Cómo Fran Drescher (‘La niñera’) convirtió el trauma en optimismo y solidaridad

Pedro J. García
·10 min de lectura

Llevó la risa a miles de hogares y se convirtió en un icono televisivo de la moda gracias a su colorido vestuario y sus voluminosos peinados. Fran Drescher es sinónimo de los 90, pero a sus 62 años, la actriz y activista que se hizo famosa interpretando a la inolvidable Fran Fine en La niñera sigue con la misma radiante sonrisa que entonces.

Sin embargo, detrás de su optimismo y su energía se esconde un pasado muy traumático: una violación y un cáncer, experiencias de supervivencia que le han proporcionado una máxima en la vida: convertir lo negativo en positivo. Esta es la historia de la niñera más famosa de la tele, una mujer que es todo un ejemplo de superación y ha dedicado su vida a hacer reír y ayudar a los demás.

Imagen: Instagram/officialfrandrescher
Imagen: Instagram/officialfrandrescher

Francine Joy Drescher, conocida cariñosamente como Fran, nació en Queens, Nueva York el 30 de septiembre de 1957. Su adolescencia está marcada por los concursos de belleza y la estética. Después de ganar el título de Miss New York Teenager, estudiar cosmética y peluquería y abrir su propio salón de belleza, Drescher se mudó junto al que pronto sería su marido, Peter Marc Jacobson, a Los Ángeles a mediados de los 70 para perseguir su sueño de ser actriz.

Allí consiguió su primer papel en el cine, un pequeño personaje secundario en el fenómeno de 1977 Fiebre del sábado noche, protagonizada por John Travolta, lo que le abrió las puertas de Hollywood. En la década de los 80, Drescher se dedicó a ganar experiencia desempeñando numerosos papeles secundarios en películas y series de televisión (American Hot Wax, Fama, This Is Spinal Tap, ¿Quién es el jefe?, Juzgado de guardia), hasta que en 1993 encontró la fama como protagonista gracias a La niñera, una de las comedias de situación más populares de los 90.

La niñera fue creada por la propia Drescher junto a su marido. El origen de la serie tiene lugar en un vuelo transatlántico donde la actriz coincidió con el por aquel entonces presidente de la cadena CBS, Jeff Sagansky. Drescher no dejó escapar su oportunidad y le convenció de que le dejara presentar un proyecto para una nueva comedia (anécdota que más adelante incluiría en una escena de la serie). Sagansky accedió, pero en realidad Drescher no tenía ninguna idea en mente. Durante una visita a Londres, la actriz se inspiró en la relación de su amiga Twiggy (conocida modelo y cantante) con su hija adolescente para idear la premisa de su sitcom: una variación de Sonrisas y lágrimas con ella misma en lugar de Julie Andrews (THR).

La niñera fue un auténtico éxito, sobre todo en sus primeras temporadas, y proporcionó a Drescher dos nominaciones al Globo de Oro y dos al Emmy. Las aventuras de Fran Fine, una joven de Queens que encuentra trabajo como niñera en la mansión de un adinerado productor de Broadway viudo, divirtieron a millones de espectadores, alzando a la intérprete como un icono de la televisión gracias a su chispeante personalidad y su característica voz nasal -llegó a comercializarse una colección de muñecas de Fran que contaban con la voz de la actriz. Pero si la serie es recordada sobre todo por algo, es por los impresionantes estilismos de la protagonista, looks explosivos y llenos de color que se alejaban drásticamente de la imagen clásica de la niñera que nos había dado el cine y la televisión hasta entonces.

Viendo La niñera ahora (disponible completa en Amazon Prime Video), su humor aguanta mucho mejor que otras series de los 90 y sigue siendo tan divertida como entonces, pero lo que permanece como lo más icónico de la serie son esos conjuntos llamativos y empoderadores que marcaron tendencia antes de que conociéramos a Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York. Prendas de Versace, Chanel, Moschino o Marc Jacobs (cómo se los podía permitir es uno de los grandes misterios de la televisión) que incluso tienen su propia cuenta de Instagram, What Fran Wore, dedicada a documentar los estilismos de Fran.

La niñera catapultó a Drescher a la fama, pero pocos podían sospechar que detrás de esa contagiosa personalidad y actitud positiva se ocultaba una historia muy oscura de la que no todo el mundo consigue salir. En enero de 1985, dos ladrones armados entraron en la casa de Drescher y Jacobson. Mientras uno saqueaba su hogar, Drescher y una amiga suya que se encontraba en la residencia con el matrimonio fueron violadas a punta de pistola. Jacobson fue atado, golpeado y obligado a presenciar la violación. No fue hasta 2002, varios años después de que La niñera finalizase su emisión, cuando la actriz decidió contar este horrible suceso del que tardó un tiempo en recuperarse, pero que finalmente decidió utilizar para “convertir lo negativo en positivo” (CNN).

