Hay una frase en 'Intimidad' de Netflix que debería dejar huella entre adolescentes y adultos

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Si hay una serie que no merece convertirse en un fenómeno fugaz de Netflix, esa es Intimidad. Estrenada el pasado 10 de junio, se coló enseguida entre lo más popular del servicio (a la hora de escribir este artículo ocupa la tercera plaza en el ranking), mientras Twitter comienza a llenarse de comentarios y mensajes positivos de quienes la están devorando. Lo digo (o escribo) porque a estas alturas del partido estamos más que acostumbrados a ver cómo una producción aparece entre lo más popular de la plataforma para desaparecer una semana más tarde ante la avalancha constante de estrenos, prácticamente pasando al olvido como si jamás hubiera existido. Pero Intimidad es una serie que deja huella, valiente y original en su apuesta. Una serie que poza una mirada crítica sobre el sexismo machista y la vulnerabilidad social de la mujer ante la violación de la intimidad, pero desde una perspectiva intergeneracional, con el foco distribuido en varias mujeres que aportan las diversas experiencias sobre la misma lacra social.

Al concluir sus ocho capítulos, y vivir todas las emociones y miradas que aporta su temática, tuve claro que Intimidad es el tipo de historia que debe ser visionada, masticada y digerida por adolescentes y adultos; solteros y casados; mujeres y hombres por igual. Porque todos pueden sacar algo de ella: un mensaje, una lección o simplemente sentirse identificadas. Incluso por una frase que agrupa toda la idea. Una frase de esas que no se olvidan.

Itziar Ituño como Malen en 'Intimidad'. Cr. David Herranz/Netflix © 2021
Itziar Ituño como Malen en 'Intimidad'. Cr. David Herranz/Netflix © 2021

En esta serie española arrancamos conociendo a Malen (Itziar Ituño), una política en plena campaña para ser la candidata de su partido a la alcaldía de Bilbao. Una mujer, madre y esposa con un futuro prometedor, profesional y entregada al máximo a su meta. Por otro lado conocemos a Ane (Verónica Echegui), una mujer anónima con una vida sencilla que trabaja en una fábrica. A primera vista no podían ser más diferentes, sin embargo, las trama las une como víctimas de la divulgación de un vídeo sexual de cada una. La primera desde la perspectiva del personaje público, con la propagación del vídeo junto a un amante -grabado sin su consentimiento- circulando como la pólvora en redes y medios de comunicación, convirtiéndose en la diana de la opinión política y mediática. La segunda viviendo la propagación dentro de su propio centro de trabajo, padeciendo el acoso, miradas y comentarios machistas de sus compañeros.

Y ambas representan una realidad arrolladora: que si fueran hombres jamás vivirían el torbellino destructivo personal, profesional y emocional, o el mismo señalamiento, burlas y acoso. No resulta muy descabellado imaginar que si un hombre fuera grabado manteniendo relaciones en una playa o formando parte de una orgía, como es el caso de cada una, pasaría como algo anecdótico sin afectar sus vidas hasta los niveles que vive una mujer. En otras palabras, y para que se hagan una idea, una vez que conocemos lo vivido por cada una se pierde la cuenta de las veces que se pronuncia y se repite la palabra “zorra”. ¿Creen que un hombre sería descrito con el mismo adjetivo? Apuesto a que todos ya sabemos instantáneamente la respuesta.

Malen opta por hacer frente a quienes quieren hundirla siguiendo adelante con su meta política, enfrentándose a la lacra social y el sexismo que la rodea, pero sin atreverse a denunciar ante el temor de las consecuencias profesionales. Mientras Ane se hunde en el trauma, el acoso y un pasado que la acecha, derivando en un deterioro psicológico que, lamentablemente, la lleva al suicidio.

