'Fairytale': el 'deepfake' que tortura a Hitler, Mussolini y Churchill a las puertas del paraíso

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'Fairytale': el 'deepfake' que tortura a HitlerFairytale

¿Una genialidad o un chiste demasiado largo? Es algo que posiblemente nos acabemos preguntando mientras vemos 'Fairytale', la nueva película de Alexander Sokurov. El cineasta ruso, conocido por su compromiso político y su temeraria personalidad artística, ofrece una propuesta única: un relato creado mediante deepfake donde resucita a Adolf Hitler, Josef Stalin, Benito Mussolini, Winston Churchill, Napoleón Bonaparte e incluso Jesucristo para hacerlos vagar sin rumbo en un limbo a las puertas del Cielo, un umbral que probablemente nunca podrán cruzar y que les condena a un purgatorio eterno.

Desde luego, Sokurov no es extraño a las propuestas ambiciosas (como el milagroso despliegue de 'El arca rusa', rodada en un único plano secuencia con dos mil extras), ni tampoco a los experimentos narrativos que rozan la exasperación (hay espectadores que aún se estarán recuperando de 'Fausto', ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia), ni mucho menos a la exploración de la política y la naturaleza del poder, temas que atraviesan toda su filmografía. De hecho, ya se burló de Hitler y Goebbels en 'Moloch' e hizo lo propio con Lenin en 'Taurus' y con el emperador japonés Hirohito en 'El sol'. Todo eso lo anterior está también en este nuevo trabajo, presentado en el Festival de Locarno y estrenado en España como parte de la Sección Oficial de la 19ª edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

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Fairytale

'Fairytale' nos ofrece una propuesta entre lo poético y lo absurdo. La película combina escenarios de apariencia artesanal y clásica con una técnica tan contemporánea como el deepfake, esto es, la acción de generar imágenes falsas (habitualmente, cambiando el rostro de una persona) que cobran vida mediante inteligencia artificial. Así, Sokurov consigue que los protagonistas de su historia sean los dictadores más infames de la historia de la humanidad, desde el führer Hitler hasta el duce Mussolini, pasando por el dictador soviético Josef Stalin. Junto a ellos hay otros invitados no dictatoriales, pero igualmente cuestionables, como el británico Winston Churchill, dos veces Primer Ministro del Reino Unido incluyendo durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Con breves cameos de Napoleón y la extraña presencia de Jesucristo, el grupo queda completo. No hubiese desentonado escuchar la vocecilla aguda de Francisco Franco balbuceando en español entre los presentes, si es que la intención del director era reunir a los principales líderes fascistas europeos, pero imaginamos que no todos caben en esta fantasía.

En sus apenas 80 minutos de duración, la película se dedica a vagar por sus espacios sin rumbo fijo ni historia por contar. La sinopsis es todo lo que podemos esperar del relato, nada más: los personajes, a los que vemos duplicados hasta cuatro veces con versiones en diferentes épocas de su vida, intentan abrir las puertas del cielo para acceder al paraíso, pero parece que Dios no está por la labor. ¿Cuánto tiempo llevan habitando este espacio de pesadilla? Quién sabe. Respecto a sus diálogos, como ha explicado el propio Sokurov, proviene de citas reales de estos personajes históricos. "Me basé, y fue un trabajo ingente, en investigar cosas que todos ellos dijeron antes de subir al Olimpo de la política", ha explicado en Sevilla durante su intervención en el ciclo 'Voces esenciales'. Bueno, imaginamos que, cuando Stalin le dice a Jesucristo que es un pesado porque no deja de sermonear, estamos ante ciertas licencias creativas.

Los diálogos son en realidad minoría al lado de los balbuceos unidireccionales de cada uno de los personajes, que parecen atrapados en bucles individuales alimentados por su narcisismo, sus odios y las sombras del pasado. Hitler se pregunta incesantemente por qué no quemó París hasta sus cimientos, mientras Churchill está obsesionado con llamar a la reina Isabel II. Quizás en estos detalles se esconda el quid de la cuestión: tal y como los fascistas de hoy, Mussolini y compañía parlotean sin parar entre reproches y exabruptos, pero en realidad no tienen nada de provecho que decir.

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Siguiendo su intervención en Sevilla, el director ruso expandió un poco más los temas que se esconden tras su nueva y sorprendente propuesta. "Me gustaría, con mis películas, enseñar a mi público que la gente que tiene el poder en sus manos ante todo son unos desgraciados desde el punto de vista humano, y un hombre desgraciado es muy peligroso", afirmó, diciendo: "En 'Fairytale' yo quería mostrar los personajes reales, el carácter real de esos personajes, qué persona había tras la máscara, cómo eran cuando se quedaban a solas consigo mismos, y un hombre de Estado por definición es un hombre que no se queda solo nunca, porque no debe mirarse al espejo y sentirse solo".

La experiencia de ver esta película es desconcertante en cada línea de guion y el constante valle inquietante que experimentamos al ver las caras de estas figuras históricas moviéndose impulsadas por un algoritmo. De ahí la pregunta con la que empezábamos: ¿es esta una película visionaria o una broma de mal gusto? Lo cierto es que puede ser ambas cosas al mismo tiempo y ahí reside su magia. Sí, es absurda e imposible, y su mera existencia ya tiene algo de surrealista, pero también es hermosa en sus diseños artísticos y decididamente fascinante.