‘Estoy pensando en dejarlo’, la pesadilla existencialista de Netflix que se queda en tu cabeza

Pedro J. García
·9 min de lectura

PUNTUACIÓN: 85/100

Este artículo puede incluir spoilers

Casi todo el mundo ha pasado por una ruptura. Cuando eres tú quien ha tomado la decisión de dejarlo, comunicar la noticia a tu pareja puede llegar a ser lo más difícil que has hecho nunca. Y más aun cuando estás a punto de conocer a sus padres. ¿Cuándo es el mejor momento para hacerlo? ¿Y la mejor manera? ¿Me estaré equivocando? ¿Debería darle otra oportunidad?

Esta es la idea de la que parte la nueva película de Netflix Estoy pensando en dejarlo (en Latinoamérica Pienso en el final), pero lo nuevo del siempre interesante Charlie Kaufman no es lo que parece, sino algo mucho más complejo y enrevesado que esta simple premisa romántica: una pesadilla existencialista que confunde, fascina y tiene el poder de dividir fuertemente a la audiencia. ¿Merece la pena verla?

Jesse Plemons y Jessie Buckley en 'Estoy pensando en dejarlo' (Mary Cybulski/Netflix)
Jesse Plemons y Jessie Buckley en 'Estoy pensando en dejarlo' (Mary Cybulski/Netflix)

Charlie Kaufman guarda un lugar especial en la memoria cinéfila gracias a varias películas que lo consagraron como uno de los guionistas más inteligentes y estimulantes del cine reciente. Sus colaboraciones con Spike Jonze y Michel Gondry marcaron el pulso del cine indie de entre finales de los 90 y la primera década del siglo XXI. Con Cómo ser John Malkovich, Adaptation. (El ladrón de orquídeas) y ¡Olvídate de mí!, Kaufman demostró tener un don muy especial y una voz muy particular para contar historias, lo que le llevó a ser nominado al Óscar por las tres, ganándolo por la última.

Su debut en la dirección, Synecdoche, New York, así como su segunda película como realizador, Anomalisa, no causaron el impacto de sus trabajos como guionista y pasaron más bien desapercibidas para el público, a pesar de que la segunda fue nominada al Óscar a Mejor Película de Animación entre otros muchos laureles. Esto le llevó a perder el interés por la dirección durante un tiempo, pero la oportunidad de estrenar en Netflix le hizo ver las cosas de otra manera. En la plataforma de streaming no hay taquilla, la película no desaparece si no recauda mucho dinero, está ahí de forma permanente para quien quiera descubrirla, y por tanto, la presión es distinta (/Film).

Así es como Kaufman decidió sentarse de nuevo en la silla del director para realizar la adaptación de la novela de Iain Reid, Estoy pensando en dejarlo (I’m Thinking of Ending Things), un viaje en carretera que se transforma en un surrealista y oscuro thriller psicológico en el que todo es posible y donde el espectador que se suba en el coche con los protagonistas se verá obligado a encarar la realidad de su propia existencia.

La película cuenta la historia de una mujer (Jessie Buckley) que está buscando la manera de romper con su novio (Jesse Plemons). Llevan poco tiempo juntos, pero su relación se deteriora rápidamente y para ella ya está claro que él no es el hombre de su vida, a pesar de tener bastantes virtudes. La situación se complica durante una visita a casa de los padres de él (Toni Collette y David Thewlis) en pleno temporal de nieve. Lo que comienza como un encuentro incómodo acentuado por el extraño comportamiento del matrimonio, no tarda en convertirse en una experiencia absolutamente desconcertante para la mujer, que observa cómo el tiempo y la realidad empiezan a jugarle malas pasadas hasta hacerle perder la noción de sí misma.

David Thewlis y Toni Collette (Mary Cybulski/Netflix)
David Thewlis y Toni Collette (Mary Cybulski/Netflix)

Cualquiera que esté familiarizado con el trabajo de Kaufman sabrá más o menos qué se va a encontrar en Estoy pensando en dejarlo. Su estilo se caracteriza por fusionar realidad y ficción en busca de un significado mayor de las cosas, para lo que pone delante del espectador un rompecabezas que obliga a pensar y cuestionarse todo, y que en cierto modo nos hace partícipes de la película. Su capacidad para retorcer las historias y llenarlas de capas se repite en este trabajo, en el que Kaufman vuelve a convertir a sus personajes en títeres con los que reflexiona sobre temas como la soledad, el paso del tiempo, el trauma, cómo nos condiciona el pasado, la identidad cultural y por supuesto, las relaciones.

Profundamente excéntrica, más confusa a medida que avanza y muy idiosincrásica en su narración y sentido del humor, Estoy pensando en dejarlo es uno de esos films que tienen el poder de dividir fuertemente a la audiencia. Desde luego, la propuesta de Kaufman no es para todo el mundo y su desarrollo puede resultar frustrante. Incluso para los que la estén disfrutando. Es decir, estamos ante una de esas películas que amas u odias. Es más, una de esas que puedes odiar un poco incluso si la amas, o amarla en el fondo incluso si la has odiado. Lo que sí está claro es que, sea cual sea tu reacción, es muy difícil que te deje indiferente y se vaya pronto de tu memoria.

