Eufemiano vuelve a reírse de España porque se sabe intocable

Luis Tejo
·6 min de lectura
Eufemiano Fuentes durante la entrevista. Foto: LaSexta.
Eufemiano Fuentes durante la entrevista. Foto: LaSexta.

En la noche de ayer domingo se celebró uno de los acontecimientos deportivos que más expectación habían generado en España en lo que llevamos de 2021. Pero no ocurrió en ningún estadio, o pista, ni fue una carrera por las carreteras más complicadas del país, sino que tuvo lugar en un entorno tan atípico como una habitación de hotel. Y el protagonista tampoco era ningún gran campeón, aunque él mismo llegara a decir que su trabajo esté detrás de varias medallas olímpicas.

Porque anoche el canal de televisión LaSexta emitió la entrevista que Jordi Évole le hizo al doctor Eufemiano Fuentes. Este hombre de 66 años acaba de jubilarse de su puesto como médico de familia en un ambulatorio de su Gran Canaria natal, pero por lo que es conocido es por su faceta anterior en el mundo del deporte. Y sobre todo, por su participación en tramas de dopaje como la Operación Puerto.

Y sí, la intervención de Fuentes dejó titulares abundantes que pueden dar juego en la prensa durante los próximos días. Pero se quedó corta, muy corta. Contó únicamente lo que quería contar, calculándolo al milímetro, quizás más bien como un ajuste de cuentas personal contra gente como Fermín Cacho. Pero si alguien esperaba que desvelara toda la verdad, que relatara todo lo que sabe sobre el uso de sustancias ilícitas para hacer trampas en el deporte español, probablemente terminó muy decepcionado.

Fuentes citó algunos nombres de deportistas y equipos, o más bien insinuó, ya que se cuidó mucho de hacerlo de forma lo suficientemente sutil como para que no haya por dónde coger una hipotética querella. Pero más que lo que dijo, llama poderosamente la atención lo que se calló. Porque la sensación que transmitió es la de saber mucho más de lo que decía, pero ocultarlo intencionadamente en su propio beneficio. 

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Es una estrategia de estilo casi mafioso. Acepta reservarse según qué información potencialmente destructiva para algunos de los estamentos más privilegiados de nuestro deporte. De esa manera, aun siendo uno de los principales implicados en el funcionamiento de un sistema que él mismo califica de tramposo, se garantiza un retiro tranquilo en su isla disfrutando del mucho dinero que ha ganado (él mismo acepta haber recibido pagos elevadísimos) y sin miedo a consecuencias penales futuras.

"Si te contara qué atletas eran mis clientes rompería el secreto profesional". "No me gustaría tener que decir nombres". "Si te digo que no me acuerdo no me lo vas a creer". "Pasaron cosas que si las contase serían muy perjudiciales para el deporte español, pero no las pienso contar por coherencia profesional". "Si cuento todo lo que sé caerían medallas españolas, por eso no pienso decirlo". Son frases literales que soltó durante la conversación con Évole. 

También añadió que carece de pruebas... por ahora: "La mayoría de documentos que tenía me fueron incautados, expoliados por la Guardia Civil. Llevo 15 años esperando a que me los devuelvan. Parece que me los van a devolver pronto". Pero hasta con respecto a esto se expresa en condicional: "Ahí habría pruebas. Documentos, resultados de análisis, prescripciones...".

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Hace 15 años, en 2006, lo que pasó es que estalló la Operación Puerto, una intervención policial en la que se desarticuló la, posiblemente, mayor red de dopaje organizado en la historia del deporte de élite en España. Hizo muchísimo ruido en su momento, pero quedó en casi nada, porque el dopaje como tal no se consideraba delito según la legislación nacional de la época; lo máximo que se podía imputar era un crimen contra la salud pública del que, a criterio del juez Antonio Serrano, tanto Fuentes como el resto de imputados salieron absueltos. 

Entre otras cosas, porque la justicia española colaboró poco y mal con las autoridades deportivas internacionales, negándose a facilitar material a organismos como la Unión Ciclista Internacional o la Agencia Mundial Antidopaje. Además, los juicios se fueron retrasando, con el riesgo correspondiente de que se fueran destruyendo pruebas y de que los hechos prescribieran. A ojos del mundo, la Puerto hizo quedar a nuestro país como unos chapuceros que no se tomaban la lucha antidopaje en serio... pero, más allá de algún ciclista y del caso de la corredora Marta Domínguez, sancionada años más tarde, ninguna figura del deporte español sufrió represalias.  

La lista de clientes de la red tiene algunos nombres identificados, casi todos del mundo del ciclismo, si bien de otras muchas actividades apenas hay sospechas y conjeturas sobre su identidad real. Sospechas y conjeturas, claro, para el aficionado común e incluso para los investigadores que no han logrado confirmar sus identidades. Fuentes por supuesto que lo sabe absolutamente todo. Pero no lo desvela. Ni tiene obligación legal de hacerlo ni le hace falta, porque mantener la boca cerrada le permite seguir con el chantaje.

En este sentido, la intervención de ayer se puede interpretar como un mero recordatorio con destinatarios concretos. Con mucha sutileza dejó claro que no se trata solo de ciclismo y atletismo, sino que hay implicaciones en el fútbol, el deporte que más dinero mueve en España y que más conexiones tiene con el poder. La fórmula habitual de negar y afirmar a la vez dejó claro que, según su versión, todo un Real Madrid está manchado en el tema.

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Por si faltara algo, también aludió a la alta política, nombrando directamente al Partido Socialista. Que es el que estaba en el poder en los '80, cuando empezó todo, Fuentes formaba parte del organigrama de la Real Federación Española de Atletismo y se le pagaron viajes a países de Europa del este a "aprender técnicas". Que también estaba en el poder a partir de 2004, cuando, según asegura, el entonces presidente del Consejo Superior de Deportes, Jaime Lissavetzky, le hizo llegar una oferta para volver a trabajar para ellos, a través del antiguo atleta y también cargo del PSOE (concretamente concejal en Andújar, en Jaén) Fermín Cacho. Y que, casualmente, es el que está en el poder ahora.

A nadie le interesa remover la basura. A nadie le conviene que Eufemiano cuente lo que sabe. Porque él era el brazo ejecutor, pero las implicaciones del escándalo podrían ser mucho mayores si todo, absolutamente todo, saliera a la luz. Lo de ayer en Lo de Évole puede interpretarse como un toque de atención, un aviso a quien corresponda de que él está ahí y no quiere que le molesten, porque si no, puede haber consecuencias. 

El doctor tenía un mensaje que dar y lo ha dado, valiéndose para ello de uno de los programas de televisión con más repercusión del panorama mediático nacional. Évole, confiando en que Eufemiano iba a contar cosas jugosas, ha mordido el anzuelo y le ha dado la oportunidad. ¿Tú, espectador, esperabas otra cosa? ¿Creías que por fin se iba a arrojar algo de luz sobre los episodios más turbios del deporte español contemporáneo? ¿Sientes que el médico tramposo se ha reído una vez más de ti como aficionado? El propio Fuentes te dirá que eso es problema tuyo. Tú puedes añadir que también es problema de Évole, porque a fin de cuentas ha participado poniendo su nombre a esta pantomima.

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