¿Qué se espera de la Cumbre de la OTAN? Debates, aspiraciones y números de una cita histórica

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Pedro Sánchez y Jens Stoltenberg, el 14 de junio de 2021, en Bruselas, cuando se anunció la Cumbre de Madrid de este año. (Photo: KENZO TRIBOUILLARD via Getty Images)
Pedro Sánchez y Jens Stoltenberg, el 14 de junio de 2021, en Bruselas, cuando se anunció la Cumbre de Madrid de este año. (Photo: KENZO TRIBOUILLARD via Getty Images)

Pedro Sánchez y Jens Stoltenberg, el 14 de junio de 2021, en Bruselas, cuando se anunció la Cumbre de Madrid de este año.  (Photo: KENZO TRIBOUILLARD via Getty Images)

Madrid acoge los próximos días 29 y 30 de junio la Cumbre de la OTAN. La cita se esperaba importante, como todas las de la Alianza, cuando se anunció, allá por junio del año pasado. Era un guiño a España, que justo este año cumple 40 dentro del club defensivo. Sin embargo, la invasión de Ucrania por parte de Rusia ha dado un giro total a la reunión y la ha convertido en crucial para el presente y el futuro de la organización. Ni siquiera el retiro de su secretario general, el noruego Jens Stoltenberg, está ya sobre la mesa, como se anunció hace eones, en otro mundo.

Ahora lo que está en juego es el robustecimiento de un organismo que se enfrenta a amenazas desconocidas, que estaba desdibujado, alicaído, sin rumbo o, como decía el francés Emmanuel Macron, “en muerte cerebral”, y que de pronto ha revivido por pura necesidad. Un favor del presidente ruso, Vladimir Putin, que a la vez es un enorme reto: cómo se adapta la Alianza al nuevo tablero, cómo se dota de más recursos e instrumentos ante los desafíos cambiantes, cómo trabaja con sus aliados, cómo reconfigura sus respuestas.

España se convertirá en el epicentro del debate mundial, en el que las potencias de la Alianza Atlántica (una treintena, junto a otros Estados invitados de Europa, del entorno Asia-Pacífico, de Oriente Medio y de África) analizarán diversos postulados sobre los que se cimenta la seguridad no sólo de las dos orillas del Atlántico, sino de todo el planeta. Para nuestro país, cumpleaños aparte, la Cumbre llega en un momento muy adecuado, cuando intenta salvaguardar la frontera sur.

Estas son las claves de un encuentro histórico del que han de salir documentos, estrategias y apuestas que servirán como hoja de ruta atlantista por muchos años.

Ucrania, el gran incendio

Aunque la entrada de Ucrania en la Alianza no es abordable en la actualidad, porque el proceso es largo y hoy no cumple con los criterios de estabilidad necesarios, en esta cita el país invadido podrá lograr nuevos apoyos, más allá de las palmadas en la espalda y la solidaridad. El 29 de junio, “Ucrania contará con una sesión especial en las sesiones de trabajo de esta cumbre y el presidente Volodimir Zelenski estará presente en la reunión por videoconferencia”, explicaba hace unos días José Manuel Albares, ministro de Exteriores de España.

“Esperamos con gran interés y los líderes están muy comprometidos a apoyar a Ucrania, a expresar su solidaridad y a demostrar esa solidaridad no sólo con palabras sino también con hechos”, declaró Stoltenberg poco después.

Es indiscutible que Ucrania es central, porque ha cambiado el mapa de la seguridad en Europa y los aliados tienen que resolver este problema que afecta al Viejo Continente. La guerra a las puertas y con un Putin expansionista que amenaza al entorno postsoviético que hoy es parte integrante como el que más de la UE y de la OTAN. Por eso la Comisión Europea y el Consejo Europeo estarán representados como nunca en la cita, además de los países UE que no están en la Alianza (Austria, Chipre, Finlandia, Irlanda, Malta y Suecia).

Toca hablar de cómo ayudar a Kiev sin entrar en guerra abierta, clásica, con Moscú. Delicado, por las consecuencias que puede traer. Y también analizar nuevas amenazas como las del corredor Suwalki, entre Bielorrusia y Kaliningrado (Rusia), donde está subiendo la temperatura. La contienda ha causado un destacado aumento de la presencia militar de la OTAN en el flanco oriental de la Alianza, incluidos nuevos grupos de combate en Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia y Hungría, pero los países bálticos, sobre todo, piden más. Es una de las promesas que quieren arrancar en el encuentro.

