Ya es evidente que el futuro del cine depende de un solo tipo de películas

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Los datos de taquilla de estos últimos meses están siendo de vértigo. Después de vivir dos años con cifras muy por debajo de las expectativas como consecuencia de la pandemia, los cines ven como los espectadores vuelven en masa a las salas a disfrutar de blockbusteres como The Batman, Sonic 2, Doctor Strange en el multiverso de la locura o las recientes Top Gun: Maverick o Jurassic World: Dominion.

La recuperación parece evidente cuando ves que el título de Marvel se acerca poco a poco a los 1.000 millones de dólares, que las nuevas peripecias de Tom Cruise siguen con un mantenimiento notable casi un mes después de su estreno o que la última aventura jurásica lleva más de 600 millones en tan solo dos semanas. Sin embargo, no pude decirse lo mismo de todos los títulos, como bien acaba de ocurrir con el estreno de Lightyear de Pixar.

Pósters de Top Gun: Maverick y Jurassic World: Dominion (Fotos: Paramount Pictures/Universal Pictures)
Pósters de Top Gun: Maverick y Jurassic World: Dominion (Fotos: Paramount Pictures/Universal Pictures)

Después de que la saga Toy Story lograra sobrepasar la barrera de los 1.000 millones de dólares con sus dos últimas entregas, sería lógico pensar que el renombre y aceptación que tiene esta franquicia animada sería suficiente para que el público respondiera a su primer spin-off en la gran pantalla. Pero no ha sido el caso. Esta aventura espacial, que se presenta como la supuesta película que inspiró al personaje de Andy a comprar su muñeco de Buzz Lightyear, solo ha sido capaz de recaudar 51 millones en Estados Unidos y un total de 85 en todo el mundo en su primer fin de semana.

Es todo un descalabro valorando que Toy Story 4, la anterior película de la saga y última de Pixar no afectada por el estallido del COVID-19, abriera con más de 240 millones a nivel internacional en 2019. Y esto tiene una explicación bastante lógica, porque, aunque la taquilla parece recuperada con blockbusteres batiendo cifras récord, lo cierto es que por el momento el público sigue siendo reacio a acercarse a las salas a ver otro tipo de producciones, como bien es el caso del cine familiar.

Desde que arrancó la pandemia, muchas de las películas que antes llegaban asiduamente a los cines pasaron a frecuentar los estrenos directos a streaming, como ocurrió con las cintas de mediano presupuesto o estas producciones de animación para todos los públicos. Justamente, el caso más claro lo hemos visto con Disney, que mandó sus tres últimos estrenos de Pixar a su plataforma sin pasar por salas. En un principio, esta estrategia respondía a la imposibilidad de estrenar en cines por el COVID-19, pero poco a poco se ha ido acomodando hasta hacer ver al público que no es necesario desplazarse a un cine y pagar una entrada.

Fotograma de la película 'Lightyear', el spin-off del astronauta de Toy Story (Foto: Disney/Pixar)
Fotograma de la película 'Lightyear', el spin-off del astronauta de Toy Story (Foto: Disney/Pixar)

Ya quedó claro cuando Encanto, que se estrenó en cines en noviembre de 2021, pasó sin pena ni gloria por las salas y terminó convirtiéndose en un nuevo fenómeno en su llegada al streaming tan solo un mes después. Y es que, más allá de los estrenos directos en plataformas, el acortamiento de las ventanas de exhibición a tan solo 45 días o menos no incita a los espectadores a abandonar la comodidad de sus salones. Al fin y al cabo, van a poder ver la película en sus casa dentro de una suscripción al streaming sin necesidad de desplazarse, esperar en exceso o pagar varias entradas individuales, que sin duda dispara el coste. Y esto sería clave para explicar el fracaso de Lightyear.

Claro, no ocurre lo mismo con un blockbuster, cuya grandilocuencia justifica a la perfección la experiencia en la gran pantalla y hace más fácil a los estudios de Hollywood convencernos para pagar una entrada de cine. De ahí que todas las producciones de mediano presupuesto tampoco salgan de plataformas de streaming, porque invertir los altos costes que requiere la distribución de copias o las campañas de marketing no sale a cuenta ante la nula respuesta del público.

Bien es cierto que hay excepciones, como podría ser el caso de la cinta independiente Todo a la vez en todas partes que se ha convertido en todo un fenómeno en Estados Unidos, pero en la mayoría de los casos es evidente que los modelos de distribución y consumo previos a la pandemia ya no funcionan, que los hábitos de los espectadores son diferentes y que estas nuevas cada vez parecen más permanentes. De hecho, no hay más que pararse a leer la actualidad de cine para comprobar que cada vez surgen más noticias de compras y desarrollo de proyectos por plataformas que cintas para la gran pantalla. O que incluso se está dejando de lado las películas para priorizar las series, lo que permite mantener al público más tiempo pegado a una suscripción.

Michelle Yeoh en 'Todo a la vez en todas partes' (Allyson Riggs, cortesía de Youplanet Pictures)
Michelle Yeoh en 'Todo a la vez en todas partes' (Allyson Riggs, cortesía de Youplanet Pictures)

Al final, los datos avalan que el futuro del cine en la gran pantalla solo dependería de los grandes blockbusteres, los únicos que están siendo capaces de levantar la taquilla y de llevarla a los niveles previos a la pandemia. Ni el cine familiar ni las películas de bajo o mediano presupuesto han vuelto a demostrar el mismo músculo de antaño, solo pequeñas excepciones en géneros como el terror o alguna que otra cinta que ha despertado un buen boca-oreja entre el público. Todo lo demás, parece condenado a los catálogos infinitos del streaming, incluso títulos potentes que hace años arrasaban en taquilla.

Un claro ejemplo lo vemos en que secuelas como la de Puñales por la espalda son una producción original de Netflix, que grandes franquicias como Star Wars exploran cada vez más su camino a través de las series en Disney+ o que proyectos tan potentes como una continuación de Willow vayan a quedar limitados al formato serializado en la pequeña pantalla. Que esto vaya a ser bueno o malo para la industria lo comprobaremos dentro de unos años, pero por ahora parece claro que el futuro del cine en salas está atado sin más remedio a los blockbusteres.

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