Esponjas vegetales: más ecológicas, pero ¿más seguras?

Las esponjas vegetales, o luffas, han crecido en popularidad en los últimos años, como una alternativa más ecológica a la hora de ducharnos. Sin embargo, si no se les da un buen mantenimiento y cuidado, podrían convertirse en un riesgo para tu salud.

Las esponjas vegetales son una alternativa ecológica para tu baño, pero podrían ser un riesgo si no se limpian regularmente. Foto: Getty Images

Las esponjas vegetales no son más que la fibra natural del fruto de una planta familia de las calabazas que crece bien en climas tropicales y subtropicales. Son muy buenas para lavar la piel, pues además su textura resulta exfoliante, lo que ayudaría a remover las células muertas, además de estimular la circulación de la piel.

Pero también tienen riesgos

Si bien las esponjas vegetales podrían tener beneficios para la piel, también conllevan algunos riesgos. Un primer estudio al respecto, publicado en 1994 en la revista Journal of Clinical Microbiology comprobó que pueden albergar varias bacterias. Estas suelen alimentarse de materia orgánica, como las células de la piel que las esponjas remueven, lo que las ayuda a proliferar, sumado al ambiente húmedo del baño.

Esto podría ser un riesgo para la salud, especialmente si tienes heridas en la piel, las cuales se pueden convertir en puerta de entrada a las bacterias. Si bien no serían muy peligrosas, sí podrían provocar infecciones y algunas enfermedades, pues pueden llegar a albergar estafilococos, entre otras.

Es por ello que además de los cuidados diarios que hay que tener con ellas, habría que evitar su uso unos días después de rasurarse, al tener heridas y en la zona genital.  

Su uso también debería ser moderado, especialmente si se tiene la piel sensible, pues son bastante abrasivas. Así que, ante cualquier rojez o irritación de la piel, lo mejor sería suspender su uso y consultar con un especialista.

Además, la dermatóloga Jessica Krant añade que el cuidado de la piel debería de ser suave, por lo que ella no recomienda el uso de las esponjas vegetales, ni de ninguna en general que exfolie la piel, ya que además si lo hacemos con mucha fuerza, se podrían remover las aceites naturales de la piel, que evitan que se seque y se agriete.

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¿Cómo debes cuidar tu luffa para evitar las bacterias?

El ambiente húmedo del baño es ideal para la reproducción de bacterias, las cuales suelen alimentarse de materia orgánica (las células muertas que removió la esponja), como recuerda Esther Angert, microbióloga de la Universidad de Cornell, en Nueva York. Si no la limpiamos bien nos estaríamos restregando todas esas bacterias en la próxima ducha.

Por eso, después de ducharte podrías lavarla con un poco de jabón para eliminar la acumulación de células muertas, y enjuagarla bien. Después, hay que dejarla secar por completo, incluso usando una toalla para quitar el exceso de humedad, y después colgarla de preferencia fuera de la regadera e incluso del baño. 

Además, hay dos acciones que puedes hacer, aunque una no sustituiría a la otra:

  1. Una vez a la semana, limpiarla con lejía diluida en agua al 5 o 10%. Se sumerge en la mezcla unos cinco minutos, para después enjuagarla y dejarla secar por completo en un lugar fresco.

  2. Meterla al microondas estando mojada unos 20 segundos.

También debes reemplazarla al momento que empiece a cambiar de color, o si muestra señales de moho. De hecho, la Cleveland Clinic recomienda sustituirla cada tres a cuatro semanas para evitar la proliferación de bacterias, sobre todo si no realizas las acciones antes mencionadas con regularidad.

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Puedes cultivar tus propias esponjas vegetales

Si bien las puedes conseguir en varios establecimientos, es posible cultivar tus propias luffas en casa, incluso en una maceta. 

Para ello necesitarás una maceta de 12 a 15 centímetros de diámetro, con muy buen drenaje para el agua, y tierra muy enriquecida. La planta necesita mucho espacio, sobre todo para trepar, pues crecen en forma de vid. 

Les gusta mucho el sol y los climas cálidos, por lo que si donde vives hace frío, es buena idea germinar las semillas en el interior, y una vez la planta esté fuerte, ponerla al exterior. 

Tienen una maduración larga, de entre 150 a 200 días, cuando aparecen los frutos, con forma similar a las calabazas o los pepinos, los cuales hay que dejar madurar (cuando pasan de tener un color verde a ser amarillas o incluso cafés). Es entonces cuando sus fibras internas son más duras, y se pueden cosechar.

Las luffas son las fibras de estos frutos, que al madurar, se extraen quitando la piel que las cubre. Foto: Getty Images

Es importante que, una vez cosechados los frutos, estos se limpien de inmediato, quitándoles la piel, para dejar a la vista las fibras de lo que será la esponja. Estas se limpian de las semillas, que se pueden guardar para una nueva siembra, se lavan bien con agua e incluso jabón, para después dejarlas secar completamente al sol, antes de guardarlas y utilizarlas.

@travesabarros