Volodimir Zelenski, el pasado 4 de abril, visitando la ciudad de Bucha. (Photo: Anadolu Agency via Getty Images)
Volodimir Zelenski, el pasado 4 de abril, visitando la ciudad de Bucha. (Photo: Anadolu Agency via Getty Images)

Volodimir Zelenski, el pasado 4 de abril, visitando la ciudad de Bucha.  (Photo: Anadolu Agency via Getty Images)

La ampliación nórdica

De la cumbre de la OTAN se esperaba el “abrazo de bienvenida” a Finlandia y Suecia, dos países nórdicos aferrados durante décadas a la neutralidad militar, hasta que la agresión rusa a Ucrania les ha lanzado a solicitar su adhesión. Desde el 24 de febrero, cuando comenzó la que Moscú llama “operación especial”, ambos países han estado presentes en todas las reuniones de situación de la Alianza, como observadores.

Fuentes de La Moncloa informan que el objetivo es que se llegue a un acuerdo sobre su entrada antes de la propia cumbre o, como mal menor, durante el encuentro madrileño. No es sencillo, porque todo depende de Turquía, que amenaza con vetar este paso porque no perdona las relaciones de ambos estados con el independentismo kurdo, principalmente con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), pero también con los movimientos armados kurdos en Siria combatidos por Turquía. Ankara critica, además, que ambos países rechazan sus demandas de extradición de miembros de “organizaciones terroristas”, como las llama, pero que ni Helsinki ni Estocolmo califican como tales.

Si el desbloqueo turco a su incorporación tarda aún “un par de semanas” en producirse no sería “una tragedia”, afirmaba estos días una fuente gubernamental alemana citada por EFE. “Nunca dijimos que Madrid fuera la fecha límite para la ratificación a su ingreso”, aseguró Stoltenberg en su última visita de trabajo a Helsinki. Se mueven entre la realidad y el deseo.

El propio presidente finlandés, Sauli Niinistö, expresaba ante el secretario general su “extrañeza” por un supuesto cambio de opinión de los turcos. Según él, hasta hace unos meses siempre había percibido de Turquía una “actitud favorable” al ingreso de su país en la OTAN, hasta que de pronto surgió ese veto. Los temores de Turquía son “legítimos”, asume Stoltenberg, pese a todo.

Toda ampliación debe ser ratificada por todos los miembros de la Alianza, es así como se recoge en el Tratado del Atlántico Norte; si Turquía la bloquea, esos dos países “asociados” -o “miembros sin carné de socio”, en definición de la ministra de Exteriores alemana, la verde y antimilitarista Annalena Baerbock- se quedarán a las puertas.

En la Cumbre también se discutirá la adhesión de nuevos países, nórdicos aparte, como Georgia, que ya ha dicho que aguarda una respuesta “digna” en este encuentro sobre su integración final.

Un nuevo “concepto estratégico”

Los “conceptos estratégicos” de la Alianza son, digamos, sus grandes apuestas de actuación. En Madrid se acordará uno que será el pilar de su actuación en la próxima década. Este renovado documento dirigirá las estrategias por venir y debe incluir, sin duda, la actual crisis con Rusia, la pujanza de China o las tecnologías emergentes y disruptivas, causantes de guerras híbridas.

Según fuentes de la OTAN en Bruselas, se buscará “adecuar las directrices políticas y militares al nuevo contexto estratégico, tras una década de cambios”, que incluye no sólo lo que hoy vemos cada día en los titulares, sino conflictos y debates que arrancaron hace años y tienen consecuencias y recorrido hasta hoy, de la propia anexión rusa de Crimea hace ocho años a la guerra en Libia, pasando por la salida de Afganistán en agosto pasado, los efectos del Brexit en la defensa o las discrepancias entre EEUU y la UE sobre la necesidad o no de que Europa tenga más autonomía -como dice su nueva Brújula Estratégica.

El Concepto Estratégico de Madrid, debe “orientar” sobre cuestiones clave para la Alianza, como reforzar el vínculo transatlántico, que estaba tocado tras los tiempos de Trump y la salida de Londres de la Unión, “adecuar la disuasión” en puntos clave del planeta y aclarar “la defensa a las nuevas amenazas”, en resumen, fijar un dibujo de prioridades, posicionamientos y medios para que nada perturbe la seguridad.

Más dinero, siempre más dinero

El presidente estadounidense, Joe Biden, también asistirá a la cumbre, añadiendo de paso unas horas de conversación con el español Pedro Sánchez en Moncloa, con consideración de visita oficial. Una funcionaria de alto rango de la Casa Blanca explicó la pasada semana en una llamada con periodistas que se esperan “nuevas grandes contribuciones” por parte de los aliados de la Alianza. La fuente precisó que los socios anunciarán “nuevos compromisos” en su postura de fuerza para consolidar la Alianza y destacó que el mandatario demócrata “ha sido muy claro” con que la OTAN debe defender “cada pulgada” de su propio territorio, en el contexto de la guerra en Ucrania.

“Como hemos visto en los últimos meses, EEUU ha sido muy rápido para sumar fuerzas adicionales a la OTAN y calmar a nuestros aliados, especialmente los del flanco este”, señaló. La portavoz agregó que Washington quiere asegurarse de que la OTAN tiene los recursos suficientes para cumplir con sus compromisos y, en ese sentido, señaló que los aliados de EEUU han incrementado su gasto en defensa durante los últimos siete años.

