Frialdad emocional: Cercanías que crean distancias

“No hay nada más duro que la suavidad de la indiferencia” - Juan Montalvo [Foto: Getty]

En la Antigua Grecia, cada año durante los meses de enero y febrero, la asamblea se reunía y votaba si era necesario desterrar a algún ciudadano. Si era así, volvían a realizar una votación pública en la que cada ciudadano que quisiera votar inscribía sobre un fragmento de cerámica o una concha de ostra el nombre de la persona que debía ser desterrada para contribuir al orden público.

El condenado al ostrakismós debía abandonar la ciudad en un plazo de 10 días y no podía volver antes de los diez años. En algunos casos, esa exclusión equivalía a una condena a muerte porque las personas no podían sobrevivir fuera de la ciudad. Muchos siglos han pasado desde entonces, pero el ostracismo sigue estando presente en nuestras relaciones interpersonales. Se aplica de una manera mucho más sutil, pero no por ello menos desgarradora ya que implica condenar a la persona a una complicada soledad en compañía envuelta en un manto de frialdad emocional.

Del alejamiento autoprotector a la frialdad emocional: ¿Cómo diferenciarlos?

La frialdad emocional puede convertirse en un mecanismo punitivo. [Foto: Getty]

La frialdad emocional que se utiliza como herramienta de abuso psicológico difiere sustancialmente del alejamiento que tiene como finalidad autoprotegerse. En algunas ocasiones, sobre todo cuando la discusión sube de tono, podemos sentir la necesidad de retirarnos para protegernos. Ese alejamiento puede implicar un distanciamiento emocional, pero no es una estrategia abusiva ni de manipulación. Simplemente comprendemos que no deseamos seguir por ese camino y, como no tenemos otras herramientas para solucionar el conflicto, decidimos apartarnos por un tiempo.

A veces distanciarnos de una persona o guardar silencio es la mejor manera para evitar decir o hacer cosas de las que después tengamos que arrepentirnos. También podemos recurrir al silencio o incluso a la indiferencia cuando no sabemos qué decir o nos sentimos abrumados por las circunstancias.

Sin embargo, en otras ocasiones la indiferencia y el distanciamiento pueden convertirse en una forma de abuso psicológico que tiene como único objetivo castigar o manipular al otro. Cuando la frialdad emocional es la herramienta habitual para “solucionar” los conflictos, se convierte en una estrategia de afrontamiento pasivo-agresiva que causa mucho daño.

En esos casos, el distanciamiento emocional tiene un carácter punitivo que envía un mensaje alto y claro: “no me gusta lo que hiciste y te castigaré por ello”. Se establece una distancia emocional a propósito, jugando con los silencios, la indiferencia e incluso el desprecio, con el objetivo de culpar y excluir al otro hasta que solucione el supuesto problema.

Los principales comportamientos que delatan un abuso emocional son:

  1. Escasa o nula disponibilidad emocional. La persona no muestra ningún tipo de afecto positivo por el otro, no está dispuesta a satisfacer sus necesidades emocionales ni apoyarla, aunque sea evidente que lo necesita.

  2. Marcado desinterés hacia todo lo relacionado con la otra persona. Normalmente la persona se desentiende del otro, haciendo como que no existe. Es probable que incluso evite estar con el otro en la misma habitación y si coinciden, evitará establecer contacto visual.

  3. Profundo negativismo. La persona se sume en un mutismo, usará solo monosílabos y se negará a hablar para poder solucionar el conflicto. También es probable que se niegue a colaborar en diferentes tareas cotidianas, solo para molestar al otro.

Estar cerca, pero más alejados que nunca

Hay soledades acompañadas que dañan más que la distancia. [Getty]

Las distancias emocionales se tejen de diferentes maneras. A veces las personas simplemente se van distanciando porque sus rutinas e intereses difieren cada vez más, hasta el punto de convertirse en completos extraños. Al romperse el vínculo emocional que las unía, sus necesidades afectivas quedan insatisfechas, lo cual genera una profunda sensación de soledad y vacío, aunque estén “acompañadas”.

Otras veces la frialdad emocional se usa con alevosía, como moneda de cambio, para manipular a la otra persona, generar una relación de dependencia y lograr que cumpla ciertas exigencias. Ese tipo de relaciones dejan profundas heridas psicológicas, plantando la idea de que no somos dignos de ser amados, por lo que pueden terminar discapacitándonos emocionalmente, impidiéndonos vivir nuevas relaciones de forma plena y madura.

Cuando somos víctimas de la indiferencia y la frialdad emocional, nuestra necesidad de pertenencia se ve socavada, así como nuestra autoestima y la sensación de control, como comprobó un estudio publicado en la revista Group Processes & Intergroup Relations. Si nuestras necesidades emocionales no solo no son satisfechas, sino que son descartadas como si no contaran ni valieran nada, podemos sentirnos invisibles, inadecuados e insignificantes. Como dijera J. K. Rowling: “A veces, la indiferencia y la frialdad hacen más daño que la aversión declarada”.

La frialdad emocional suele generar frustración debido a la falta de respuesta e implicación del otro, al cual sentiremos cada vez más distante e inaccesible, pero también hará que nos sintamos cada vez más solos e incomprendidos. Si sentimos que no somos amados ni respetados, es probable que perdamos la confianza en nosotros mismos y, como resultado, seremos cada vez más dependientes de la persona que nos está maltratando.

¿Cómo acortar las distancias emocionales?

Todos tenemos derecho a una relación madura en la que nos sintamos apoyados y amados. [Foto: Getty]
  • Busca las razones de la frialdad emocional

Intenta valorar la situación desde una perspectiva objetiva, sin apuntar el dedo acusador contra nadie. Un estudio realizado en la Universidad de Toulouse reveló que las personas suelen recurrir al silencio o el cinismo cuando atraviesan situaciones ambivalentes y creen que no tienen suficiente apoyo. Por tanto, antes de tomar una decisión definitiva, intenta descubrir qué está causando ese distanciamiento. ¿Puede ser un problema para expresarse asertivamente? ¿Una reacción defensiva? ¿O se trata simplemente de maltrato?

  • Expresa tus sentimientos y necesidades asertivamente

No se trata de culpabilizar, sino de expresar lo que sientes para encontrar una solución. Hazle saber a la otra persona cómo te hace sentir esa distancia emocional. También es importante que comprenda que con esa actitud no le dará poder sobre ti y que no puede usar el silencio o la indiferencia para manipularte. Si la persona no era plenamente consciente del daño que te estaba haciendo, intentará cambiar su comportamiento. Si detectas una falta de empatía, es probable que estés lidiando con una personalidad narcisista.

  • Establece límites y toma decisiones

No esperes que la otra persona te lea la mente. Expresa claramente lo que quieres y explica lo que esperas de la relación. Habla sobre tus necesidades insatisfechas y propón soluciones que, desde tu perspectiva, pueden mejorar la relación. Si es necesario, establece límites y deja claro que no puedes estar en una relación en la que te excluyen, ignoran o manipulan. Si no notas cambios, es probable que tengas que decidir si vale la pena seguir invirtiendo en una relación que no te llena ni satisface sino que, al contrario, te hace sentir mal.

Recuerda que todos tenemos necesidades emocionales. Necesitamos amar y ser amados. También necesitamos que validen nuestras emociones y sentimientos. No tenemos que avergonzarnos por ello. Tenemos el derecho a mantener relaciones sanas, maduras y satisfactorias.


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