'Fast & Furious' tuvo que copiar a Tom Cruise para triunfar

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Por Alberto Cano.- Nadie hubiera pensado allá por 2001 que Fast & Furious, por aquel entonces conocida en España como A todo gas, se convertiría en una de las sagas más longevas y taquilleras de la historia de Hollywood. Llegó a nuestras pantallas como una pequeña producción de mediano presupuesto sin aspiraciones ambiciosas, contando con unos aún desconocidos Vin Diesel y Paul Walker como protagonistas y apostando por una sencilla fórmula basada en las carreras y persecuciones callejeras.

En aquellos comienzos de los 2000, donde el gusto por estilos tan extremos (y horteras) como el tunning parecían encandilarnos a todos, esta historia sobre un policía infiltrado en una banda callejera en donde abundaba la testosterona, los diseños pintorescos de los coches y la acción pura y dura, cautivó al público de la época, consiguiendo amasar unos admirables 207,3 millones de dólares en todo el mundo ante un modesto coste de solo 38 millones y poniendo en marcha una secuela. Pero con el paso de los años, al igual que fuimos dejando de lado ese extravagante estilo de los 2000, la fórmula de Fast & Furious empezó a lucir desfasada, trillada y poco efectiva. Aunque por suerte, el equipo dio a tiempo con la tecla para mantener la franquicia a flote. Y no solo eso, sino que consiguieron elevar su atractivo hasta el punto de convertirse en una de las más aclamadas franquicias de acción actuales. Un logro alcanzado gracias a Tom Cruise y Misión Imposible.

Póster de Fast & Furious 9 (Foto: Universal Pictures)
Póster de Fast & Furious 9 (Foto: Universal Pictures)

Su continuación, A todo gas 2, funcionó igual de bien, y aunque contara con la ausencia de Vin Diesel y no generara tan buenos comentarios entre el público, superó las cifras de su predecesora recaudando 236,3 millones de dólares. Pero cuando su tercera parte llegó a las salas, sufrió un desgaste inevitable. Esta cinta, titulada como A todo gas: Tokio Drift, fue consciente de que seguir con la fórmula de sus predecesoras no iba a dar resultado, puesto que ese mundo de carreras callejeras no daba para mucho más. Es por ello que apostaron por nuevos ingredientes, como presentar a nuevos personajes, llevar la acción a Tokio y mostrar un nuevo tipo de carreras denominadas como “drift”. Pero no funcionó. Sus resultados en taquilla se desplomaron y esta tercera cinta solo fue capaz de recaudar 158,9 millones, muy por debajo de sus predecesoras.

Llega aquí el punto de inflexión donde Fast & Furious revolucionó por completo su fórmula. Desde Universal no querían echar a perder esta saga que tan buenos resultados empezó obteniendo, por lo que decidieron seguir adelante cambiando su planteamiento. Los coches, la velocidad y la adrenalina se mantuvieron, pero ese mundo de bandas callejeras al margen de la ley empezó a ser sustituido por una propuesta más en la línea de películas como Misión Imposible. Es decir, set-pieces que desafían toda lógica de la realidad, dinámicas argumentales mucho más grandilocuentes y misiones en las que hasta el destino del mundo llegaba a estar en juego. Eso sí, con los coches siempre de por medio y con una capacidad sobresaliente de seguir manteniendo su esencia original aún en terrenos muy diferentes a los de sus orígenes.

Se vio ligeramente en Fast & Furious: Aún más rápido, donde tuvo lugar el regreso de Vin Diesel a la franquicia, pero el auténtico saltó llegó en Fast & Furious 5, cuando definitivamente se rindieron ante la fórmula que tan bien le funcionaba a Tom Cruise en Misión Imposible y vimos secuencias tan increíbles como el adrenalínico asalto a un tren desde los vehículos o el arrastre de una caja fuerte enorme por las calles de Río de Janeiro con un coche. De hecho, el beber de esta otra franquicia de acción es algo que no ocultan, puesto que ya desde el mismo tráiler de Fast & Furious 5 escuchábamos al actor Tyrese Gibson, quien interpreta al personaje Roman Pearce, pronunciar las palabras “Esto ha pasado de Misión Imposible a misión de la leche”.

