Esquí de montaña, el lado más salvaje del deporte blanco

Esther Bedia Alonso

Combatir a los elementos, el contacto con la naturaleza en estado puro y la sensación de libertad son los grandes alicientes de esta modalidad cuya práctica ha aumentado considerablemente en España en los últimos años. Se trata de un deporte exigente en el que la seguridad es fundamental pero, hoy por hoy, algunas estaciones de esquí apuestan por él reservando pistas y recorridos para facilitar los primeros pasos de los aficionados.



El esquí de montaña surgió en los países nórdicos ante la necesidad de desplazarse sobre la nieve. “Tiene un importante componente físico (resistencia) y una parte más técnica. Es diferente al esquí de fondo y al alpino (pista) pero con rasgos técnicos de los dos.

La base es la subida, para la que se utilizan unos materiales que se llaman pieles de foca y que van sujetos a la suela del esquí, de ahí su semejanza al fondo. Otra parte es la bajada fuera de pista, que "exige una buena técnica”, explica Nil Cardona, miembro de la selección catalana y española de esquí de montaña y campeón de España individual sub-23 en esta disciplina en 2013.

Para él lo mejor de este deporte es el contacto con la naturaleza y, en especial, “con las montañas en estado salvaje”. Cardona asegura que “la sensación de aventura y autosuficiencia que conlleva practicarlo en terrenos completamente salvajes, apartados de las grandes estructuras construidas por los hombres” es quizás lo que más engancha. “Los límites te los pones tú mismo, puedes decidir ir a donde te plazca, eso sí, mientras haya nieve”, afirma el campeón de España en la modalidad de cronoescalada.   

Material muy específico

Para practicar esquí de montaña se utilizan unos esquís y unos bastones más ligeros a los de pista, junto con unas fijaciones que permiten liberar la parte trasera de la bota, “dejando el talón suelto para poder realizar las subidas”. “Las botas también son distintas porque tienen movilidad en la parte del tobillo para poder mover el pie en las subidas y permitir su fijación en las bajadas” comenta Nil. 

Además, el material de seguridad personal es absolutamente necesario. “Siempre llevamos el ARVA (un dispositivo de búsqueda de víctimas de aludes), pala, sonda, manta térmica… Como no se practica en un medio controlado es imprescindible ser autosuficientes en caso de accidente”, dice Cardona.

Sin embargo, cualquiera con una buena capacidad de fondo para las subidas y técnica de esquí para las bajadas puede iniciarse en el esquí de montaña “siempre y cuando se informe bien de las condiciones en que se encuentra la montaña y aprenda a utilizar el material con un experto”.

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La competición

Aunque pocos esquiadores de montaña pueden vivir de ello, el nivel de los corredores españoles es muy bueno, según Cardona, que los sitúa en los primeros puestos de la clasificación mundial y cita a Kilian Jornet como máximo referente de este deporte. 

La competición es similar en recorrido a la de las carreras por montaña. Las más importantes son las individuales, que suelen ser de unos 4.000 metros acumulados (2.000 metros positivos y 2.000 metros negativos), con unas cuatro o cinco subidas con sus respectivas bajadas y con una duración de unas dos horas o dos horas y media. Los corredores salen todos juntos y deben hacer el recorrido balizado. El primero en llegar a meta es el ganador, y se le asignan un total de 100 puntos, 80 para el segundo y sucesivamente hasta el 30, en circuito copa del mundo. Al final del circuito, una vez transcurridas todas las carreras, el ganador es el que tenga más puntos acumulados.

Además, dentro de esta disciplina existen distintas modalidades. “Están las Vertical Race, carreras de una sola subida, las carreras individuales (un corredor), por parejas (equipos de dos o de tres), los sprints (de cuatro minutos de duración) y los relevos (de cuatro corredores)”, concluye Cardona.

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