Fred Kerley lidera la barrida estadounidense en los 100m lisos

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Photo credit: Patrick Smith - Getty Images
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Los 100 metros lisos masculinos se confirmaron en Eugene como una prueba de jerarquía inestable desde la retirada de Usain Bolt, que dijo adiós hace cinco años en Londres derrotado por el crepuscular Justin Gatlin, y ya no estuvo hace tres en Doha, cuando la exhibición de Christian Coleman, sancionado y ausente el año pasado de los Juegos Olímpicos en los que sorprendió el italiano Marcell Jacobs, que desertó de las semifinales afectado por una contractura del abductor del muslo derecho y allanó el camino al triplete estadounidense en Hayward Field, la casa madre del atletismo nacional.

El nuevo jefe del hectómetro es ahora Fred Kerley, un texano de 27 años que no se concede una broma cuando se va a poner en los tacos, y que ya venía discutiendo el favoritismo de Jacobs cuando en los Trials celebrados en el mismo estadio corrió hace tres semanas en 9,76 y 9,77 segundos y en la primera ronda del viernes, sin forzar lo más mínimo, firmó 9,79s. Esa facilidad se disipó en las semifinales del sábado: si siete atletas habían bajado de los 10 segundos en la primera ronda, solo cuatro lo hicieron en la segunda y cuatro en la final.

Con esos precedentes, los 9,86s con los que ganó Kerley resultaron un tanto decepcionantes, como si la pista de Oregon hubiera perdido el sábado su magia anterior. Con 23º C de temperatura, un 66% de humedad, un insignificante viento en contra de -0,1m/s, y la mitad de los ocho finalistas con la camiseta estadounidense, la final resultó más nerviosa y errática que brillante.

Se adelantó Trayvon Bromell, el favorito para el oro olímpico que no se metió en la final en Tokio, y a su derecha le persiguió Kerley hasta darle caza en los últimos cinco metros. Con la mejor salida de los participantes (0,104), en la primera mitad de la carrera mandó el vigente campeón, Christian Coleman, que terminó siendo fiel a su temporada, en la que nunca se ha acercado a su nivel previo al castigo por saltarse tras controles antidopaje, y llegó 6º con 1o,01s, empatado con el 5º, el sudafricano Simbine. Por la calle más exterior, apareció en los últimos 20 metros Marvin Bracy, un cohete de los 60m como Coleman, pero que resistió como nadie para arrebatar la plata a Bromell por dos milésimas.

A falta de grandes registros, la barrida estadounidense resultó apretada. Dos centésimas separaron a Kerley de Bracy y Bromell, ambos con 9,88s. Un éxito estadounidense que no admite relajación: el único finalista nacido en este siglo fue el jamaicano Oblique Seville, 4º con 9,97s.

Por ahora y hasta el año que viene en Budapest, manda Kerley, una extrañeza estadística: hace tres años en el Mundial de Doha ganó el bronce en los 400 metros, pero el parón por la pandemia le animó a reconvertirse en velocista puro y en Tokio se colgó ya la plata en los 100m tras Jacobs. La medalla que le falta la buscará en Eugene en los 200m, una prueba que por fuerza tiene que dársele bien: Kerley es, junto a sus contemporáneos Michael Norman y Wayde Van Niekerk, uno de los únicos tres hombres en bajar de 10s en los 100m, 20s en los 200m y 44s en los 400m.

La fiesta estadounidense de los 100m que cerró la noche y colocó a los locales en cabeza del medallero, un puesto que seguramente no abandonarán, se abrió en el lanzamiento de peso con Chase Ealey, que dominó la final desde el primer intento (20,49m) y mandó sobre la china Lijiao Gong (20,39m) y la neerlandesa Jessica Schilder (19,77m).

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