Kaufman lleva a cabo en ella una enmarañada disección del tiempo en la que bombardea al espectador con dilemas metafísicos y cuestiones sobre nuestra identidad en relación a los demás, al mundo y a la ficción, para lo que utiliza el flujo de pensamiento de la protagonista y el lenguaje de los sueños y el subconsciente. Tomando prestado de la psicología, la filosofía, la poesía, incluso la crítica de cine, la película nos obliga a cavilar sobre nuestro comportamiento y personalidad de forma provocadora y con una autoncosciencia que roza lo perverso: “El pensamiento es más real que la acción”, “Quizá todos estemos programados”, “Los humanos no viven en el presente”, “La realidad objetiva no existe”, “Nos creemos originales, pero somos los pensamientos y las opiniones de otros”… La cantidad de hipótesis sobre la naturaleza humana que Kaufman inserta en las conversaciones aparentemente casuales entre los protagonistas da lugar a una película que sobreestimula nuestros sentidos y se queda con nosotros mucho después de los créditos finales.

'Estoy pensando en dejarlo' (Mary Cybulski/Netflix)
'Estoy pensando en dejarlo' (Mary Cybulski/Netflix)

Aunque no es un film intrínsecamente de terror, Estoy pensando en dejarlo tiene mucho en común con cintas recientes del género que han causado un fuerte impacto cultural. Además de presentar ecos al clásico de Buñuel El Ángel Exterminador, la premisa recuerda inevitablemente a Déjame salir, el oscarizado film de Jordan Peele en el que también acompañamos a una pareja durante la visita a la casa de los padres de uno de ellos (un temido rito de paso con el que muchos podemos sentirnos identificados, de nuevo convertido en pesadilla); como también a Midsommar, la macabra fábula de Ari Aster que es en el fondo una muy retorcida película de ruptura, como también se podría describir a la de Kaufman.

Pero -aun siendo una adaptación- Estoy pensando en dejarlo es esencialmente una película de Kaufman, un reflejo más siniestro, claustrofóbico y nihilista de su mente que, si bien no recurre a sustos o imágenes abiertamente terroríficas, puede resultar muy perturbadora e inquietante, lo que a su manera la acerca al terror psicológico. Sobre todo en su primera mitad. Porque lo que ocurre en la segunda y en su recta final ya es mucho más difícil de describir y clasificar. Y esa es la verdadera prueba de fuego para el espectador. En su última media hora, la película abraza el exceso en un clímax donde la historia cambia el foco para hacernos verla desde otra perspectiva, se desfragmenta por completo y cualquier cosa puede ocurrir: una escena de baile, una secuencia de animación o un número musical. Kaufman no tiene límites.

Y digo que esa es la prueba de fuego porque en este acto final es donde Kaufman decide dar rienda suelta a todos sus impulsos y se reafirma sin remordimientos en un estilo que puede no ser para todos. De ahí que muchos hayan tachado la película de pedante o pretenciosa, mientras otros la han elogiado como creativa, ingeniosa y ambiciosa. Aplicando la historia que nos está contando a nuestra experiencia como espectadores (que es justo lo que pretende), nuestra reacción dependerá de nuestro manera de observar y analizar la cultura, así como de nuestras experiencias pasadas y nuestras relaciones. Puede que nos pida demasiado, pero es un experimento brillante y hay que verlo para formarse una opinión.

Por si no estaba claro, yo soy de los que han entrado en el juego y se han dejado arrebatar por la película. Estoy pensando en dejarlo no solo demuestra que Kaufman es un guionista y adaptador excelente, sino también un buen director. Su puesta en escena rebosa creatividad y buenas ideas (la película tiene un acabado visual y sonoro muy bonito), y su dirección de actores es sobresaliente, exprimiendo al máximo a cuatro actores completamente entregados. Buckley y Plemons están fantásticos, pero mención especial merecen Collette y Thewlis, dos actores que, por muy pequeños que sean sus papeles, siempre se las arreglan para hacerlos enormes.

Adentrarse en esta película es zambullirse de cabeza en una exploración de los miedos, las relaciones y la existencia humana, una meditación deprimente y divertida a partes iguales sobre el aislamiento, la soledad y el paso del tiempo entre muchas otras cosas. Y también una reflexión muy meta sobre la ficción y cómo la usamos para relacionarnos con el mundo, llenar nuestro vacío existencial y manejar nuestras expectativas sobre los demás. Tal y como ya ha hecho antes, Kaufman vuelve a exhibir esa maestría suya a la hora de comentar y desmontar su propio proceso narrativo para añadir dimensiones a la historia e insertarse en ella con el espectador. Como decía, es fácil tacharlo de pretencioso, pero no hay duda de que su mente es prodigiosa y su trabajo aquí muy laborioso.

La cantidad de matices y detalles de la película hacen de ella un enigma a descifrar que deja mucho espacio a la interpretación y pide ser vista más de una vez. Los habrá que digan “una y no más”, mientras que otros ansíen repetir para unir todas las piezas del puzle. En cualquier caso, Netflix ha conseguido algo que no suele hacer: una película memorable con mimbres de cinta de culto que, incluso aunque no sea vista por mucha gente, quedará rondando en la mente de los que sí lo hemos hecho, fusionándose con nuestros pensamientos.

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