¿Es o no seguro tomar pescado azul?

Tras la última alarma alimentaria, los especialistas aseguran que consumir pescado es "seguro, saludable y recomendable", y que la nueva restricción afecta solo a dos grupos de riesgo: mujeres embarazadas y niños

No debes dejar de consumir consumir pescado a no ser que pertenezcas a uno de los dos grupos de riesgo: mujeres embarazadas y niños. (Foto: Getty)

Hace unos meses cuando me topé con la noticia de que los españoles somos los europeos que más mercurio tenemos en el organismo por el consumo de pescado, hablé con expertos en Toxicología, Bioquímica Clínica y Patología Molecular para saber cómo contrarrestar los efectos del mercurio (atún) para la salud.

Hoy abordamos el tema de nuevo ante la última alarma alimentaria. Hasta ahora la recomendación de moderar la ingesta de pescado con altos niveles de mercurio afectaba solo a los niños hasta los tres años. Ahora la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) ha actualizado las restricciones, y aconseja limitar la ingesta de pescado en mujeres embarazadas o que estén planificando estarlo, así como aquellas en periodo de lactancia y en niños de hasta diez años.

Este anuncio ha provocado inquietud y preocupación entre los consumidores y sobre todo, en los padres, que suelen esforzarse porque sus hijos coman pescado y es tal la confusión que no saben a qué atenerse. ¿Es o no seguro tomar pescado azul? ¿Qué ha pasado para que Sanidad desaconseje tomar atún rojo, pez espada y emperador a embarazadas y niños de hasta 10 años?

Moderar, no evitar

Según explica la propia agencia, se han ampliado las restricciones sobre el consumo de pescado azul en poblaciones sensibles debido a "la aparición de nueva información científica y técnica ha hecho necesaria su revisión y mayor difusión del peligro entre consumidores".

No obstante, las mismas fuentes aseguran que comer pescado es "seguro, saludable y recomendable" y afirman que la gran mayoría de la población debería tomar tres o cuatro raciones a la semana, de cualquier especie, procurando alternar entre pescados blancos y azules.

"En la legislación alimentaria europea existen límites máximos de mercurio que son de obligado cumplimiento y que, controlados por las autoridades sanitarias, garantizan un consumo seguro de alimentos por la población", tranquilizan.

Expertos en Nutrición Pediátrica como el doctor Ignacio Ros, médico de la unidad de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Infantil de Zaragoza, insisten en que no hay que echarse las manos a la cabeza y que sigue siendo recomendable tomar pescado azul (diferente a los indicados por la AESAN) cada semana, tal y como han publicado en su Twitter.

Sin embargo, expertos como Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de Granada, afirman que los peligros de esta sustancia química que altera el equilibrio hormonal (entre otros efectos adversos) ya se conocían y que “esta recomendación llega 20 años tarde”. Así lo cuenta en El País y en su libro Libérate de tóxicos (RBA), donde habla del efecto de los disruptores endocrinos sobre la salud y exige más regulación para estas sustancias.

Beneficios para la salud 

Pero una cosa no quita la otra, y a pesar de los niveles de exposición a mercurio desde AESAN defienden que el consumo de pescado y marisco "aporta beneficios y es recomendable" ya que "aporta energía, es una fuente de proteínas de alto valor biológico y contribuye a la ingesta de nutrientes esenciales como el yodo, el selenio, el calcio y las vitaminas A y D".

“También tiene un buen perfil lipídico proporcionando ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3, que es un componente de los patrones dietéticos asociados con la buena salud, y pocos ácidos grasos saturados. Tiene efectos beneficiosos sobre el desarrollo neurológico en niños y reduce el riesgo de mortalidad por enfermedad coronaria en adultos", añaden.

Por su parte, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha aclarado que la manera más eficaz de alcanzar los beneficios para la salud por el consumo de pescado y de minimizar el riesgo de la exposición excesiva por metilmercurio (el tóxico más nocivo del pescado) es limitar el consumo de las especies con un alto contenido de metilmercurio.

Comer atún en lata no va a contaminarnos por mercurio. Sólo especies muy grandes como el atún rojo o los tiburones acumulan grandes cantidades de esta sustancia. (Foto: Getty)

¿Qué es el mercurio?

Es un elemento químico que forma parte de la composición natural de la corteza terrestre, principalmente como mineral de cinabrio (sulfuro de mercurio) o bien como impureza de otros minerales como la pirita (sulfuro de hierro).

Así llega al medioambiente

A través de procesos naturales, como consecuencia de la actividad volcánica y la erosión de las rocas mediante la acción del agua y el viento, el mercurio se libera al medioambiente. Sin embargo, también puede liberarse debido a la acción del hombre a través de numerosas actividades como la industria, la minería, quema de combustibles fósiles, eliminación de residuos, etc.

Además, el mercurio ha tenido, y aún tiene, numerosas aplicaciones como pinturas, vacunas, amalgamas dentales, baterías y pilas, lámparas fluorescentes y de bajo consumo, aparatos eléctricos y electrónicos, aparatos de medida como termómetros y barómetros), etcétera.

¿Cómo acaba en la comida?

El mercurio está presente en la naturaleza desde siempre y, como decíamos, por la actividad volcánica, industrial o por la erosión, se libera al medio ambiente. En el agua, la acción bacteriana lo transforma en su forma más tóxica y pasa a los peces por la alimentación, acumulándose en su tejido graso. Dado que el pez grande (como el atún rojo, el tiburón, el pez espada, el lucio...) se come al pequeño, va acumulando mayor cantidad a lo largo de su vida.

