Cómo el estrés por el coronavirus está dañando tu sistema inmunitario

El estrés por el coronavirus afecta nuestras defensas. [Foto: Getty Creative]

Nuestro mundo ha cambiado radicalmente en pocos días. Nuestras seguridades, certezas y rutinas se han hecho pedazos. Tenemos que hacer frente a un virus nuevo y letal. Un periodo de aislamiento en casa que no sabemos cuánto durará. Y las preocupaciones por la desintegración de la economía.

Es comprensible que ese cóctel genere miedo, estrés y ansiedad. Muchas personas también están muy enfadadas. Cada quien reacciona e intenta lidiar con esta situación inédita como puede. “Una reacción anormal a una situación anormal es el comportamiento normal”, dijo el psiquiatra Viktor Frankl refiriéndose a su terrible experiencia en los campos de concentración de Auschwitz y Dachau.

Cuando estamos bajo secuestro emocional es difícil razonar con objetividad. Nos ponemos a la defensiva y nos encerramos tanto en nosotros mismos que nos cuesta aceptar cualquier mensaje diferente. No es un fenómeno nuevo. Ante situaciones extremas, nos polarizamos y radicalizamos.

Somos víctima del efecto túnel. Nos enfocamos tanto en el peligro que no logramos captar el entorno en su complejidad. Como resultado, nuestra capacidad para evaluar la situación disminuye y aumentan las probabilidades de que tomemos malas decisiones. Obviamente, esos estados emocionales no nos ayudan a mantenernos saludables, ni mental ni físicamente. Podemos limitarnos a ser simples espectadores, mientras el estrés destruye nuestras defensas. O podemos tomar cartas en el asunto y limitar su impacto.

Estrés, el aliado de los virus

El sistema inmunitario no funciona al margen de nuestros estados emocionales. [Foto: Getty Creative]

El sistema inmunitario nos ayuda a protegernos de las enfermedades, pero no funciona al margen de nuestro estado psicológico. Nuestras emociones, sobre todo aquellas que se mantienen durante largos periodos de tiempo, influyen en nuestra inmunidad, contribuyendo a fortalecer o bajar nuestras defensas.

Los virus causan más estragos en un sistema inmunitario debilitado. Y el Covid-19 no es la excepción. Investigadores del Instituto Nacional de Tumores de Nápoles profundizaron en el mecanismo de ataque de este virus y revelaron que “en la etapa temprana de la enfermedad se puede apreciar un recuento disminuido de linfocitos. La linfopenia parece ser un factor pronóstico negativo. También se detectan valores aumentados de proteína C reactiva”.

¿Qué significa esto? Vayamos por partes.

Los linfocitos forman parte del sistema inmune. Los linfocitos B elaboran los anticuerpos para luchar contra los virus y bacterias, mientras que los linfocitos T se encargan de destruir las células del cuerpo que han sido infectadas. Sin embargo, el estrés crónico provoca una reducción del número de linfocitos, en especial las células asesinas naturales (NK) y los linfocitos T, como comprobó un estudio publicado en PLoS One.

Las células NK son importantes para limitar las fases tempranas de las infecciones virales, antes de que la inmunidad específica sea efectiva”, pero el estrés se ceba especialmente con ellas, como indicaron investigadores de la Universidad de Kentucky tras analizar más de 300 estudios científicos sobre los efectos del estrés en el sistema inmunitario.

Por otra parte, la proteína C reactiva es un indicador de inflamación. La inflamación es consecuencia de la respuesta de nuestro organismo ante las agresiones. Esta proteína desempeña fundamentalmente un papel defensivo. No obstante, cuando existen células dañadas, puede aumentar el daño de los tejidos. Por ese motivo, en algunos casos, como en las personas afectadas por el Covid-19, unos niveles elevados de proteína C reactiva pueden ser perjudiciales y agravar el cuadro.

Los niveles elevados de proteína C reactiva también se han vinculado a varios trastornos psicológicos, desde la depresión hasta el estrés. Un estudio realizado con personas que estuvieron relacionadas con los atentados del 11 de septiembre de 2001 descubrió que quienes sufrían estrés postraumático también tenían niveles más elevados de proteína C reactiva.

El estrés crónico tiene un efecto inmunosupresor porque altera los patrones de secreción de citocinas, las cuales deberían activar nuestra respuesta inmune para luchar contra diferentes tipos de infección. Este cambio se produce fundamentalmente a través de la acción de las hormonas del estrés, como el cortisol.

En resumen, si no combatimos el miedo, la ansiedad y el estrés para dar una mano a nuestro sistema inmunitario, nuestras defensas lo tendrán más difícil para luchar contra el virus.

No hay que forzar la felicidad, solo hay que sentirse en calma

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Ya sabemos que para evitar contagiarnos debemos lavarnos correctamente las manos y mantener una distancia social. Son medidas IMPRESCINDIBLES. Sin embargo, también es importante fortalecernos psicológicamente. La situación que estamos atravesando representa un doble reto porque no solo afecta nuestra salud sino también nuestro equilibrio psicológico.

Algunas personas creen que es “artificial” alimentar las emociones positivas en momentos como este, pero es precisamente en los momentos más difíciles que debemos luchar por mantener la calma y el equilibrio.

Alimentar las emociones positivas no significa obligarse a ser feliz o atornillarse una sonrisa forzada al rostro sino reencontrar la serenidad en medio de la tormenta. Tampoco significa que los pensamientos negativos, las preocupaciones, el estrés y el miedo desaparecerán completamente, sino que nos daremos una tregua de ese estado desgastante para dar tiempo a nuestro sistema inmunitario a que se recupere.

¿Cómo podemos lograrlo? La meditación mindfulness, por ejemplo, ha demostrado ser una técnica eficaz tanto para recobrar la calma como para proteger nuestro sistema inmunitario. Una revisión exhaustiva realizada sobre los efectos de este tipo de meditación en el sistema inmunitario en más de 1 600 personas concluyó que esta práctica “reduce los procesos proinflamatorios y aumenta los parámetros de defensa mediados por las células”, de manera que nos ayuda a “mantener un perfil inmunitario más salutogénico”.

Sin embargo, cada quien debe encontrar las estrategias y técnicas que mejor le funcionen para recuperar su equilibrio interior. Mantenernos serenos cuando todo fluye según nuestros planes y no se vislumbran nubes negras en el horizonte no tiene mérito. El verdadero logro consiste en mantenerse serenos – en la medida de lo posible – cuando las cosas se tuercen. Aunque se trate de una serenidad a ratos, arrancada a las malas noticias y al desánimo. Esa serenidad será clave para fortalecernos, física y mentalmente.

 

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