los enterró dentro suyo durante mucho tiempo, hasta que decidió sacarlos a la luz porque “quizás, dejarían de tener poder sobre él”.

Byrne cuenta que hace unos años encontró una foto del mismo sacerdote en internet con su brazo alrededor de dos jóvenes de 14 años. Y no hace mucho tiempo lo llamó. “Tanto tiempo después y me quedé en shock de que su voz fuera tan seductora”. Byrne le preguntó si lo recordaba, le dijo que no, y ahí terminó la historia. El sacerdote murió tiempo después.

A pesar de haberse sentido aliviado y horrorizado al conocer que no fue el único niño que sufrió abusos por parte de sacerdotes católicos en Irlanda, le sorprende ver que se ha hecho muy poco al respecto. “Existe una especie de aceptación tácita de la idea de que el sexo contra las niñas es el asalto real. La violación de las mujeres es lo que debe prestarse atención. Existe vergüenza en que los hombres hablen. La sensación de que si abusaron de ti, fue tu propia culpa. Se supone que los hombres no deben hablar de sus sentimientos. Los hombres tienen que ser fuertes y los hombres no lloran" sentencia.

Para él, su rabia no recae en los sacerdotes sino que en sus palabas se denota el rencor que todavía siente por la propia Iglesia. “Se supone que es una iglesia de amor pero se lo niegan a sus sacerdotes. Resulta incomprensible que le digas a un hombre o mujer: ‘No puedes tener pareja. No puedes enamorarte de nadie’”. Para él, la Iglesia “es una corporación y el CEO no puede cambiarla”, refiriéndose al Papa Francisco quien, en su parecer, “no ha hecho nada para dirigirse al problema real de abuso sexual de menores, o el papel de las mujeres, el divorcio o la métodos anticonceptivos”.

A lo largo de su entrevista con The Guardian se puede entrever la rabia que aún guarda y el pesimismo que lo caracteriza. Parece sentir repulsión por Hollywood señalando que “el aceite que mueve la fábrica es porquería”, y añadiendo que nunca se dejó encandilar por las luces de esa industria. “Es un lugar ridículo para querer ser aceptado en él. Es como ir a una ferretería y buscar una pizza”.

Tras 23 años de sobriedad, y con películas como Excalibur (1981) o Sospechosos habituales (1995) a sus espaldas, Gabriel Byrne está convencido de la gran influencia que tiene el cine sobre el mundo.No es solo un escape y no es solo entretenimiento, está influenciando cómo ves el mundo”. Y para evitar sentirse culpable solo acepta proyectos que, para él, tienen algo importante que decir. Como El amor es más fuerte que las bombas (2016), un drama poderoso sobre el dolor de la perdida de un ser querido; o Hereditary (2018) sobre la negación, salud mental y secretos familiares. “Hollywood no está interesado en hacer declaraciones artísticas o necesariamente entretenidas. Está interesado en hacer dinero. Es su primer y único propósito. No tiene conciencia”.

Actualmente acaba de terminar de grabar la segunda temporada de La guerra de los mundos.

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