Esquizofrenia paranoide: cómo es vivir con el trastorno que padece Noelia de Mingo

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John Forbes Nash fue el matemático estadounidense en quien se inspiró la película “Una mente maravillosa”. Noelia de Mingo es una doctora que se estaba especializando en Reumatología. Nash ganó un Premio Nobel en Economía. Noelia de Mingo mató a tres personas en el año 2003 y apuñaló a otras dos hace poco. Sus vidas han discurrido por caminos diferentes, pero ambos tienen algo en común: un diagnóstico de esquizofrenia paranoide.

La esquizofrenia paranoide es un trastorno psiquiátrico en el que la persona pierde el contacto con la realidad sufriendo delirios y alucinaciones. [Foto: Getty Images]
La esquizofrenia paranoide es un trastorno psiquiátrico en el que la persona pierde el contacto con la realidad sufriendo delirios y alucinaciones. [Foto: Getty Images]

¿Qué es la esquizofrenia paranoide?

La esquizofrenia es un trastorno psiquiátrico que se caracteriza por la aparición de delirios y alucinaciones acompañados por un comportamiento caótico y un estado afectivo negativo. De hecho, la afectividad se va empobreciendo y la persona puede experimentar anhedonia y un aplanamiento afectivo que se manifiesta como una frialdad hacia los demás.

En la esquizofrenia el pensamiento también se desorganiza, lo cual significa que a la persona le cuesta razonar de manera lógica. En una conversación, puede cambiar de un tema a otro continuamente, obsesionarse con los detalles o articular una ensalada de palabras incomprensible.

La esquizofrenia paranoide es una de los subtipos más comunes. A menudo la persona se muestra tensa y alerta porque recela de los demás y piensa que quieren hacerle daño. Es habitual que se encierre en su mundo y evite la compañía de otras personas.

Esos síntomas desdibujan la línea entre lo real y lo ilusorio, de manera que a la persona con esquizofrenia puede perder el contacto con la realidad y le resulta difícil responder de manera adaptativa a los estímulos de su entorno; o sea, no puede llevar una vida normal.

Un mundo delirante construido ladrillo a ladrillo

Las personas con esquizofrenia paranoide sufren delirios intensos muy resistentes a las pruebas contrarias. [Foto: Getty Images]
Las personas con esquizofrenia paranoide sufren delirios intensos muy resistentes a las pruebas contrarias. [Foto: Getty Images]

 

 

Las personas con esquizofrenia paranoide sufren delirios particularmente intensos que suelen ser muy resistentes a las pruebas contrarias. La lógica convencional, los argumentos sensatos o los hechos no son suficientes para desmontar sus delirios. Cada paciente construye su mundo delirante.

De hecho, existen diferentes tipos de delirios. La persona que padece delirios de grandeza cree que tiene habilidades excepcionales o que está destinada a una misión especial mientras que quienes sufren delirios persecutorios están convencidos de que alguien los espía o acosan para perjudicarlos, hacerles daño o incluso matarlos.

John Nash, por ejemplo, creía que todos los hombres que usaban corbatas rojas formaban parte de un grupo de comunistas que conspiraban en su contra mientras que Noelia de Mingo estaba convencida de que la Fundación Jiménez Díaz para la que trabajaba en 2003 la grababa en el interior de su domicilio y todo su personal se había puesto de acuerdo para echarla y hacerle daño.

A menudo la esquizofrenia paranoide también se acompaña de delirios referenciales. La persona interpreta muchos de los gestos, comentarios o estímulos del entorno como señales dirigidas hacia ella. En práctica, se vuelve profundamente egocéntrica y convierte hechos banales o casuales en pruebas que respaldan su visión delirante.

Una conversación trivial como: “Anoche comiste un yogur, ¿no?”, fue asumida por Noelia de Mingo como la prueba de que la estaban grabando y estaban al tanto de todos sus pasos. Cuando veía a sus colegas hablando distendidamente, pensaba: “Están murmurando, seguro que es sobre mí”, según revelaron los informes.

Los delirios son intentos de reconexión de la persona enferma con el mundo exterior, un mundo que ha dejado de tener sentido y que debe reconstruir en su mente. El problema es que el déficit en la capacidad para inferir las intenciones de los demás que se produce en la esquizofrenia, hace que estas personas presten atención a estímulos irrelevantes, los interprete como significativos y saque conclusiones erróneas desligadas de la realidad o completamente fantasiosas.

