Flashback: Michael Alig, el exceso de los 80 y 90 mal entendido

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Michael Alig, el exceso de los 80 mal entendidoSteve Eichner - Getty Images

Cinco de mayo de 2014: Michael Alig sale la cárcel en libertad bajo fianza. Lleva 17 años en prisión. Es un asesino y también es una estrella, porque en nuestra época y especialmente en Estados Unidos, no hay contradicción entre ambos términos. Algunos le han olvidado, otros le contemplan con repulsión, y muchos quieren saber, ¿qué va a hacer ahora “el club kid asesino”?

La historia funciona como una parábola andante sobre los peligros de entregarse demasiado a lo dionisíaco. Desde finales de los 80 y durante principios de los 90, la escena nocturna de Nueva York se vio agitada por lo que se llamaron los “club kids”, un grupo de jóvenes juerguistas que rompían las barreras de género, promovían el hedonismo, disfrutaban de una sexualidad explosiva y lucían una estética entre el feísmo y lo intergaláctico. Como suele suceder en estos casos, en realidad era un grupo reducido de gente con sus alianzas, amores, enemistades y líos de pandilla fluctuantes.

Si cada movimiento tiene su droga, la de los club kids era el éxtasis. Principalmente, pero en absoluto la única. El consumo desaforado de éxtasis y ketamina ayudaba a mantener el subidón… y provocaba conflictos abundantes. Los líderes e impulsores del movimiento eran Michael Alig y James St. James, clásicos ejemplos de típicos chicos que no encajan en sus pueblos de la América profunda y se mudan a Nueva York a vivir la vida con la que sueñan. Pero “chicos de club” también fueron Ru Paul, Amanda Lepore o la actriz Lisa Edelstein. La prensa y la televisión les entrevistaban con frecuencia, los conservadores disfrutaban indignándose con su presencia y un montón de jóvenes de todo el país soñaban con participar también en esa fiesta.

Entonces, en 1996, el escándalo. Michael Alig y su amigo Robert D. “Freeze” Riggs eran detenidos por el asesinato de otro club kid, Angel Meléndez. Los detalles eran espeluznantes. Flotando en la costa de Staten Island, había aparecido una caja que contenía un torso humano sin piernas. Pasó tiempo antes de que el cuerpo fuera identificado como el de Ángel Meléndez, un club kid que llevaba meses desaparecido.

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Michael Alig, en 2015.Dustin Harris - Getty Images

El joven, de origen colombiano, se había hecho popular en la escena por lucir a menudo unas enormes alas blanca de ángel. Su familia se había quejado de que la policía no parecía estar haciendo nada por encontrarle, y fueron los medios underground vinculados al movimiento, especialmente Michael Musto desde su columna en el periódico alternativo Village Voice, los que dieron la voz de alarma. Con un factor a tener en cuenta: todos sospechaban que a Angel le había matado Michael Alig. Y tenían razón.

Había ocurrido el 17 de marzo del 96. Según contarían después, Michael y Angel estaban discutiendo por dinero y drogas. Robert se despertó oyendo los gritos de socorro de Michael, cogió un martillo y golpeó a Angel en la cabeza (según ellos, con la parte de madera, no la metálica). Terminaron de matarle entre ambos, asfixiándole y -esto fue negado por Michael después- administrándole drogas en la boca con una jeringuilla. Michael contaría que estaban tan drogados que no se dieron cuenta de que estaba muerto hasta 8 horas después. Dejaron el cadáver en la bañera, lo rociaron con desatascador de tuberías y no fue hasta una semana después cuando lo trocearon y arrojaron los restos al río.

Michael era entonces ya famoso por su personalidad errática, su constante egocentrismo y ganas de llamar la atención, ser capaz de todo, el cliché de la “marica mala” llevada al extremo, pero de ahí a ser capaz de hacer algo así había un mundo. Sin embargo, durante los meses que pasaron desde la desaparición de Angel hasta su detención, Michael se dedicó a bromear con una especie de humor negro muy propia de su círculo social acerca de lo que había hecho. Se convirtió en un secreto a voces del que la prensa, como hemos dicho, acabó haciéndose eco. Cuando detuvieron a Robert y Michael, acabaron confesando el crimen. Las drogas, principalmente la heroína, fueron causa y a la vez excusa para el crimen. Se declararon culpables y fueron condenados por homicidio involuntario.