Es uno de los mayores debates que se cuecen en la OTAN en la última década: el del dinero. Washington, especialmente en tiempos de Donald Trump, ha apretado a sus socios para que gasten un 2% de su PIB en defensa, porque ya estaba cansado de ser “el cajero” de los demás. Las reticencias eran muchas, porque hay países como España que defendían que no todo es dinero, que en la OTAN también se aporta poniendo medios y efectivos. Las cosas, de nuevo, han cambiado con Ucrania y Sánchez es uno de los mandatarios que ha dado un paso al frente y se ha comprometido a llegar a este techo de gasto, pese a las críticas de sus socios de Ejecutivo, Unidas Podemos.

La partida de defensa para el presente ejercicio en España representa el 1,03% del PIB y la meta que se ha marcado el Ejecutivo es duplicarla en 2024. Es de los más rezagados en inversión, junto a Bélgica y Luxemburgo, aunque siempre ha defendido Madrid su contribución en material y efectivos, que no todo es el dinero. Ahora mismo, sólo Grecia, que lidera el gasto en el seno de la Alianza Atlántica, más Polonia, Reino Unido, Croacia, Estonia, Letonia y Lituania, además de EEUU, rebasan el umbral del 2% que el cuartel general Bruselas lleva años reclamando.

Mirando al flanco sur...

Por más que la guerra del este europeo se haya puesto en la parte de arriba de la agenda, no por eso los aliados dejarán de lado en su cita anual otros riesgos, otras zonas que hay que vigilar. El flanco sur es uno de ellos y tendrá su debate gracias a la presión de España, uno de los más interesados en que así sea, aunque no se llevará el tiempo que a Madrid le hubiera gustado.

La ministra española de Defensa, Margarita Robles, anunció días atrás que Madrid seguirá apostando porque la disuasión y defensa de la Alianza deben contemplar los riesgos y amenazas “en los 360 grados”, remarcando la importancia del flanco sur y abarcando también el espacio y el ciberespacio. El Sahel es la zona que más preocupa.

La atención en Ucrania hace que queden menos recursos para intervenir en otros países que se han estado “rusificando” en los últimos años. Argelia es uno de ellos, por ejemplo, señala el Gobierno. “Hay que mirar al flanco sur, de donde provienen muchas amenazas exactamente igual que desde el flanco este, añadía en la misma comparecencia su colega Albares; entre ellas están “el absolutamente inaceptable uso político” del suministro energético, el terrorismo yihadista radical o los ciberataques o los flujos migratorios irregulares.

... y al Indo-Pacífico

China, obviamente, está también en el debate. Se estudiará como una potencia que debe ser monitoreada de manera constante, por su imprevisibilidad y su potencial, especialmente por movimientos ofensivos detectados en la zona del Indo-Pacífico, que ha llevado a roces por Taiwán y a refuerzos defensivos de varios de los socios en la zona.

Pekín ha presentado recientemente en el Foro de Boao para Asia 2022 su Iniciativa de Seguridad Global, una especie de alternativa a la OTAN, en la que se reivindica como un actor relevante en materia de seguridad. Tiene la intención de convertirse en la primera potencia mundial en inteligencia artificial en la próxima década, en la primera economía del mundo, con lo que eso conlleva. La OTAN sabe que deberá redoblar su cooperación y maximizar sus esfuerzos, invertir más en tecnología y estar vigilante y en vanguardia ante lo que pueda venir en la zona.

Los grandes números de la cita madrileña

El lugar escogido para la Cumbre son dos pabellones -uno doble- del Palacio de Ferias y Congresos de Ifema, en Madrid, con más de 54.000 metros cuadrados. La capital se enfrenta a un despliegue de seguridad “sin precedentes”, el “más importante” de los que se han desarrollado en el país, en palabras del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Ante un evento que reunirá a más de 5.000 personas, el Gobierno ha preparado el mayor dispositivo de seguridad en democracia. Más de 10.000 agentes, entre los que hay 6.550 policías nacionales, 2.400 guardias civiles, policías locales, bomberos, protección civil y seguridad privada, buscarán garantizar la “tranquilidad y la paz social”. De ahí el nombre de la operación, Eirene, la diosa griega de la paz.

El coste total que va a suponer la celebración de la Cumbre será de aproximadamente 50 millones de euros, una inversión importante que, no obstante, va a dar un rédito a España a través del turismo y de los negocios que se pueden generar, defiende Moncloa. El contrato inicial estaba presupuestado en un máximo de 36 millones de euros pero es probable que no se alcance esa cifra, finalmente. A esa cantidad hay que sumar otros gastos como dietas del personal de los distintos ministerios o de los agentes de las Fuerzas de Seguridad que se van a desplazar a Madrid, lo que hará que el coste total sea de unos 50 millones de euros.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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