Francia da ejemplo al mundo de lo que es tener amor por el cine

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Que los franceses aman el cine es un hecho muy conocido en Europa y el mundo. Puede sonar a estereotipo pero, en este caso, no lo es. Antes de la pandemia, solo había que pasearse por las puertas de un cine francés para comprobar ese amor incondicional representado en las largas colas que hacían los locales para comprar entradas o entrar en las salas. Confieso que siempre fue una de mis postales vivientes favoritas de mis visitas a París.

Y ni la pandemia ni el miedo al contagio han roto ese amor inquebrantable. Francia acaba de reabrir sus cines y, a diferencia de España y gran parte del mundo, el público ha vuelto en masa dispuestos a seguir el affaire cultural con el séptimo arte.

Público en la proyección de
Público en la proyección de "Demon Slayer - Kimetsu no Yaiba" en el cine Grand Rex de Paris el 19 de mayo de 2021 (Foto de GEOFFROY VAN DER HASSELT / AFP via Getty Images)

Los cines franceses, museos y teatros reabrieron el 19 de mayo tras llevar cerrados desde octubre como parte de una primera fase del levantamiento de medidas, así como cafés y restaurantes que permitirán una capacidad del 50% con grupos de hasta seis personas. Se espera una segunda fase que termine por levantar las medidas a finales de junio.

De esta manera, los cines abrieron de nuevo sus puertas recibiendo a un público ansioso por volver a vivir la experiencia tradicional en una butaca. Y lo más increíble de todo es que no hubo un progreso paulatino como en la mayoría de países donde el regreso a las salas está estancado o aumentando lentamente -incluso en China donde ya tienen blockbusteres arrasando también se vivió un retorno pausado-. En Francia el amor por el cine pudo a la pandemia.

Y prueba de ello son las imágenes de las colas que se fueron formando en las puertas de los cines parisinos el mismo día de la reapertura. Las ganas por volver a vibrar con una historia en gran pantalla y compartir la experiencia cinematográfica con extraños ha ganado al miedo, convocando a decenas de personas a volver con las mismas ganas de siempre.

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Reconozco que esas imágenes me dan un poco (bastante) de envidia. Mis últimas visitas al cine han sido a salas prácticamente vacías y soy de los cinéfilos que echa mucho de menos la normalidad cinematográfica, los blockbusteres y la vivencia del séptimo arte en su forma más tradicional.

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Y es que Francia siempre ha valorado mucho su propia industria, apoyando las producciones nacionales en taquilla y siendo uno de los exportadores principales de historias al resto del mundo. Desde sus estrellas reconocidas en todo el planeta a su fidelidad por mantener el equilibrio entre el humor y la seriedad de sus historias, la estética de sus películas y el imprescindible apoyo gubernamental. Además de que, a diferencia de otras filmotecas del mundo que sufren el olvido de las nuevas generaciones, la Cinémathèque Française de París es una verdadera institución.

En el país vecino existe un fomento gubernamental a la cultura que forma parte de una especie de tradición nacional con ayudas que alcanzaron los 666 millones de euros en 2016 (vía Cope), que llegan a la industria a través de distintos canales, como las contribuciones de los canales de televisión y un porcentaje en el precio de cada entrada. 

Pero, a diferencia de Francia donde el amor por el cine ha sido mayor que la propia pandemia, en España se vive otra realidad. Los cines han reabierto hace un par de meses y seguimos sin tener un taquillazo. Por ejemplo, la película con mayor recaudación el fin de semana pasado fue El señor de los anillos: el retorno del rey, la entrega final de la trilogía de Peter Jackson que volvió a las salas como parte de los maratones que celebran la saga. La cinta recaudó 289.511 euros en el fin de semana del 14 al 16 de mayo, seguida por estrenos como El olvido que seremos y Este cuerpo me sienta de muerte que tuvieron que conformarse con 115.848€ y 111.257€, respectivamente (según los datos de Comscore). Una cifra que refleja el triste vacío que todavía perdura en las salas españolas.

En EE.UU. tampoco tiran cohetes donde Saw: Spiral lideró el box office con unos pobres 8.7 millones de dólares. Y digo “pobres” porque se trata de un número que, antes de la pandemia, era lo que recaudaban las películas que ocupaban los últimos puestos del Top 10 semanal.

Sin embargo, si observamos las cifras del resto de países con cines abiertos podemos comprobar que el amor pasional no es el mismo que viven en Francia. China es el único país que ha conseguido repuntar su taquilla en las últimas semanas, logrando recaudaciones que superan los 10 millones de dólares por película . 

Es decir, los cines están abiertos pero el público todavía no ha vuelto, no como antes. Es cierto que faltan blockbusteres, que Hollywood tiene una cuenta pendiente con las salas tradicionales y que comenzará a pagar próximamente con la llegada de Viuda Negra, Un lugar tranquilo 2 y Fast & Furious 9, entre otras. Sin embargo, no podemos evitar sentir cierta envidia por esa pasión que los franceses han llevado a las salas. Una pasión superior al fenómeno del streaming y al temor al contagio.

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