Factores de crecimiento: qué son y cómo pueden mejorar tu piel

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Photo credit: Luca Cannonieri / Spotlight
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Las marcas cosméticas invierten muchísimo para desarrollar poderosos activos con los que elaborar los tratamientos más punteros, con los que conseguir una piel más hidratada, iluminada y tersa y joven. Uno de los activos que encabeza la lista de los más innovadores es el EGF, el factor de crecimiento epidérmico.

Pero ¿qué es el factor de crecimiento? Nos lo explica la doctora María José Crispín, médico estético de Clínica Menorca: “El factor de crecimiento es un activador celular, encargado de mandar señales a las células para repararlas, rejuvenecerlas o para que se multipliquen. Se trata de una proteína que se produce de forma natural en las células de nuestra piel y que trabaja a pleno rendimiento durante años. Desde el nacimiento hasta la edad adulta, el cuerpo produce grandes cantidades de diversos factores de crecimiento, que desarrollan desde los huesos hasta los órganos, los nervios y la piel. Pero cuando alcanzamos la madurez su producción disminuye. Como resultado, la renovación celular y la reparación se ralentizan, lo que afecta a la salud y apariencia. En concreto a la piel, que se vuelve más fina poco a poco, lo que la hace mucho más frágil y vulnerable”.

Lo bueno es que, aunque se vayan perdiendo a medida que envejecemos, los factores de crecimiento se pueden fabricar en un laboratorio mediante bioingeniería para que funcionen exactamente igual que los EGF naturales. ¿Magia? No, ciencia, porque en este proceso complejo se utilizan moléculas humanas para producirlo, plantas para albergarlo y animales para reproducirlo. “Un factor de crecimiento se elabora a partir de un trocito de ADN. Ese pedacito de ADN es siempre de origen humano y se trata de multiplicarlo. Para hacerlo se necesita un medio, que suele ser un vegetal o una planta, y una bacteria, que es la que va a replicar el código de ADN. Para ello normalmente se utiliza la Escherichia Coli. Cuando la planta está llena de ese factor de crecimiento, se hace un proceso de licuado y filtrado de toda la planta y después, a través de diferentes técnicas de extracción muy sofisticadas se obtiene ese EGF liofilizado, en forma de polvo. Finalmente, para que este factor de crecimiento sea estable, se tiene que mantener congelado a temperaturas muy muy bajas porque es muy inestable”, detalla Paola Gugliotta, máster en Dermocosmética y postgrado en Genética e Inmunología por Harvard, y fundadora de Sepai y APoEM.

Por vía tópica o inyectados

Como explica la doctora Crispín, “los factores de crecimiento en una alta concentración aplicados en cremas, ampollas o sérums se han convertido en la forma menos invasiva de conseguir una piel regenerada. Consiguen llegar a las capas más superficiales y estimular los fibroblastos para generar colágeno, ácido hialurónico y elastina, mejorando la apariencia de la piel al aportarle mejor textura, firmeza y elasticidad y reducir la apariencia de las líneas de expresión y arrugas. También ayudan a mejorar problemas de hiperpigmentación, acné y cicatrices superficiales”.

Si buscas que los factores de crecimiento tengan mayor impacto en tu piel, entonces, en lugar de optar por la vía tópica en forma de cremas, lo mejor es acudir a la medicina estética y hacerte un tratamiento de mesoterapia. “En el campo de la belleza, los factores de crecimiento se pueden inyectar para mejorar la apariencia de la piel, por un lado reparándola y, por otro, combatiendo los signos de la edad. En este caso los factores de crecimiento se consiguen del propio paciente con una muestra de sangre (muy poca, de 20 ml a 40 ml), que se somete a un proceso de anticoagulación y centrifugado para separar sus componentes y aislar justo lo que se necesita, el plasma rico en plaquetas, donde se encuentran los factores de crecimiento. Después, siempre a través de manos expertas y cualificadas, se inyectan intradérmicamente mediante finas agujas. Es un procedimiento cien por cien seguro al tratarse de plasma del propio paciente, lo que evita alergias”, puntualiza la médica de Clínica Menorca.

Beneficios para la piel

Si estás preguntándote a partir de que edad puedes usar cremas con factores de crecimiento o acudir a un centro especializado a darte unos “pinchazos”, dependerá del estado de tu piel, pero a partir de los 30 puedes notar una notable mejoría. Como recuerda la doctora Crispín, numerosos estudios clínicos resaltan los beneficios de los factores de crecimiento, sobre todo aplicados mediante infiltración, pero también los autoaplicados en casa tópicamente. “Se ha demostrado el incremento en la proliferación celular utilizando de manera constante productos cosméticos con cantidades de 5mg/100mL EGF. En resumen, puede decirse que el uso de factores de crecimiento epidérmico sobre nuestra piel produce la estimulación, reparación y regeneración celular, así como la promoción de fibras de colágeno y elastina. Todo esto se traduce en una clara disminución de la apariencia de líneas de expresión y arrugas, una mejora de la textura y luminosidad de la piel, un aspecto más firme y uniforme y una mejor hidratación”, concluye.

¿Hay alguna incompatibilidad?

Como en esto de las cremas con activos poderosos hay que andarse con cuidado por si mezclamos productos que no combinan bien, le hemos preguntado a la experta en dermatología Paola Gugliotta, y nos quedamos tranquilas: “No hay ninguna precaución en cuanto al uso de estas cremas. Pero sí es importante precisar un aspecto. Nosotros, en Sepai, los productos que tenemos con factores de crecimiento, solamente los producimos bajo pedido para asegurar así su eficacia, porque es fundamental que desde que lo fabricamos hasta que el cliente termine de usarlo, no pasen más de seis meses, que es la estabilidad máxima que nos asegura el fabricante del principio activo. Pero muy pocas marcas tienen esto en cuenta en el mercado y, por tanto, muy difícil determinar si la cantidad de EGF que hay en un producto está activa o no”.