Alucinaciones, una angustia muy vívida

Las alucinaciones son muy vívidas, por lo que la persona cree que son experiencias reales. [Foto: Getty Images]
Las alucinaciones son muy vívidas, por lo que la persona cree que son experiencias reales. [Foto: Getty Images]

Las alucinaciones son otro síntoma habitual de la esquizofrenia paranoide. Se trata de percepciones en ausencia de estímulos que las generen. La persona puede escuchar voces, a menudo que la insultan o la animan a cometer actos atroces, puede tener sensaciones corporales desagradables como arañas caminando por su cuerpo o ver a personas inexistentes o monstruos amenazantes.

El problema es que la mayoría de las alucinaciones son muy vívidas, de manera que la persona enferma no duda de que sean experiencias reales. Así se desdibuja aún más el límite entre la realidad y el mundo delirante. Tanto John Nash como Noelia de Mingo escuchaban voces. La doctora contó que esas voces la humillaban, amenazaban y se reían de ella. “Iban a por los cinco miembros de mi familia y nos iban a quemar en la plaza (…) veía a hombres supermanes que me iban a tirar por una ventana”, afirmó.

En algunos casos, el entramado de alucinaciones y delirios puede llegar a ser muy complejo. Noelia de Mingo, por ejemplo, pensaba que todo a su alrededor era una gran farsa en la que estaban involucradas decenas de personas. Para ella, sus compañeros de trabajo y algunos miembros de su familia y su reducido círculo social eran actores que interpretaban un papel para vigilarla de cerca.

De hecho, la esquizofrenia se ha relacionado con diferentes síndromes de falsa identificación delirante. Quienes padecen el síndrome de Capgras, por ejemplo, creen que los familiares o las personas que se encuentran a su alrededor han sido sustituidas por dobles o son actores que se comportan del mismo modo.

Obviamente, esos mundos delirantes que construye en su mente la persona con esquizofrenia paranoide son muy angustiantes. No es fácil no poder escapar de voces que nos insultan o estar convencidos de que no podemos fiarnos de quienes nos rodean porque tienen malas intenciones. Esos delirios terminan generando un nivel de tensión, alerta permanente e hipervigilancia que exacerba aún más el trastorno y precipita los cuadros psicóticos.

¿Existe cura para la esquizofrenia?

El 20% de las personas con esquizofrenia evolucionan de manera favorable. [Foto: Getty Images]
El 20% de las personas con esquizofrenia evolucionan de manera favorable. [Foto: Getty Images]

En la actualidad no existe una cura para la esquizofrenia, aunque el tratamiento adecuado puede atenuar considerablemente sus síntomas. No obstante, para que el tratamiento tenga éxito suele ser necesario involucrar tanto al afectado como a su familia. La familia es un punto de apoyo crucial porque no solo garantiza un entorno estable para el paciente y se asegura de que tome la medicación, sino que también puede anticiparse a los posibles brotes psicóticos.

La esquizofrenia tiene un curso favorable en aproximadamente el 20% de los casos y un pequeño número de personas se recupera por completo, según indicó la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en su Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales.

Sin embargo, también señala que la mayoría de las personas necesitará apoyo para llevar su vida diaria. “Muchos permanecen crónicamente enfermos, con exacerbaciones y remisiones de los síntomas activos, mientras que otros sufren un deterioro progresivo”, especifican.

En los hombres, los síntomas psicóticos suelen disminuir con la edad y las recaídas son menos intensas. Sin embargo, en la mayoría de las mujeres los síntomas psicóticos empeoran en las etapas posteriores de la vida.

Aunque en muchos casos las recaídas son casi inevitables, un indicador importante del curso de la esquizofrenia a largo plazo es la anosognosia o falta de conciencia de la enfermedad. De hecho, es el síntoma que predice con mayor frecuencia la inobservancia del tratamiento, las mayores tasas de recaídas, las agresiones y un peor curso de la enfermedad.

John Nash, por ejemplo, tomó conciencia de su enfermedad, algo que le ayudó a combatirla. Contó que “gradualmente empecé a rechazar inteligentemente algunas líneas de pensamiento que estaban influenciadas de manera delirante y que habían sido características de mi orientación”. A Noelia de Mingo le concedieron la libertad bajo tratamiento precisamente porque todos los informes psiquiátricos coincidían en que era consciente de su enfermedad y la necesidad de medicarse.

Sin embargo, es importante comprender que un trastorno psiquiátrico en remisión no es sinónimo de curación.

¿Las personas que padecen esquizofrenia son violentas?

Las personas con esquizofrenia tienen 14 veces más probabilidades de ser víctimas que de ser agresores. [Foto: Getty Images]
Las personas con esquizofrenia tienen 14 veces más probabilidades de ser víctimas que de ser agresores. [Foto: Getty Images]

En el imaginario popular la esquizofrenia se suele asociar a la violencia. Esa creencia se refuerza cada vez que los medios de comunicación informan sobre actos violentos cometidos por personas con trastornos psiquiátricos. Sin embargo, la esquizofrenia es un síndrome clínico heterogéneo. Lo demuestran casos tan diferentes como el de John Nash y Noelia de Mingo.

