Así demuestra la ciencia y la historia por qué debes escuchar música cuando te sientes mal

Jennifer Delgado
·6 min de lectura
"La música compone los ánimos descompuestos" - Cervantes [Foto: Getty Images]
"La música compone los ánimos descompuestos" - Cervantes [Foto: Getty Images]

Todos tenemos días malos. Días en los que los problemas nos sobrepasan y el mundo se tiñe de gris o la nostalgia lo llena todo. En esas jornadas, la música puede rescatarnos. La música no es solo un lenguaje universal, también es la “medicina del alma”, como la calificara Platón.

Nuestros antepasados conocían el poder sanador de la música. En los santuarios de sanación de la antigua Grecia, por ejemplo, los médicos se codeaban con los músicos. A los pacientes en estados maníacos se les recetaba la música relajante de la flauta y a quienes sufrían depresión se les prescribía escuchar la música del dulcimer.

Aristóteles, en su famoso libro De Anima, escribió que la música de la flauta puede despertar emociones fuertes y purificar el alma. Los antiguos egipcios también recurrieron a los “encantamientos musicales” para curar a los enfermos. Siglos después, la ciencia ha comprobado que la música puede reconfortarnos y hacernos sentir mejor.

La música mejora nuestro estado de ánimo

La música compone los ánimos descompuestos”, escribió Miguel de Cervantes. Y no andaba desacertado. La música tiene el poder de alegrarnos el día y despertar nuestra versión más optimista. No es casual que cuando estemos alegres recurramos a ella para celebrar. No obstante, también nos ayuda a mejorar nuestro estado de ánimo cuando nos sentimos mal, como demostraron investigadores de la Universidad de Tel-Aviv.

En su experimento, pidieron a los participantes que realizaran diferentes tareas que no se podían completar, para generarles frustración. A continuación, la mitad de las personas escucharon música y la otra mitad esperó en silencio. Los psicólogos comprobaron que quienes habían escuchado música reportaron emociones más positivas y una mayor confianza en el futuro.

Para aprovechar el poder regulador de la música sobre el estado de ánimo, ni siquiera tenemos que escuchar una melodía alegre. La música triste, que a priori podría parecer que refuerza los sentimientos negativos, en realidad tiene el efecto contrario.

Escuchar música triste o melancólica cuando estamos abatidos nos ayuda a sentirnos mejor porque tiene un poder catártico. Permite que nuestras emociones fluyan sin contención, pero de manera asertiva, por lo que cuando la sesión musical termine, es probable que nuestra mente esté más despejada, nos sintamos mejor y hayamos recuperado la fuerza para seguir adelante.

De hecho, investigadores de los Países Bajos constataron que la música no solo combate la tristeza, sino también la depresión. Tras analizar a más de 400 personas que padecían depresión mayor, comprobaron que la musicoterapia es una buena herramienta para aliviar los síntomas depresivos.

Nos relaja y alivia el dolor

La música no solo disipa la tristeza, también contribuye a aliviar el estrés y calmar la ansiedad. Nos ayuda a cambiar el foco de atención y deshacernos durante un rato de los problemas y preocupaciones, reduciendo así su impacto emocional y la tensión psicológica que generan.

Un estudio realizado en el Hospital Södertälje de Suecia reveló que la música incluso puede ser más eficaz que los ansiolíticos, en algunos casos. Estos médicos recurrieron a la música relajante o un ansiolítico para reducir la ansiedad que experimentaban sus pacientes en el pre-operatorio. Constataron que las personas que escucharon música presentaron niveles de ansiedad más bajos antes de someterse a la cirugía.

La música actúa directamente sobre el sistema nervioso autónomo y neurovegetativo. Su efecto calmante pasa por reducir la tensión arterial, disminuir la frecuencia cardiaca y reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés. También puede ayudarnos a recuperar la calma más rápido después de haber vivido una situación estresante haciendo que nuestro organismo regrese a su estado basal.

Su impacto a nivel físico y emocional es tal, que la música incluso puede usarse como un analgésico. Varios estudios han comprobado que escuchar música es una estrategia eficaz para reducir el dolor y mejorar la funcionalidad, incluso en las personas que padecen dolor crónico.

¿Su secreto? Por una parte, la música tiene un efecto analgésico a nivel cognitivo; es decir, representa una distracción del dolor. Por otra parte, estimula la liberación de diferentes hormonas que tienen una acción analgésica natural en nuestro organismo. Por eso, los neurocientíficos consideran que la música actúa como un “analgésico central”.

¿Un extra de motivación?

La música mejora el rendimiento físico e intelectual. [Foto: Getty Images]
La música mejora el rendimiento físico e intelectual. [Foto: Getty Images]

En esos días en los que no tenemos ganas de nada y la apatía planta bandera, la música también nos ayudará a encontrar la motivación y la energía para seguir adelante. Un estudio clásico reveló que la música ayuda a los cirujanos a realizar las tareas repetitivas de laboratorio o incluso las cirugías con mayor rapidez, precisión y menos aburrimiento.

También se ha apreciado que la música clásica mejora el rendimiento escolar mientras que la música sincrónica dispara nuestro rendimiento físico animándonos a esforzarnos más. Sin duda, la música mejora nuestra capacidad de atención y concentración, mientras nos brinda el empujón necesario para emprender o terminar una tarea.

No obstante, si el reto que tenemos por delante implica un trabajo intelectual, lo ideal es elegir música instrumental que conozcamos bien porque las canciones con letra o los temas nuevos pueden “atrapar” nuestro cerebro ya que intentará seguir el ritmo o descifrar la letra y perderemos la concentración.

¿Cómo la música “hackea” nuestro cerebro?

¿Sabías que la música es capaz de activar los núcleos neuronales que gestionan las emociones? Los neurocientíficos han encontrado que cuando escuchamos una melodía se activa una zona del sistema límbico denominada núcleo accumbens. Esa estructura es la responsable de la euforia, pero también desempeña un papel importante en la sensación de placer.

Además, cuando escuchamos música nuestro cerebro segrega dopamina, un neurotransmisor que también se libera cuando realizamos actividades que nos resultan particularmente placenteras. Lo interesante es que a medida que se acerca el momento culminante de la melodía, los niveles de dopamina se disparan. El pico de dopamina coincide exactamente con ese instante en que sentimos un ligero “estremecimiento” por todo el cuerpo que nos pone la carne de gallina.

Eso significa que la música actúa directamente sobre los mecanismos neuronales que se encuentran en la base de nuestras emociones. En práctica, es capaz de hackear nuestro cerebro sin que nos demos cuenta, activando sensaciones y emociones positivas y energizantes que contribuyen a nuestro bienestar y equilibrio psicológico.

Por tanto, la próxima vez que te sientas mal, escucha tu playlist favorita. Los problemas no desaparecerán, pero al menos tendrás la mente más fresca para afrontarlos mejor. Y a veces, eso es todo lo que se necesita.

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