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James St. James y Michael Alig en el set de rodaje de ’Party Monster 2’, en 2017.Santiago Felipe - Getty Images

Robert fue declarado tan culpable como Michael, pero desde el principio, por ser el más famoso de ambos y por su personalidad narcisista, todas las atenciones fueron para el segundo. Concedió entrevistas y mantuvo el contacto con algunos de sus amigos desde las distintas prisiones en las que cumplió condena, mientras la escena de los club kids desaparecía de Nueva York. También se desenganchó de las drogas. El crimen pasó a la cultura popular, antiguos club kids dirigieron un documental sobre él, y en 2003, Macaulay Culkin le interpretó en la película 'Party Monster'.

Robert fue liberado en 2010, pero mantuvo un perfil muy bajo. Todo lo contrario que Michael. Sus primeros días al salir de prisión en 2014 fueron cubiertos tanto por Vanity Fair como por Vice. De nuevo, el mundo le contemplaba entre la fascinación incontenible, la curiosidad y la indignación. Michael se abrió un twitter y demostró su pericia con las tecnologías del siglo XXI que no había podido usar tuiteando: “mi primer burrito en libertad #CincoDeMichael” (el 5 de mayo es una fiesta de la comunidad de mexicanos que viven en Estados Unidos).

Se habló de que iba a escribir sus memorias y le entrevistaron medios como el Huffington Post o The Guardian, al que contó que había valorado los pros y contras de volver a ser una persona pública. En los pros estaba reivindicar a los club kids como una inspiración para los inadaptados y queers; entre los contras, “estaba el hecho de que, al buscar atención, “sentiré que estoy perpetuando esta idea de que no me importa. Que soy un sociópata, que todo fue una broma, que creo que es genial matar a alguien”.

Por supuesto, muchos veían la ironía de la situación y le consideraban un charlatán, una persona totalmente carente de moral que estaba disfrutando de nuevo a lo grande del protagonismo y la fama. Lo suyo tenía ya incluso un nombre, “trastorno histriónico de la personalidad”. El convertir, por enésima vez, a un criminal en el foco de atención, incluso un ídolo para ciertas personas de las nuevas generaciones, tenía implicaciones morales dudosas, pero es que su historia era tan buena que ¿cómo resistirse? (lo mismo vale para este texto).

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Michael Alig en una de sus últimas fotos, en 2019.Chance Yeh - Getty Images


En su desembarco en nuestra era, Michael incluso se abrió un canal de YouTube, en el que entrevistó a varios de sus antiguos amigos, que no le habían abandonado. Parecían conformes con la explicación de que el crimen fue un episodio de drogadicción y violencia que se le había ido de las manos. Se esforzó en preservar documentación sobre los club kids, clasificando posters, fanzines, revistas y entrevistas de la época. Se habló de filmar un Party Monster 2. Mientras, Michael realizó varias exposiciones de sus pinturas e intentó lanzar una marca de ropa. Era cuestión de tiempo que volviera al mundo de la noche. Y a las drogas.

Muy pronto comenzaron a salir noticias sobre altercados con su novio y detenciones por posesión de drogas. Hubo quejas en change.org en contra de que se le entrevistase o invitase a eventos, de los que fue finalmente expulsado. Las cosas parecían ir de mal en peor cuando en 2018, se anunció que Michael no tenía casa, después de una pelea con los propietarios de la galería en la que trabajaba y vivía. Pero en consonancia con los tiempos, lo retransmitió y contó todo en YouTube y no tardó en encontrar otros sitios en los que quedarse.

Cuando llegó la pandemia del COVID, Michael se unió a algunos colegas para organizar fiestas por zoom con bastante éxito. En el fondo, todo era precario y parecía pender de un hilo. El desenlace que muchos temían no tardó en llegar. El 24 de diciembre de 2020, Michael Alig falleció en su casa por una sobredosis accidental de heroína. Uno de sus exnovios, que estaba con él, afirmó: “no se despertó”. Hacía tiempo que el sueño, o la pesadilla, habían acabado.