No recuerdo un inicio de Eurovisión tan catastrófico como el de este año

·5 min de lectura

Organizar un show como Eurovisión, que se erige como uno de los mayores espectáculos televisivos del mundo, requiere de una ambición técnica inmensa que ofrezca grandes y potentes posibilidades de puesta en escena que exploten todo el jugo de las canciones en nuestros televisores. Año tras año, el país encargado de alojar el festival diseña sus propios conceptos escénicos buscando nuevas formas de innovar, sorprender y ofrecer un concepto artístico que tenga su propio sello y marque la diferencia con pasadas ediciones. E Italia no iba a ser menos este 2022.

La RAI, televisión pública italiana, presentó un gran escenario caracterizado por una enorme pantalla LED trasera, una fuente acuática, grandes paneles de luces descendentes y enormes arcos cinéticos. Sobre papel, en los diferentes bocetos que se presentaron durante los meses previos al festival, la idea daba muy buenas vibraciones, especialmente por el juego que podrían dar los arcos, que además de su movimiento mostraban numerosos focos en su parte trasera y más pantallas en su frontal. Sin embargo, iniciado Eurovisión con los ensayos y su primera semifinal, el resultado ha estado muy lejos de lo esperado. Y me atrevería calificarlo de auténtico desastre.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un vídeo de Twitter no disponible por tus preferencias de privacidad

En primer lugar, porque los arcos, también denominados sol cinético, no han funcionado como se esperaba. Días antes de iniciar los ensayos, la organización del festival emitió un comunicado anunciando que debido a un problema técnico estos no se moverían a la velocidad esperada, lo que hacía imposible cambiar su disposición entre actuaciones. Al no poder arreglar el problema a tiempo, la solución pasó por dejar fija la estructura por el lado de las luces, lo que creaba todo un problema a los países que habían diseñado su puesta en escena para aprovechar los paneles LED del lado contrario.

La prensa acreditada, que pudo ver las actuaciones completas durante los ensayos, ya avisó de que a muchos candidatos este error destrozaba por completo muchos conceptos artísticos, lo que pudimos comprobar con claridad durante el transcurso de la primera semifinal. Era el caso, por ejemplo, de la actuación de Ucrania con el tema Stefania, donde al querer unir la gran pantalla del fondo con los paneles LED de los arcos para mostrar una cara sobre el escenario esta quedaba cortada. Y lo mismo con la de Albania, Letonia o Dinamarca, donde el oscuro panel trasero se veía como un estorbo para los coloridos visuales que parecían querer mostrarse en las pantallas inutilizables. Además, en escenografías como la de Lituania también se apreciaba que estaba pensada para que los arcos girasen al ritmo de la canción, lo que no era posible. Pero este no fue el único problema escénico.

Más allá del estorbo que fueron los arcos en la mayoría de las canciones, el escenario no acababa de lucir todo lo bien que podría en televisión. No sé si fue mi impresión, pero en todo momento lo veía muy pequeño para lo que suele acostumbrar Eurovisión y sentía que los tiros de cámara elegidos no eran los adecuados para mostrarlo. Los planos generales los veía demasiado abiertos, algunas cámaras se colaban en pantalla, la angulación para mostrar elementos como la fuente se sentía forzada, en más de una ocasión hubo movimientos de plano erróneos y la realización de muchas actuaciones, como el caso de Albania, fue un completo caos. Este último detalle dependería más de las delegaciones de cada país, que mandan las propuestas escénicas de sus candidaturas ya cerradas con antelación, pero creo que el poco cuidado de los italianos también fue influyente.

A esto habría que añadir problemas de sonido, que el suelo del escenario se veía sucio y rayado y que la ausencia de público en pista era muy notoria, sobre todo porque había escenografías que buscaban contraplanos con la reacción de los espectadores y al enfocar a estos en grada los planos eran muy poco naturales. Esto es entendible, ya que el diseño del escenario y del recinto estarían cerrados desde hace meses, cuando la pandemia del COVID-19 aún estaba lejos de garantizar con total seguridad que juntar a miles de personas en la pista de un evento iba a ser posible. Pero aún así, es otro error que se suma al conjunto y que no hizo ningún bien.

Mi impresión durante toda la primera semifinal fue la de estar viendo un show de Eurovisión realizado en los 2000 y no lo se debería exigir a un espectáculo de estas características en pleno 2022. Y si a esto le sumo que la mayoría de las canciones presentadas en este arranque, casi todas baladas, me producían la total indiferencia, me atrevería a calificar este inicio del festival como el más desastroso y soporífero que recuerdo.

Diría que solo actuaciones como la de Austria, Dinamarca o Noruega consiguieron levantar el ánimo, mientras que Grecia, Portugal, Países Bajos o el genial Interval Act con Diodato y su Fai Rumore (la candidatura italiana para la edición cancelada de Eurovisión 2020) fueron las únicas baladas que lograron emocionarme. Con el resto ni me inmuté. Y ya que los problemas técnicos no parece que vayan a tener una solución notoria en las próximas galas, solo confío en que el nivel musical de la segunda semifinal, donde hay grandes favoritas como Suecia y muchas otras que adoro como Serbia, Rumanía, Irlanda, Chipre o la República Checa, pueda levantar esto y darnos el espectáculo eurovisivo que merecemos.

Más historias que te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente