Relacionan la satisfacción del corredor con el orgasmo

Miguel Artime
·3 min de lectura
Los corredores de fondo suelen referir cierto momento de euforia cuando realizan ejercicio aeróbico prolongado. La explicación está en el sistema endocannabinoide y no en las endorfinas. (Imagen creative commons vista en piqsels.com).
Los corredores de fondo suelen referir cierto momento de euforia cuando realizan ejercicio aeróbico prolongado. La explicación está en el sistema endocannabinoide y no en las endorfinas. (Imagen creative commons vista en piqsels.com).

Nunca he sido runner, lo confieso. Eso de correr por correr, sin que medien las justificadas prisas que traen las verdaderas urgencias, me parece delirante. No obstante, llevo años sospechando que - además de ser una actividad de lo más saludable - debe de ser también de lo más satisfactorio. No lo entiendo, pero a juzgar por la cara de felicidad que trae mi vecino a casa cuando llega empapado en sudor y sin aliento, algo debe haber ahí.

Mis amigos deportistas, me hablan de cierto subidón asociado a las endorfinas, y a otras proteínas generadas por el cuerpo, como la serotonina, la dopamina y la oxitocina. Además, al mismo tiempo el cuerpo experimenta una reducción en los niveles de leptina, que es la hormona reguladora del apetito.

En fin, todo lo que mis amigos corredores me contaban cuadraba con el saber científico más extendido. Durante las últimas décadas, esa ha sido la explicación que los expertos daban a la envidiable sensación de bienestar que se obtiene tras realizar ejercicios aeróbicos durante un tiempo prolongado.

Esto engancha” me dicen algunos colegas, mientras me adelantan al trote, felices como potrillos. Yo siempre les respondo sarcásticamente. “Tan bueno no será, cuando ha tenido que inventarse la especialidad de medicina deportiva”. Y hete aquí que hoy descubro un nuevo trabajo que sostiene que el subidón del runner no lo producen las endorfinas (esos opioides generados endógenamente) sino otra cosa igualmente dopante: los endocannabinoides.

¡Has leído bien! Nuestro cuerpo es una auténtica maravilla. No solo produce sustancias similares a la heroína, sino que también fabrica algo parecido a su propia marihuana. Pero ahí no acaba la cosa, al parecer esos mismos endocannabinoides también hacen acto de presencia en el cerebro durante el orgasmo. Imaginad mi asombro y el giro malévolo que eso me da de cara a próximos encuentros con atletas mega-optimistas. Ahora mi batería de bromas mordaces contra ellos (ciertamente motivados por la envidia, lo reconozco) podrá incluir términos como “porreros" y "libidinosos”. Si tras eso alguno quiere agredirme, tendré que explicarles que ambos conceptos están “basados en hechos reales”. ¡La ciencia me protegerá!

Pero vamos con el trabajo, pongámonos serios.

Un equipo de investigadores germanos reclutó a 60 corredores experimentados y les administró aleatoriamente un fármaco que bloqueaba el flujo de endorfinas. Tras 45 minutos de carrera, durante los cuales la mayoría de los voluntarios experimentó el famoso subidón en mayor o menor grado, los científicos midieron el grado de euforia y ansiedad de cada uno de ellos.

¿Conclusión? Incluso con las endorfinas bloqueadas los corredores se mostraron contentos y relajados, luego estaba claro que los endocannabinoides habían entrado en juego, dejando su impacto en el estado de ánimo de los deportistas.

Al contrario que las endorfinas, los endocannabinoides son capaces de dar el salto al cerebro desde el torrente sanguíneo. De hecho, esta incapacidad de las endorfinas para alcanzar el “centro de mando” fue lo que hizo dudar a los científicos de su intervención en la citada euforia del corredor.

Si te estás preguntando por qué nuestro cuerpo nos recompensa con sustancias “dopantes”, los investigadores creen que el mecanismo es una reliquia de nuestros tiempos de cazadores-recolectores. Por aquellos tiempos, si querías comer gacela a la brasa tenías que agotarla previamente persiguiéndola por la sabana durante horas. Sin duda esos endocannabinoides contribuían a mantener el buen humor durante las interminables persecuciones al trote.

El trabajo dirigido por Michael Siebers y Sarah V. Biedermann (Hospital Universitario Hamburgo-Eppendorf) acaba de publicarse en Psychoneuroendocrinology.

Me enteré leyendo InsideHook.

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