EFSA estableció que el consumo de alrededor desde 1-2 porciones de pescado/marisco por semana y hasta 3-4 porciones por semana durante el embarazo se ha asociado con mejores resultados funcionales del neurodesarrollo en los niños en comparación con la ausencia de consumo. También se ha asociado con un menor riesgo de mortalidad por enfermedad cardiaca coronaria (CHD) en adultos. (Foto: Getty)

Por ello, los crustáceos, los peces y los mamíferos marinos, depredadores de mayor tamaño y edad son los que mayor concentración de metilmercurio acumulan. Además, estos suelen ser migratorios, lo que hace que no pueda excluirse el pescado de las aguas menos contaminadas.

La forma más tóxica del mercurio, y que causa mayor preocupación desde el punto de vista sanitario, es el metilmercurio, el componente orgánico de mercurio más común en la cadena alimentaria.

Pescados con más riesgo

Los de mayor tamaño y edad:

  • Pez espada/emperador

  • Atún rojo (Thunnus thynnus: especie grande, normalmente consumida en fresco o congelada y fileteada). Además, ahora se consume de otra formas como el tataki, el tartar o el sushi.

  • Tiburón (cazón, marrajo, mielgas, pintarroja y tintorera) 

  • Lucio

Por qué contienen tanto mercurio

La restricción afecta a las cuatro especies señaladas ya que contienen altos niveles de mercurio y esto se debe a que, por un lado, el Mediterráneo está cada vez contaminado de plásticos y metales, y esto pasa -sobre todo- a los peces más grandes y más longevos.

Por otro lado, se sabe que este tóxico se ‘pega’ con mayor facilidad a la grasa que a otras partes del animal y como los pescados azules tienen más grasa, pues pueden contener más mercurio.

A quién afecta la restricción

Principalmente a dos grupos de riesgo:

  1. Las mujeres embarazadas, o que puedan llegar a estarlo, y durante la etapa de lactancia. Es decir, “una mujer embarazada de 60 kg que ingiere una ración de 100 gramos de pez espada a la semana superaría la ingesta máxima tolerable de metilmercurio”, explica la doctora en Farmacia Marián García, conocida en la blogosfera como boticaria Garcia.

  2. Los niños, desde los más más pequeños, que constituyen la población más sensible al mercurio, hasta los 10 años de edad.

El resto (la población general) únicamente tendrían que limitar la ingesta de cualquier especie de pescado a 3 o 4 raciones por semana, procurando variar entre pescados blancos y azules. También en niños de 10 a 14 años, recomiendan 3-4 raciones por semana de especies con bajo y medio contenido.

En general, tal y como apunta el profesor de toxicología Ángel Gutiérrez (Universidad de La Laguna), las cantidades que consumimos son tan pequeñas que no hay preocuparse.Las mujeres gestantes o los niños son los que deben prestar más atención puesto que son población más sensible al mercurio”, explica en declaraciones a Newtral.

Qué efecto tiene

Los efectos tóxicos del mercurio se conocen desde la antigüedad, pero fue en 1968, a raíz de la contaminación de la bahía de Minamata (Japón) por vertido de mercurio procedente de una industria química, cuando se asoció su toxicidad con el consumo de pescado contaminado. En 1972 un comité de expertos FAO/OMS analizó la relación entre el mercurio y la salud, evaluando los riesgos de su ingesta, y desde entonces se van produciendo revisiones.

Diversos estudios han mostrado resultados contundentes: el metilmercurio afecta al sistema nervioso central en desarrollo, de ahí que el feto y los niños más pequeños sean los más sensibles a este metal.


que el principal efecto negativo se daría en las mujeres embarazadas, dado que el mercurio es capaz de pasar la barrera placentaria, afectando a la salud del feto,

Y es que, tal y como explican desde AESAN, “después de una ingesta oral, el metilmercurio se absorbe en el cuerpo mucho más rápida y ampliamente que el mercurio inorgánico (presente en el suelo y las rocas), dada su naturaleza lipofílica, que hace que pueda atravesar fácilmente la placenta y la barrera hematoencefálica”.

Es decir “puede producir retrasos no recuperables, en concreto pérdida del coeficiente intelectual potencial del bebé, afectando a sus funciones cognitivas, la atención, el habla, la memoria y las actividades relacionadas con la visión espacial y funciones motoras finas, tal y como adelantó el pasado verano Pablo L. Higueras Higueras, director del Instituto de Geología Aplicada de la UCLM., Universidad de Castilla-La Mancha, en un artículo publicado en The Conversation.“Es algo muy difícil de medir y cuantificar -hasta qué punto estos efectos pueden estar en relación con la exposición al mercurio de la madre- pero es, sin duda, un riesgo real”.

También se han observado efectos sobre la ganancia de peso corporal, la función locomotora y la función auditiva. Estudios recientes indican que presenta efectos inmunotóxicos en el desarrollo a bajas dosis, pero se necesita más información.

Por otro lado, el mercurio inorgánico afecta principalmente al riñón, aunque también puede afectar a otros órganos como el hígado, el sistema nervioso, el sistema inmune, el sistema reproductor y del desarrollo, pero a dosis mayores que el metilmercurio.

Las especies más seguras

Aquí tienes la lista de los pescados con bajo contenido en mercurio:abadejo, anchoa/boquerón, arenque, bacalao, bacaladilla, berberecho, caballa, calamar, camarón, cangrejo, cañadilla, carbonero/fogonero, carpa, chipirón, chirla/almeja, choco/sepia/jibia, cigala, coquina, dorada, espadín, gamba, jurel, langosta, langostino, lenguado europeo, limanda/lenguadina, lubina, mejillón, merlán, merluza/pescadilla, navaja, ostión, palometa, platija, pota, pulpo, quisquilla, salmón atlántico/salmón, salmón del Pacífico, sardina, sardinela, sardinopa, solla o trucha.

¿Conocías los efectos adversos en la salud humana de este tóxico ambiental?

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