El fenómeno de 'Masterchef Junior 7': los casting de Madrid y Barcelona

Por Mercedes Arroyo

From Diez Minutos

Muchos de los aspirantes a convertirse en el séptimo Masterchef Junior de España han crecido con el programa, y participar en el casting ha sido un gran premio para ellos, como Héctor, un madrileño de 9 años que, tras pasar por el campamento veraniego del concurso por haber aprobado el curso –“primera condición para presentarse a las pruebas”, apunta Esther González, directora de casting del espacio–, entra en la sala del hotel de Madrid con una enorme ilusión: “Desde pequeño empecé a ayudar a mi madre en la cocina. Luego hice un curso y pedí a mis padres participar en el concurso”.

Este es también el caso de muchos otros chavales que soportan las colas en los hoteles de Madrid y Barcelona, donde se han convocado las pruebas, aunque se presentan chavales de todo el país. Y para alguno de ellos no es la primera vez. “Ya estuve el año pasado, pero no me cogieron, y ahora, que es mi última oportunidad, lo voy a hacer mejor con mi brownie de carne con puré de patatas”, asegura Natalia, de 12 años.

Unos 150 chavales en Madrid y 70 en Barcelona es el cómputo de la segunda criba, los mejores de los seis mil que superaron el primer proceso de selección on line. “Nuestro objetivo es que se presenten muchos. También vamos a buscarles a escuelas de cocina y a los campamentos del programa para elegir a los más aptos y tener la mayor variedad posible de caracteres”, explica González.

Un viaje hacia la tele

Casi todos tienen muy claro lo que quieren y no les importa hacer, acompañados de su familia, seiscientos kilómetros para llegar a la cita televisiva. Esta situación la vivió Ariadna, de 9 años, que trasladó con mimo su táper de arroz con pasas y nueces para emplatar delante de los culinarios, como Nacho Ruiz, poder pasar a la siguiente prueba y, si la suerte le sonríe, conseguir una de las 16 preciadas cucharas de madera que le abrirá las puertas de la tele.

Por su lado, Paula, de 11 años, salió en coche de León con sus padres, a las cuatro de la madrugada, para no perder turno en la fila; y Gus hizo lo mismo, pero desde Zaragoza, aunque proviene de Portugal, con sus deliciosos pasteles de Belém, típicos de su país, con los que concursó.

Presentan todo tipo de recetas, dulces y saladas. Nunca hacen la típica tortilla de patata y siempre intentan darle su toque”, comenta Ruiz. A lo que Esther añade: “Ha habido una gran evolución en el nivel de formación culinaria de los niños entre ediciones. Se nota que siguen el espacio y que es su verdadera escuela”.

Es encomiable cómo los jóvenes participantes se toman este examen y el empeño que ponen en cada paso. Incluso para trabajar delante de la cámara. “No les elegimos porque sean personajes para la televisión, sino porque sepan cocinar. No puede ser un sufrimiento para ellos. Esta experiencia es un entrenamiento para la pantalla”, concluye la directora.