El fútbol femenino, cada vez más popular: así ha sido la final de la Eurocopa

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Photo credit: Instagram @england
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La Eurocopa Femenina empezó mal para nuestra selección. A pocos días de que diese comienzo la competición conocimos la noticia: nuestra capitana, Alexia Putellas, se había roto el ligamento cruzado e iba a perderse todo el campeonato. Esta lesión, que por cierto es tres veces más común en mujeres, convirtió a la jugadora en una espectadora más. "Compañeras, estoy con vosotras y con confianza plena. Sé de lo que sois capaces de hacer cada día y de lo poderosas que sois. Creedlo y a por ello" escribió esperanzara la catalana en su cuenta de Instagram mientras se despedía del fútbol por unos meses.

Nuestra selección seguía teniendo jugadoras envidiables, con nombres como Mapi León, Patricia Guijarro o Esther González que seguían sonando fuerte. Y las chicas estuvieron a la altura: consiguieron llegar a cuartos de final. El 20 de julio las inglesas jugaban en casa, en el Falmer Stadium de Brighton, y demostraron que por algo eran una de las selecciones favoritas de la competición. Tras un igualado partido, las inglesas consiguieron adelantar el marcador a su favor en el 96. Un gol de Georgia Stanway que sentenció el partido: perdimos 2-1.

Un partido del que mucho se ha hablado y se sigue hablando -de hecho ayer una chica británica me contó que para ella, que había seguido toda la competición, fue uno de los partidos más emocionantes de toda la Eurocopa-, pero la suerte estaba echada y la Roja había quedado eliminada de la competición. El 31 de julio las inglesas lo volvieron a hacer: en un Wembley a rebosar (87.192 personas se dieron cita en el estadio ver la final), la selección Inglesa se proclamó campeona de Europa por primera vez en su historia. Y nosotras estuvimos ahí.

Un ambiente inmejorable

En una ciudad con tanta tradición futbolística como Londres es siempre todo un espectáculo ver cualquier partido de fútbol, sea de la Premie League o de alguna competición internacional como el Mundial o la Eurocopa. Londres nunca defrauda y Wembley, cuna de conciertos históricos y finales épicas, menos aún. Y la final de la Eurocopa femenina de 2020 ha sido una prueba de ello.

Photo credit: Leon Neal - Getty Images
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Ver como la ciudad estaba volcada con el equipo ha sido algo muy emocionante. Largas colas en las tiendas de Nike para comprar la camiseta de alguna de las estrellas del equipo, graffitis de las jugadoras en algunas partes de la ciudad, niñas pequeñas ilusionadas animando a las leonas… Se respiraba fútbol e ilusión en el ambiente, desde luego.

El fútbol femenino en su máximo esplendor

Lo hemos dicho antes: el fútbol femenino está viviendo su mejor momento en estos momentos. Y esto es algo que podemos notar a todos los niveles. Los partidos están batiendo récords de asistencia. Si el pasado mes de marzo veíamos como el partido entre el Barcelona y el Real Madrid femenino congregaba a 91.533 aficionados, batiendo el récord absoluto de asistencia a un partido femenino, la final de la Eurocopa tampoco se ha quedado atrás.

87.192 personas vibraron, animaron y disfrutaron la final desde el propio estadio de Wembley, una cifra que se sitúa ya como el récord en cuanto a asistencia en una final de la Eurocopa. Una categoría que anteriormente ostentaba la final masculina entre España y la Unión Soviética en 1964, con 79.115 espectadores

No, la sensación de "ojalá fuésemos nosotras" no desaparece nunca

En un primer momento el escepticismo fue uno de los principales compañeros de la emoción. Porque sí, ver la final de la Eurocopa en el momento de máximo esplendor del fútbol femenino es súper emocionante -y más si es en un estadio tan significativo como Wembley- pero, ¿ver cómo quienes nos arrebataron el sueño de llegar a la final podía ganar el torneo? Esa parte no era tan emocionante, desde luego. Pero aunque ese escepticismo fue momentáneo -al final lo importante es disfrutar y apoyar al fútbol femenino-, lo cierto es que ese “ojalá fuese España” no se me fue en ningún momento.

Ver nuestro escudo colgar de los zeppelin de la ceremonia de apertura, escuchar nuestro himno, ondear nuestra bandera… Simplemente veía a las inglesas y alemanas e imaginaba nuestros colores -algo realmente fácil con estas últimas, de hecho, porque nuestras banderas se diferencian solamente por un color-. Así que sí, ver la final ha sido algo maravilloso y estoy muy contenta de haber podido vivir un momento histórico para Inglaterra como si fuera una inglesa más, pero ojalá hubiésemos sido nosotras.

Aunque no pasa nada: estoy segura de que las próximas seremos nosotras. Más tarde o más temprano el tiempo pone a cada uno en su lugar y aunque no sabremos si la próxima Eurocopa será en casa aún no sabemos si podremos cantar el “It’s coming home” que no han parado de entonar las inglesas. Pero lo que sí sabemos es que sí que nos la traeremos a casa. Estoy convencida.

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