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Además, la saga también se revitalizó incluyendo a reconocidas estrellas de Hollywood en su reparto, como fue el caso de Dwayne Johnson. Y desde luego que la nueva fórmula funcionó, puesto que de la recaudación de 158,9 millones de dólares de Fast & Furious: Tokio Drift pasaron a obtener 360,36 millones con su cuarta entrega y 626,1 con Fast & Furious 5. Todo un exitazo. Y como era obvio las siguientes entregas apostaron aún más fuerte por el estilo Misión Imposible.

Tom Cruise en el rodaje de 'Mission Impossible 6' en París en 2017 (Agence/Bestimage, Gtres)
Tom Cruise en el rodaje de 'Mission Impossible 6' en París en 2017 (Agence/Bestimage, Gtres)

Lo vimos en Fast & Furious 6 con secuencias como la de un tanque recorriendo una autovía y destrozando estructuras mientras la banda de Vin Diesel trata de asaltarlo, pero sobre todo en Fast & Furious 7, donde los personajes incluso dejaban de lado la ilegalidad para prestarse a salvar el mundo de cruentos asesinos y colaborar con el Gobierno de Estados Unidos u otras organizaciones.

En esta cinta, incluso vimos como James Wan, en su primera inclusión al cine de acción tras convertirse en maestro del terror con Saw, Insidious o Expediente Warren, copiaba literalmente la escena del Burj Khalifa de Misión Imposible 4, solo que cambiando la localización por los rascacielos de Abu Dhabi y añadiendo coches de por medio. Por no hablar de secuencias como los vehículos saltando en paracaídas desde un avión o la del personaje de Paul Walker tratando de escapar de un camión a punto de caer por el borde de un precipicio. 

Es decir, las mismas locuras que vemos realizar a Tom Cruise una y otra vez en su saga de Misión Imposible, solo que esta vez imbuida en la personalidad y estilo de Fast & Furious con mucho esmero.

Y el público cada vez se sentía más fascinado por esta franquicia. Mientras que la sexta entrega recaudaba 788,6 millones de dólares en todo el mundo, la séptima sorprendía con 1.515,34 millones. Toda una locura en la que también tuvo mucho que ver la repentina muerte de Paul Walker. La octava película, Fast & Furious 8, siguió sorprendiendo con cifras similares y obtuvo 1.236 millones, una recaudación a la altura de sus escenas de acción tan grandilocuentes y ambiciosas como la batalla entre vehículos en medio del hielo en la Antártida o el enfrentamiento con la mandada de coches controlados remotamente.

Y es que el llevar la acción a los límites más extremos con propuestas que desafían toda lógica ya no es propiedad exclusiva de Tom Cruise. De hecho, con Fast & Furious 9, que llega a los cines este viernes 2 de julio, la saga incluso se ha adelantado al actor de Misión Imposible en su intención de ir al espacio (aunque no de manera literal, como sí pretende hacer Cruise en un futuro).

Pero lo más destacable de todo es cómo esta fórmula ha revitalizado una saga que no aparentaba mucho futuro, dejando de lado ese estilo tan ordinario de comienzos de los 2000 de coches tunning, carreras ilegales y bandas callejeras para ofrecer blockbusters de alto presupuesto con acción extrema y misiones en las que está el juego el destino del mundo. En mi caso, he de reconocer que detestaba Fast & Furious, pero desde que la saga empezó a girar hacia otros terrenos ha ido ganándome con cada película. Tanto que estoy ansioso por ver Fast & Furious 9 en la pantalla de cine más grande posible mientras me zampo un cubo gigante de palomitas. Un plan que no puede apetecerme más tras la gran ausencia de blockbusters durante la pandemia.

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