Esquía con responsabilidad, la estación se ocupa del resto

Esther Bedia Alonso

A estas alturas y tras los últimos incidentes sufridos por personalidades como Angela Merkel y Michael Schumacher, casi todo el mundo debe tener claro que el esquí es un deporte de riesgo. Sin embargo, también es bueno saber que el riesgo se puede (y se debe) minimizar. En primer lugar el riesgo personal, en muchos casos simplemente echando mano del tan poco común sentido común.




Eduardo Valenzuela, director de montaña de la estación de Sierra Nevada, recomienda con vehemencia el uso del casco (aunque no haya obligatoriedad ni ley al respecto) pero también “una protección para la espalda y, en el caso del snowboard, para las muñecas”. Destaca además la importancia de la regulación de las fijaciones: “Muchos accidentes se producen por una fijación inadecuada”.

¿Y qué hace la estación por mí?

Teniendo en cuenta los consejos de Valenzuela y sin perder de vista las Normas de la Federación Internacional de Esquí,las siguientes dudas del esquiador primerizo o de los padres que se animan a iniciar a sus hijos en este deporte son: ¿Hasta qué punto es seguro este recinto? ¿Qué debería saber?

Una estación de esquí es “una montaña transformada en una especie de parque de atracciones”, según Francesc Rocher, jefe de seguridad de Baqueira Beret y pister o pistero desde hace 29 años. Para que esa transformación resulte lo más segura posible se delimitan zonas para cada práctica, se señalizan las pistas y un equipo humano con alta formación se encarga de supervisarlas y, en caso necesario, socorrer a los usuarios.

“Todas las estaciones tienen su plano de pistas que según la orientación y la pendiente tienen un margen. La idea es disfrutar del aire libre y de la alta montaña, pero como precisamente se trata de naturaleza el esquiador debe ser responsable y tener en cuenta por ejemplo el clima: si ha nevado, si llueve, si hay niebla, etc”, explica Rocher. El servicio de pistas, los pisters o ski patrols, patrullan las pistas, las señalizan, hacen las protecciones, controlan las zonas de posibles avalanchas y están siempre para ayudar al esquiador. Sin embargo, el deber de éste también ha de ser el “control de sus posibilidades”.

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Rapidez y eficacia


Para un veterano esquiador como Rocher más del 90% de los accidentes “son leves en el daño aunque la convalecencia puede ser larga”. Cuando, por desgracia, ocurre la primera alerta se envía a la torre de control a través de aplicaciones móviles o puntos de SOS. La torre comunica el lugar a los pisters, quienes guiándose por la señalización (balizas cada 100 metros con el nombre de la pista y el sector numerado en orden decreciente), llegan “en menos de cinco minutos a casi el 96% de los accidentes. En los puntos más altos siempre hay un equipo”.

También se utilizan aplicaciones para smartphones: “El esquiador le da permiso a la estación para que pueda seguir su ruta. En caso de problema el sistema señala el punto exacto”. En este sentido, el director de montaña de Sierra Nevada recalca a su vez la valía del servicio de pistas de la estación granadina. Porque la rapidez de sus actuaciones es fundamental.

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Otra medida muy importante es el pisado de las pistas. “Cuanto más anchas mejor porque la velocidad media ha aumentado y la densidad de usuarios es muy alta en determinados sitios”, comenta Valenzuela. Para ello, en ocasiones y especialmente al principio de la temporada, se utilizan sistemas de nieve artificial: “Una buena cobertura nivosa aumenta la seguridad”. Valenzuela hace hincapié en la delimitación de zonas: “Hace 20 años era un mismo servicio para todo el mundo. Hoy trabajamos para distintos grupos de clientes. Así no se molestan ni se ponen en peligro entre ellos”.

“El año que viene la estación de Baqueira cumple 50 años y la experiencia es un grado. Poco a poco hemos ido ganando en seguridad a base de invertir, innovar o copiar. Lo importante es que el esquiador se sienta seguro y que esquíe, no que vea señales y balizas”, concluye Rocher.

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