Un estudio sigue las huellas de la "pluralidad cultural del franquismo"

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Santiago de Compostela, 15 jul (EFE).- El historiador Xosé Manuel Núñez Seixas sostiene que no es exactamente correcta la idea de que la defensa de la pluralidad cultural y territorial de España era patrimonio del antifranquismo, sino que este concepto era defendido también por algunos sectores de la dictadura e incluso desde un partido de ideología fascista como la Falange.

En su ensayo 'Imperios e danzas: As Españas plurais do Franquismo', con el que obtuvo el Premio Ramón Piñeiro de Ensayo 2020, este catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela analiza la puesta en escena de las identidades subestatales, tanto regionales como locales, por parte del régimen franquista, con el amparo de una densa y rigurosa documentación.

"Con frecuencia se interpreta que la defensa de la pluralidad cultural y territorial de España era patrimonio del antifranquismo, que la dictadura fue centralista desde el punto de vista político, y, siendo esto cierto, lo que también quise hacer ver es la idea de que España no era uniforme sino que había una variedad de culturas, lenguas o tradiciones muy arraigada, tanto en el pensamiento católico-tradicionalista, ya antes de la Guerra Civil, como también incluso en el falangismo", afirma el historiador en una entrevista con Efe.

Núñez Seixas comenta que inicialmente se produce "una divergencia entre católico-tradicionalistas falangistas frente a los militares partidarios de que España sea un cuartel donde solo mandan los de arriba, pero al mismo tiempo hay una cierta pluralidad de espacios donde, con diferentes intensidades, mucho menos en los años 40, y con mayor fuerza en los 60 y 70, actores muy diversos que procedían tanto del Régimen pero también de círculos opositores, coincidían y promovían iniciativas culturales o idiomáticas, referentes de identificación regionales que, cuando menos, matizaban la idea de unidad".

En esta línea, explica que el folclore "es lo más conocido y lo más vistoso", y recuerda que a finales de los años 40 "Franco hacía salir a sus ministros del pazo de Meirás precedido de una banda de gaiteiros; lo que no sabemos es qué tocaban porque en la cinta de vídeo no se escucha la música".

Núñez Seixas explica que no sólo la izquierda se apuntó "a la eclosión de las reivindicaciones territoriales", sino que existía también una parte de las "élites franquistas" que practicaban una política cultural para fomentar la aportación de cada región al conjunto de la nación".

Detalla que iniciativas culturales de los galleguistas en los años 50 y 60 "no se entienden si no se tiene en cuenta que había personajes en el galleguismo que estaban conectados con el régimen franquista. No se entienden sin Filgueira Valverde, no se entienden sin Álvaro Cunqueiro, sin el marqués de Figueroa, o sin un tipo de camisa azul como José María Castroviejo Bolíbar", señala.

Premio Nacional de Ensayo en 2019, Núñez Seixas, cuyas investigaciones se centran generalmente en el análisis comparado de los nacionalismos, en los estudios migratorios y en la historia cultural de la guerra, sostiene que "el folclore es una invención del siglo XIX, que es cuando se tipifican los bailes regionales, cuando se tipifican o se inventan los trajes regionales..."

"El folclore en sí no existe, es una construcción que se hace en torno a las diferencias culturales que después crea determinados arquetipos, pero esto lo hacían antes de los franquistas los republicanos, lo hacían también los libre-pensadores, los tradicionalistas, lo hacían los galleguistas, pero cada quien le daba diferentes lecturas", argumenta.

Núñez Seixas sostiene que "el folclore en sí políticamente es inocuo, es una manera de canalizar sentimientos identitarios, de controlarlos, de recrear la tradición, siempre considerando que, obviamente, es un género cultural menor, no es alta cultura, pero contribuye a enriquecer el patrimonio del país".

Como ejemplo cita a la Sección Femenina que, sostiene, "recopilaba piezas de los más diversos idiomas de la península", y hace hincapié en que "el gran momento de auge del baile de la 'muiñeira', en parte, es obra de la Sección Femenina".

"Lo fascinante de esto -prosigue- es ver cómo todo este proceso de selección de lo que es realmente popular y lo que no obedece a una serie de directrices políticas, más que políticas yo diría que político-culturales. Indiscutiblemente, España es 'una' políticamente hablando, pero existen numerosos afluentes culturales y territoriales que confluyen en un gran río que es España como nación".

En el caso de las lenguas, y en concreto del gallego, Xosé Manuel Núñez Seixas asume que, "efectivamente, persistía el estigma social negativo" pero precisa que al mismo tiempo se abrían "grandes espacios de tolerancia, no para una utilización oficial del idioma pero sí para una utilización semipública", como podía ser el caso de las fiestas u otro tipo de manifestaciones culturales.

"Desde el Régimen había un discurso en el sentido de querer transmitir que no se estaba en contra de las lenguas regionales siempre y cuando se mantuviesen en su estadio de naturaleza, el cual no era el espacio de la alta cultura sino básicamente el de la gente de abajo".

"Los perjuicios sociales siguen estando ahí, pero, por otro lado, hay una posición por parte del Régimen en la que no se prohíbe pues se pensaba también que el avance de que la modernización y la administración en castellano acabarían por asentar la hegemonía absoluta del castellano", añade.

Núñez Seixas habla de la existencia de grupos dentro del Régimen, "sobre todo carlistas, e incluso algunos falangistas", que tenían una idea de la pluralidad de España "un poco más moderna", pero matiza que se trata de sectores "que casi nunca tienen la fuerza suficiente para imponer sus ideas". "El Fraga Iribarne de los años 60, obviamente, no estaba en ese grupo", concluye.

Por Juan Rodil

(c) Agencia EFE

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