El éxito de 'Insiders' puede ser la ruina para algunos concursantes

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A una semana de su estreno, Insiders está demostrando que Netflix ha dado en el clavo en su debut español en los realities. Si bien a nivel internacional no parece que esté haciendo demasiado ruido (casi sin puntuaciones en sitios dedicados a las valoraciones de críticos y usuarios), en España la respuesta está siendo diferente.

Si hacemos un repaso por Twitter enseguida encontramos decenas de publicaciones con valoraciones o comentarios sobre el concurso y sus jugadas. Además, algunos de los concursantes han duplicado sus seguidores en Instagram en tan solo una semana y el programa ocupa la tercera posición en el ranking de lo más visto de la plataforma por detrás de éxitos internacionales como El juego del calamar y You.

Sin embargo, una vez vistos sus siete episodios y las situaciones extremas que sacan a la luz la peor cara de algunos concursantes ¿hasta qué punto ha sido beneficioso para algunos de ellos pasar por este reality?

Ranking de Netflix al 28 de octubre
Ranking de Netflix al 28 de octubre

Si en algo destaca Insiders dentro de la telerrealidad es su mala leche para manipular a sus participantes. En esta especie de Gran Hermano una decena de desconocidos llegan al plató donde se grabará el reality convencidos de que deben pasar allí unos días como parte del proceso de selección definitivo. Les hacen creer que estarán conviviendo mientras pasan unas pruebas de personalidad con ayuda de un smartwatch que va midiendo sus emociones y estado anímico. Les dicen que buscan al concursante de reality perfecto y que los algoritmos de ese software darán con el ganador. Todo mentira. Los están grabando desde el día uno y manipulando también. El propósito del programa no es encontrar al concursante perfecto, sino dejar en evidencia la naturaleza humana cuando hay fama televisiva y un premio en metálico por delante.

Y es así cómo Insiders sirve de experimento sociológico sobre la naturaleza humana y los límites inexistentes cuando la codicia entra en juego.

Todos los concursantes rondan entre los 21 y 35 años, parten de una generación influenciada por la fama de las redes sociales y conscientes de la lanzadera que supone participar de un programa de Netflix. Es decir, saben de sobra que estar allí les abrirá puertas en Instagram, televisión y reconocimiento en general. Van a por todas y cada uno con sus armas. Los hay que están dispuestos a hacer lo que haga falta para ganar y los que apuestan por ser ellos mismos. Telerrealidad pura y dura, con la diferencia de que ellos no saben que esas maniobras y cruce de límites están siendo grabados todo el tiempo, haciéndonos testigos de la codicia, avaricia y manipulación que arrastra un reality cuando la estrategia queda en evidencia. Y es con semejante exposición que más de un concursante no sale bien parado, haciendo que de muchos ellos solo nos quede el recuerdo de lo que fueron capaces de hacer por un segundo de fama.

Para empezar, hablemos de conejos. En una de las pruebas los invitan a coger un arma y disparar a un conejo. No les dicen por qué, ni cuál es la prueba a superar. Simplemente les explican que tienen un arma delante, hay conejos y que disparen, preguntando ¿hasta dónde están dispuestos a llegar? El reality realiza la manipulación perfecta al advertir al espectador que nada es real, que los conejos no saldrán heridos, como si todo se tratara de una especie de ilusión óptica. De esta manera, nos centramos en prestar atención a los concursantes y sus reacciones sin temer por la vida de los conejos. Y es entonces cuando más de uno nos deja boquiabiertos. En total siete de ellos cogen el arma y disparan. El resto sale llorando, enfurecido o rabioso por la bestial prueba que les pusieron en el camino, mientras alguno parece destilar frustración por no verse capaz de pasar la prueba, temiendo que eso suponga perder un lugar en la competición.

Para los amantes de los animales, y creo que cualquier persona en general, ver que algunos son capaces de disparar a un animal indefenso sin necesidad de alguna, a mí, personalmente, me resulta atroz. ¿Solo por dinero y fama? Mientras veía la secuencia -en el segundo episodio- no podía dejar de pensar en cómo les afectaría en sus vidas a partir de ahora el quedar tanto en evidencia. ¿Afectará sus relaciones amistosas? ¿Relaciones de pareja futuras? ¿Opciones laborales? Es decir, ser el concursante de Netflix que está dispuesto a matar a un animal por fama y dinero no es un buen título que les persiga de por vida.

Tampoco lo es ver cómo algunos son capaces de cambiar de personalidad con tal de mantenerse en el juego. En el quinto episodio el programa los sorprende al hacer que el expulsado que está a punto de salir de la casa tenga el poder de escoger al próximo expulsado. Hugo, a quien la mitad de la casa no puede ni ver, de repente se convierte en amo y señor con súbditos a sus pies. Tras una fuerte discusión donde más de uno le canta su opinión descubren que él tiene el poder de expulsarlos y aquellos que lo criticaron no dudan en dar un vuelco de actitud, agachando la cabeza, diciéndole lo que quiere oír pero cumpliendo un papel tan ficticio que solo huele a dinero y manipulación.

En resumen, el reality en general es el reflejo de la capacidad de manipulación del ser humano cuando hay beneficio personal de por medio. No cabe dudas que más de un concursante tiene papeletas para hacerse notar e incluso llegar lejos en el mundo televisivo, pero a largo plazo tengo la sensación que más de un espectador recordará quienes apretaron el gatillo; quienes giraron como la chica de El Exorcista cuando su permanencia estaba en juego. ¿Cómo les puede afectar entonces en sus vidas a largo plazo?

Ser el chico que disparó a un conejo en televisión por fama y dinero no es una buena carta de presentación para una entrevista de trabajo o una primera cita. Si Insiders mantiene su ritmo de crecimiento y alcanza el éxito nacional o internacional, es probable que tenga el poder de dejar una mancha oscura en la figura pública de algunos de ellos, exponiéndose a la verborrea odiosa de los haters de las redes y sembrar un recuerdo extendido con imágenes que quedarán ahí, por siempre, en el catálogo de Netflix por los siglos de los siglos. Ellos, un arma y los pobres conejos.

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