"Es un riesgo para su salud": el Barça se retira de un torneo juvenil por el exceso de partidos

Víctor Valdés entrenando al Juvenil A del Barça. Foto: Dean Mouhtaropoulos/Getty Images

No pocos aficionados al fútbol le tenían la pista un poco perdida a Víctor Valdés. El que fuera portero titular del Barcelona durante uno de los ciclos más gloriosos de la historia de los azulgrana, entre 2004 y 2014, aún tiene edad de estar en activo; hay abundantes ejemplos de guardametas que, con los mismos 37 años que tiene él, siguen al máximo nivel. Pero tras alguna que otra lesión de gravedad y unos últimos años un tanto tumultuosos en Inglaterra y Bélgica, optó por retirarse allá por enero de 2018. Hoy sigue vinculado al mundo del balompié, pero desde el otro lado: se ha hecho entrenador.

Valdés es hoy el responsable del equipo Juvenil A del mismo Barça en el que pasó la mayor parte de su carrera. Y desde esta posición acaba de protagonizar un hecho insólito que le ha devuelto, quizás contra su voluntad, a la primera plana. La plantilla estaba disputando la Otten Cup, torneo amistoso organizado en Eindhoven (Países Bajos) por el PSV, uno de los clubes locales más importantes. El Barcelona cayó en semifinales contra el Inter (que acabó proclamándose campeón) y tenía que disputar el partido por el tercer y cuarto puesto... pero, a iniciativa de Valdés, se negó a jugarlo y abandonó la competición.

La justificación de Víctor suena bastante razonable, todo hay que decirlo. A través de su cuenta de Instagram ha hecho público un mensaje en el que da sus motivos. Alega que se retiraron para “salvaguardar la salud” de sus jugadores “ante el alto riesgo de lesión” o incluso “algo más grave de nivel cardiaco”. Valdés no está conforme con el tiempo tan escaso de recuperación entre partidos; según indica, apenas había una hora de margen entre un encuentro y el siguiente que estaba programado, lo que le parece “un desgaste fuera de lo común” para la edad de sus futbolistas “y para el tramo de pretemporada en que nos encontramos”.

Valdés indica que la decisión ha sido suya, de carácter personal, y asume cualquier posible consecuencia. No obstante, el Barça, a través de la cuenta oficial de la Masía en Twitter, ha respaldado al entrenador, insistiendo en que “el elevado número de jugadores lesionados por la intensidad del torneo hace imposible presentar un equipo en condiciones sin poner en riesgo la salud de los deportistas”. En la web oficial de la Otten Cup el Barça aparece como cuarto clasificado y la final de consolación para una hipotética tercera plaza, que les habría enfrentado al Everton,

En esa misma página se pueden ver los horarios programados y, efectivamente, entre la semifinal (el domingo 18 de agosto a las 10.30 horas) y el enfrentamiento por el tercer y cuarto puesto (programado para el mismo día a las 13.10) había un tiempo escasísimo. Los azulgrana venían, además, de disputar los otros tres partidos de la fase de grupos en menos de veinticuatro horas (desde las 16.40 del viernes hasta las 14.30 del sábado). Un matiz reseñable es que, dado que se trata de un torneo amistoso y que los jugadores participantes son muy jóvenes (nacidos de 2001 en adelante), los encuentros se disputan no a noventa minutos, sino a sesenta, divididos en dos mitades de treinta, con posibilidad de hacer hasta tres cambios en cada parte.

Aun con este detalle, sí es cierto que parece un ritmo excesivo para deportistas tan jóvenes. El resto de participantes tuvo que soportar lo mismo, pero no está mal que alguien alce la voz, y más si se hace desde una entidad importante como el Barcelona. La competitividad siempre ha sido intensa, y estos chavales que están en un escalón inmediatamente inferior al profesionalismo deben acostumbrarse al esfuerzo que va a exigirles el deporte de élite (y por el que cobrarán fortunas que otros ni soñamos), pero una cosa es eso y otra someterles sin necesidad alguna a situaciones peligrosas que puedan acabar con su carrera nada más empezar.

Porque precisamente ese es el debate de fondo. Cada vez hay más fútbol, cada vez hay más competiciones, cada vez se juega más. Las ligas nacionales han ido aumentando progresivamente su número de participantes en las últimas décadas, y donde antes había catorce, dieciséis o a lo sumo dieciocho, ahora se ha estandarizado la cantidad de veinte (y no parece que aumente más... no por falta de ganas, sino porque simplemente no hay fechas suficientes). La Champions League y la Europa League, con sus fases de grupos y sus rondas eliminatorias, pueden llegar a sumar otra decena larga de partidos, igual que las correspondientes copas nacionales. Además, claro, de los compromisos con la selección. Sumando todo, hay jugadores que fácilmente pueden superar los cincuenta encuentros disputados en una sola temporada.

Para los espectadores más fanáticos, esto es maravilloso: más oportunidades de disfrutar de sus ídolos (aunque haya quien discrepe y opine que esta nueva forma de entender el fútbol esté generando superatletas con un poderío físico indiscutible... a costa de relegar a un segundo plano la creatividad y el talento). Para los dirigentes, por supuesto, también es buena noticia que la máquina de generar dinero no se pare. Que los jugadores, los auténticos protagonistas, estén contentos ya es otro cantar. Las lesiones, sobre todo musculares, no dejan de aumentar.los problemas de corazón, a veces solamente sustos, otras con consecuencias fatales, que antes eran una rareza, cada vez son más habituales; de hecho, solo desde 1990 el número de futbolistas fallecidos como consecuencia de alguna dolencia cardiaca es cuatro veces superior a la cantidad registrada en toda la historia anterior del fútbol, desde el siglo XIX.

¿Tú qué crees? ¿Ha hecho bien Víctor Valdés retirando a su equipo? ¿Habría que poner límites a la cantidad de partidos que se juegan y aumentar el tiempo de descanso? ¿O el riesgo que asumen los futbolistas por este sobreesfuerzo físico es algo que tienen que aceptar como parte de su salario? ¡Da tu opinión en los comentarios!

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