El hombre que la asaltó sexualmente resultó ser un violador en serie que fue capturado y obtuvo una sentencia de doble cadena perpetua, mientras que el otro asaltante era su hermano y fue condenado a menos tiempo de cárcel. Como es lógico, el matrimonio tardó en superar aquel brutal episodio de sus vidas, pero finalmente salieron a flote y unos años después triunfaron gracias a La niñera, donde trabajaron codo con codo. Sin embargo, la pareja se divorció después de 21 años de matrimonio en 1999, el mismo año que terminó la serie. Más adelante, Jacobson salió del armario como gay. Drescher asegura que ocultar su sexualidad le hizo irritable y controlador, lo que le llevó a dejar La niñera en lo más alto de su popularidad. Pero la actriz no solo no le guarda rencor, sino que se lo toma con humor y afirma que ahora son mejores amigos: “Oficialmente, ahora es mi exmarido gay” (Fox News).

El final de La niñera no solo coincidió con el de su matrimonio, sino que además también dio paso al otro evento que marcaría su vida desde entonces. Después de dos años experimentando síntomas y tras una serie de diagnósticos erróneos por parte de ocho doctores, Drescher descubrió que tenía cáncer de útero en junio de 2000. Sin más tiempo que perder, fue inmediatamente ingresada para tratar la enfermedad con una histerectomía radical (cirugía para extirpar el útero). La actriz se recuperó sin tratamiento postoperatorio y desde entonces ha estado libre de cáncer.

Drescher dejó a Fran Fine atrás, pero ni su divorcio ni el cáncer le impidieron seguir adelante. La actriz siguió actuando en series y films, volviendo en 2005 como protagonista de otra sitcom, Living with Fran, que tristemente duró solo dos temporadas. Desde entonces, se ha dejado ver en series como Entourage o Broad City y ha protagonizado y producido Happily Divorced, otra comedia de situación creada junto a su exmarido basándose en su propia experiencia casados -trata sobre un matrimonio que aprende a seguir con sus vidas cuando el marido desvela que es gay-, pero esta tampoco consiguió despegar en audiencias.

En los últimos años, Drescher no se ha prodigado demasiado por la pantalla. Y es que ha estado completamente volcada en su trabajo como activista, del que podemos aprender mucho en sus redes sociales. En 2002 publicó su segundo libro, titulado Cancer Schmancer, en el que relata sus experiencias como enferma y superviviente de cáncer. Esto la llevó a crear su organización sin ánimo de lucro que lleva el mismo nombre, a través de la cual se dedica a concienciar sobre el cáncer, abogar por una relación más estrecha con los doctores y luchar por el diagnóstico temprano de la enfermedad. Su objetivo es que la tasa de mortalidad de las mujeres descienda gracias a la detección anticipada del cáncer.

Además de su labor al frente de Cancer Schmancer, Drescher ha formado parte de numerosos grupos humanitarios y ha estado involucrada en política desde el partido demócrata. En 2008 fue nombrada enviada especial de diplomacia pública de Estados Unidos, cargo en el que se dedicó a apoyar los esfuerzos diplomáticos públicos estadounidenses y despertar conciencia sobre temas de salud femenina, trabajando personalmente con organizaciones de salud y grupos de mujeres. Su labor se extendió a la candidatura de Barack Obama, con quien trabajó en la elaboración de la Ley para la Educación y Prevención del Cáncer Ginecológico. De hecho, ella misma llegó a plantearse presentarse a las elecciones para el senado, pero finalmente lo descartó (CBS).

Y por si eso fuera poco, Drescher también es conocida por ser una aliada de la comunidad LGBTQ, a la que también ha dedicado gran parte de sus esfuerzos activistas y humanitarios. Ha recaudado fondos para organizaciones benéficas en apoyo al colectivo y en 2012 obtuvo la licencia para oficiar bodas legalmente, que utilizó para casar a parejas LGBTQ. Su intención era la de usar la fama que obtuvo gracias a La niñera para concienciar sobre el matrimonio igualitario en busca de su legalización en todos los estados de Norteamérica, lo cual se consiguió por fin en 2015. En sus palabras, “El amor transciende la etnia, el género, las barreras políticas y la religión. Cualquiera que convierta el amor consentido entre dos adultos en algo negativo no entiende el significado de la palabra” (NY Times).

El pasado mes de abril, el reparto de La niñera se reunió virtualmente para realizar una divertida lectura de guion de la serie durante el confinamiento por la pandemia de coronavirus. Volver a ver a Drescher como Fran Fine fue toda una descarga de alegría y nostalgia para los fans del clásico de los 90. De hecho, se lleva tiempo hablando de un revival o un reboot de la serie (ella quiere a Cardi B como sucesora de Fran Fine), pero eso quizá tenga que esperar porque en estos momentos, Drescher se encuentra desarrollando una versión musical para Broadway con Rachel Bloom, de Crazy Ex-Girlfriend, componiendo las canciones (NY Times).

Está claro que el cariño por Fran Fine no se ha desvanecido y en eso ha jugado mucho la vida personal de la actriz y su increíble historia de superación. Drescher ha usado el dolor de sus experiencias traumáticas para transformarlo en algo positivo y ayudar a los demás, haciendo de “poner al mal tiempo buena cara” su lema. Su altruismo y dedicación a las buenas causas la honra, y su optimismo y solidaridad es el ejemplo que necesitamos. Que vuelva o no la niñera de Flushing a nuestras pantallas al final no es tan importante cuando ya tenemos a Fran Drescher con nosotros.

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