La expedición al Ártico que acabó perdida y practicando canibalismo entre sus tripulantes

Alfred López
·4 min de lectura

Sobradamente conocida es la teoría que apunta que muchas son las personas que, expuestas a unas condiciones extremas o adversas, son capaces de sobrevivir gracias a algún tipo de fuerza (normalmente innata y desconocidas para ellas) que les da una inexplicable resistencia ante los elementos adversos e incluso para realizar actos para los que no están preparadas (como alimentarse de carne de otros seres humanos).

La expedición británica al Ártico que acabó perdida y practicando canibalismo entre los tripulantes (imagen vía Wikimedia commons)
La expedición británica al Ártico que acabó perdida y practicando canibalismo entre los tripulantes (imagen vía Wikimedia commons)

Múltiples son los casos que se han dado a lo largo de la historia y en el que el recurrir al canibalismo fue clave para la supervivencia (uno de los más famosos fue el accidente de avión en los Andes, de 1972, que transportaba a un equipo de rugby uruguayo).

En los últimos años, varias han sido las investigaciones y estudios científicos (utilizando la tecnología más avanzada) que se han realizado en diferentes puntos del planeta y así poder determinar y descubrir qué pasó realmente con numerosísimas expediciones de navegantes, científicos o colonizadores, que siglos atrás se perdieron sin dejar rastros ni pistas sobre lo sucedido a sus correspondientes tripulaciones.

Una de esas investigaciones modernas más esperadas fue la que se realizó al Ártico con el fin de encontrar evidencias sobre la desaparecida expedición dirigida por el célebre navegante y explorador británico Sir John Franklin a mediados del siglo XIX.

Franklin partió del puerto de Londres el 19 de mayo de 1845 comandando una expedición de 128 tripulantes repartidos en los barcos HMS Erebus y el HMS Terror; dos embarcaciones que ya habían sido utilizadas con éxito unos años atrás en otra expedición de exploración e investigación científica a la Antártida dirigida por el botánico y marino de la Royal Navy James Clark Ross.

El objetivo de la misión de Sir John Franklin era encontrar el ‘Paso del Noroeste’, una ruta marítima que permitía transitar de Este a Oeste entre el Polo Norte y el Norte de Norteamérica. Una expedición que se había convertido en toda una obsesión para el navegante británico, quien se empeñó en llevarla a cabo a pesar de las dificultades que desentrañaba y las numerosas advertencias sobre ello de sus colegas.

Tres años después de haber partido de Franklin y sin tener noticias de éste ni de su tripulación, se dio por desaparecidos los barcos y se pusieron en marcha varias expediciones de búsqueda (tres de ellas financiadas por su esposa, Lady Jane Franklin, de las dieciocho que hubo entre 1848 y 1880).

Escasas eran las noticias que llegaban de estas búsquedas que dieran pistas concretas sobre qué le ocurrió a la tripulación del HMS Erebus y el HMS Terror. Pero poco a poco (y a través de la suma de las dieciocho mencionadas expediciones) se pudo ir haciendo un relato aproximado, al que se sumaban algunos testimonios de los inuit que residían en la zona o pertenencias y algún que otro resto humano encontrado.

A pesar de la moderna tecnología (para la época) que llevaban los barcos (motores para poder navegar con fuerza entre el hielo y refuerzos de metal en el casco de las embarcaciones), estos acabaron encallándose y siendo abandonados por los diferentes miembros de la tripulación. Se encontró un documento redactado el 25 de abril de 1848, por James Fitzjames y Francis Crozier (capitanes respectivamente del HMS Erebus y HMS Terror) donde lo explicaban y en el que daban a conocer la fecha del fallecimiento de Sir John Franklin acontecida el 11 de junio de 1847.

Los tripulantes habían decidido dirigirse hacia el sur, llevando consigo parte del equipo y provisiones. Las condiciones extremas provocaron que fueran falleciendo por el camino, pero diversas eran las causas de aquellas muertes: hipotermia a causa de las bajas temperaturas, escorbuto (uno de las principales motivos de mortandad entre los marineros por déficit de vitamina C en sus dietas, tal y como expliqué en otro post) y un buen número intoxicados por saturnismo (debido al plomo que se utilizaba antiguamente para sellar las latas de conservas).

Todo ello provocó que muchos fallecieran y que los marineros supervivientes intentaran sobrevivir practicando el canibalismo, al comerse a sus propios compañeros muertos. Investigaciones modernas realizadas a restos recuperados, han podido determinar que a lo largo de varias semanas algunos de aquellos hombres se estuvieron alimentando de la carne de otros seres humanos e incluso, como aporte nutricional, llegaron a hervir algunos de los huesos para ablandarlos y poderlos partir fácilmente con el fin de extraer la médula y comérsela también.

Ninguno sobrevivió para poder contar que sucedió y sobre el comportamiento antropófago de los tripulantes de la expedición de Sir John Franklin, siendo este un tema que ha tenido intrigado a muchísimos investigadores e historiadores a lo largo de más de un siglo y medio, teniendo ahora las evidencias científicas gracias a los avances tecnológicos actuales.

Fuentes de consulta e imagen: livescience (1) / livescience (2) / onlinelibrary / Wikimedia commons

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