Verónica Echegui como Ane en 'Intimidad'. Cr. David Herranz/Netflix © 2021
Verónica Echegui como Ane en 'Intimidad'. Cr. David Herranz/Netflix © 2021

No obstante, a estas mujeres las rodean otras que sirven como ramas expansivas de una trama sobre perspectiva de género ampliamente representativa. Como la hermana de Ane, Begoña (Patricia López Arnaiz), quien se enfrenta al machismo imperante de la fábrica con uñas y dientes en busca de justicia. O Alicia (Ana Wagener), la inspectora que investiga ambos casos que se entrega al máximo como método para luchar contra el rechazo que vivió en el pasado por ser lesbiana, conviviendo con el miedo de vivir su sexualidad libremente. O Leire (Yune Nogueiras), la hija adolescente de Malen, que sufre acoso escolar por el escándalo de su madre, que no sabe cómo lidiar con el acecho machista que le rodea mientras su exnovio la amenaza con publicar sus propias fotos y vídeos íntimos, poniendo sobre la mesa que la violación de la intimidad no diferencia entre edad y madurez.

De esta manera, los personajes de Malen y Ane ejemplifican cómo un vídeo sexual divulgado sin consentimiento puede convertir a la mujer en un personaje de no fiar, al que señalar, rebajar y criticar como si aquellos que lo divulgan, comparten y buscan, así como quienes señalan y machacan, fueran ejemplos inocentes de una sociedad perfecta. Y como decía previamente la serie engloba todo esto en una frase que dice Malen en el primer episodio y que creo que todos deberíamos recordar.

“Siento pudor, pero no siento vergüenza, esa se la dejo a quienes han tratado de hundirme utilizando mi intimidad” reza el personaje interpretado por Itziar Ituño cuando se planta contra su partido y anuncia que seguirá con su candidatura como alcaldesa.

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En el momento de pronunciarse, la serie ha sentado sus bases, ha mostrado la reacción esquiva del partido político echando el muerto sobre ella -la víctima- mirándose el ombligo para salir airosos del escándalo mientras ella es señalada, humillada y cuestionada. Incluso por ellos mismos. En ese momento ya conocemos el desenlace que tristemente escoge Ane para su vida ante el acoso que vive en la fábrica, y somos testigos de cómo la familia de cada una se convierte en víctima consecuente.

La frase llega en el momento de mayor tensión inicial, cuando Malen es arrinconada para colgarse la letra escarlata, forzada por el sexismo que le rodea. Y con esas palabras, la serie sentencia el empoderamiento en el cambio de mirada social. Un cambio del que pueden tomar nota tanto adultos como adolescentes, porque así lo refleja la propia serie desde la perspectiva de la mujer adulta viviendo el acoso, así como la hija a quien señalan sus compañeros. Padeciendo el terror a que sus propios videos enviados a su ex vean la luz a raíz de las amenazas de ese chico herido en el orgullo machista.

Porque vivimos en una era donde el ligoteo gráfico está a la orden del día a través de aplicaciones y donde el “porno de venganza” existe, circulando libremente como táctica de humillación a ex parejas. Y con esa frase, tan directa como radical e intensa, Intimidad nos llama a cambiar las tornas y poner las miras sociales sobre aquellos que violan la intimidad de una persona, sea quien sea. Que señalemos y denunciemos a aquellos que recurren al garrote sexista como arma destructiva contra una mujer, derribando su intimidad a golpe de clic. Que miremos a quien está detrás del acto y no delante de la cámara.

Porque la serie nos habla de la culpa injusta forzada por el señalamiento, pero también de justicia, identificando diferentes roles y perspectivas femeninas que nos representan a todas en general, elevando un mensaje que siempre debemos recordar en estos casos: que no existe vergüenza alguna en nuestra propia intimidad sexual. Sino que la vergüenza es para quienes la violan y juzgan tirando de sexismo, sin empatía alguna por el ser humano víctima del delito.

En resumen, Intimidad brilla en su propuesta gracias a un reparto sublime, centrando su propósito en el mensaje social, mucho más que en el caso policial. Porque aquí no se trata tanto de quién lo hizo o por qué, sino de identificar el problema y cambiar las tornas. Y si bien es cierto que a veces peca de explicar sus mensajes en exceso, me da la sensación que va dirigido a aquellos que todavía no lo terminan de entender.

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