Por eso, más que hablar de enfermedades, sería mejor hablar de enfermos. Cada persona es un universo en sí misma y a menudo las generalizaciones terminan generando estigmas muy injustos.

En cualquier caso, la APA señala que “la hostilidad y la agresión pueden asociarse a la esquizofrenia, aunque las agresiones espontáneas o inesperadas son poco comunes (…) La gran mayoría de las personas con esquizofrenia no son agresivas, sino que son víctimas con más frecuencia que los individuos de la población general”.

De hecho, las personas con esquizofrenia tienen un riesgo mayor de convertirse en víctimas de la violencia en las comunidades donde viven. Tienen 14 veces más probabilidades de ser víctimas de un agresor que de convertirse en agresores, según un estudio realizado en la Universidad de California.

Es más probable que las personas con esquizofrenia se hagan daño a sí mismas que a los demás: alrededor del 20% comete al menos un intento suicida a lo largo de su vida y entre el 5-6% muere por suicidio, según la APA.

Si bien la mayoría de las personas con esquizofrenia no son violentas y la violencia cometida por personas con esta afección representa solo un pequeño porcentaje de los delitos violentos en general, existe un riesgo significativamente mayor de violencia entre los subgrupos de esta población”, concluyó otra investigación.

La proporción de crímenes violentos en la sociedad atribuibles a la esquizofrenia es de menos de un 10%, según reveló un estudio realizado en el instituto de Psiquiatría de Denmark Hill. Para poner esto en perspectiva, basta pensar que en Estados Unidos el 24,2% de los delitos violentos, el 30% de las agresiones sexuales y el 24,1% de los asaltos se producen bajo los efectos del alcohol o las drogas, según datos de la Oficina de Estadísticas Judiciales.

Investigadores de la Universidad de Maryland puntualizan que los casos de agresiones y amenazas de las personas con esquizofrenia suelen recaer sobre los miembros de su familia, el personal de atención clínica, quienes comparten la vivienda, la policía y/o el personal de salas de emergencia o prisiones.

¿Qué significa todo esto?

Significa que, si bien en algunos casos la esquizofrenia puede desatar comportamientos agresivos, la mayoría de las personas que padecen esta enfermedad no son violentas. Algunos factores pueden aumentar la tendencia a la violencia, como los delirios persecutorios, las alucinaciones auditivas, el consumo de sustancias y, por supuesto, el abandono del tratamiento.

También es importante tener presente que los episodios de violencia en la esquizofrenia suelen producirse durante las fases aguda y crónica de la enfermedad, cuando la agresividad y la impulsividad aumentan. Los síntomas psicóticos, como los delirios y las alucinaciones, acompañados de la sospecha y la hostilidad, pueden desencadenar comportamientos agresivos. En la esquizofrenia paranoide, las personas atacan porque creen que están defendiéndose de una amenaza que consideran real, se sienten perseguidas, acosadas e incluso temen por su vida.

Sin embargo, en la mayoría de los casos no se trata de una violencia repentina. La persona con esquizofrenia suele empezar a enviar señales de que algo no anda bien y podría estar sufriendo un brote psicótico. Eso debería hacer saltar todas las alarmas. De hecho, en el primer ataque de Noelia de Mingo las señales de su descompensación eran bastante claras, aunque fueron obviadas. En el segundo ataque, también existen indicios de que su familia la sobreprotegió, no reveló sus recaídas a los médicos a cargo de su tratamiento ni compartió sus conductas violentas esporádicas.

Más allá de los casos puntuales que colman los titulares y el innegable daño que pueden hacer a víctimas inocentes, debemos entender que la esquizofrenia es una enfermedad y, como tal, necesita tratamiento, atención y apoyo. Estigmatizar a todas las personas que sufren trastornos psiquiátricos y excluirlos de la sociedad hará que pierdan la confianza en sí mismos y en los demás. Como resultado, es más probable que empeoren, agredan y, en muchos casos, acaben suicidándose.

Nuestra sociedad estigmatiza a los enfermos mentales por ignorancia y miedo a lo extraño. Su presencia suele generarnos una incomodidad y una zozobra que no sabemos cómo gestionar. Pensar que somos muy distintos - probablemente mejores - nos devuelve una sensación de seguridad y tranquilidad. Sin embargo, proyectar el mal y la violencia fuera, circunscribiéndolos a los “desequilibrados”, es una visión demasiado simplista de la naturaleza humana. No cometamos ese error.

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