¿Es Brad Pitt responsable de su adicción?

Culpable o inocente, la neurociencia ha dictado sentencia (y te va a sorprender)

El actor estadounidense ha reconocido que tras la ruptura decidió dejar de beber, una adicción que le causó graves problemas con su familia. (Foto: Getty Images)

El divorcio de la pareja más famosa del celuloide conmocionó al mundo entero. ¡Si eran la pareja ideal! Guapos y triunfadores, con su unión no solo ganaron popularidad y fortuna, también formaron una familia de anuncio, multi-étnica, con la que recorrían el planeta para cumplir con su apretada agenda y sus respectivos rodajes. “¿Qué ha podido pasar?”, nos preguntábamos una y otra vez incapaces de encontrar un motivo para semejante batacazo. Hasta que el actor, de 53 años, zanjó todos los rumores reconociendo abiertamente sus problemas con el alcohol en la revista GQ Style.

“Estaba bebiendo demasiado. Se convirtió en un problema”, contó el actor, que se ha pasado meses acudiendo a terapia para superarlos.

Después nos fuimos enterando de los detalles. No fue algo repentino, sino que venía de lejos. “No puedo recordar un día desde que acabé la universidad en el que no bebiera o fumara marihuana o algo […] Dejé todo menos la bebida cuando comencé mi familia. Pero incluso este último año, ya sabes, había cosas con las que no estaba lidiando”.

En la primera entrevista que el intérprete ofreció tras el anuncio del divorcio apareció extremadamente delgado y con la mirada triste. “Me tocó la lotería y todavía perdía mi tiempo en cosas vacías”, reconoció entonces. (Foto: GQ)

Y se armó el Belén o la de Dios, como prefieras. Nos llevamos las manos a la cabeza, totalmente desconcertados, sin entender que alguien que lo tiene todo pueda caer en las fauces del alcohol. En casos como este casi siempre se culpa al adicto tachándole de débil e irresponsable. Un caso más, entre otros muchos, de adicciones incontrolables. Pues sí y no. Porque algo se puede hacer.

Para aclararlo, nos hemos puesto en contacto con un experto en Educación e intervencionista en Adicciones, Diego Calvo. Según nos cuenta el teólogo y titulado en psicobiología de la drogadiccióndurante mucho tiempo, la adicción se ha considerado como una debilidad moral o una falta de fuerza de voluntad. Sin embargo, actualmente está reconocida como una enfermedad crónica con cambios cerebrales específicos.

La adicción es una enfermedad del cerebro, crónica y progresiva, caracterizada fundamentalmente por la compulsividad y la pérdida de control

Precisamente uno de los descubrimientos más notables de las neurociencias ha sido la determinación de los circuitos de recompensa. Se trata de mecanismos de placer que involucran diferentes regiones cerebrales que se encuentran comunicados mediante mensajeros químicos llamados “neurotransmisores”.

La dopamina es un mensajero químico involucrado en la motivación, el placer, la memoria y el movimiento, entre otras funciones. En el cerebro, el placer se produce a través de la liberación de la dopamina en el “núcleo accumbens”, una región a la cual los neurocientíficos llaman el “centro de placer del cerebro”. Justamente la acción de una droga adictiva funciona a partir de la influencia en ese sistema.

Podemos controlar lo que pensamos y así regular nuestras emociones. (Foto: Getty)

Es decir, que según los neurocientíficos, las adicciones surgen cuando el cerebro se adapta a niveles altos de dopamina (hormona de la felicidad). Al consumir habitualmente una sustancia adictiva nuestro cerebro se acostumbra a ella, lo que produce que se suprima su producción normal de dopamina y demande una dosis de esa sustancia para compensar la pérdida

Entonces, ¿sabrías reconocer una adicción? ¿Cuáles serían sus características y los indicios de que estamos empezando a perder el control de la situación? Calvo nos comenta algunas de las más habituales:

1. Comportamiento adictivo y adicción:

Para empezar hay muchos comportamientos adictivos que no tienen que ver con consumir sustancias o drogas, sino que  se puede ser adicto al juego, a las apuestas, a las compras, a Internet, al trabajo, a las relaciones sociales o afectivas y hasta a la comida. Pero hay matices importantes. No es lo mismo un comportamiento adictivo que una adicción, existen diferencias entre ambos términos. Para hablar de adicción tienen que producirse una serie de cambios de manera progresiva, pero permanente en el tiempo:

  • PERSONALIDAD. La alegría y la forma de ser que tenemos va cambiando. El carácter se vuelve diferente porque en el fondo vivimos una vida que no deseamos y eso genera frustración.
  • FISIOLOGÍA. Nuestro cerebro va habituándose a una nueva forma de recibir premios y castigos.
  • COMPULSIVIDAD. Vivimos episodios de pérdida de control sobre la misma sustancia o hecho.
  • MOTIVACIÓN. Se verá desbordada aún cuando sepamos que lo pasaremos muy mal.
  • CONTROL. Cada vez será más difícil poder controlar nuestra vida emocional y sus consecuencias.

Sobre todo hay que estar atento al deterioro del aseo personal, los sangrados nasales, los cambios de humor y de actividades, la somnolencia, la falta de motivación y la apatía.

Los alimentos procesados (al igual que el azúcar y los carbohidratos) pueden causar adicción. (Foto: Getty)

2. Detecta los pensamientos

La vulnerabilidad genética contribuye al riesgo de desarrollar una adicción. Si aprendemos a pensar veremos lo irracional de muchos de nuestros pensamientos. Involuntariamente caemos una y otra vez.

3. Análisis

La persona que es adicta no quiere serlo. Su adicción ya le costó su trabajo, su pareja, su bienestar. .Sin embargo, no puede resistir la tentación. Puede intuirlo, por los episodios que vive. Pero lo normal es que no sepa que ha enfermado, que no quiera aceptarlo, y que crea que puede controlar la situación. Por eso necesita ayuda. Si es tu caso (o el de alguien de tu entorno) nunca debes juzgarte/le bajo la culpa, la vergüenza o el juicio personal. No eres lo que haces, lo haces porque estás enfermando y urge entonces una intervención.

4. El sistema límbico

La dopamina no sólo contribuye a la experiencia del placer, sino que también desempeña un papel en el aprendizaje y la memoria, dos elementos clave en la transición de consumir algo a convertirse en adicto. Todo el sistema de gratificación del cerebro está modificándose con este nuevo aprendizaje.

La tecnología es la nueva droga. Muchos jóvenes se sienten perdidos y vacíos sin no están conectados. (Foto: Getty)

5. Vivir de otra manera

La adicción se aprende y se almacena como memoria en el cerebro, por lo que la recuperación es un proceso lento. Incluso después de que una persona renuncia, por ejemplo, al consumo de drogas, durante semanas, meses, e incluso, años, la exposición al sitio de la droga, caminar por una calle donde la compraron o tropezar con personas que siguen consumiendo les trae un tremendo impulso a querer consumir de nuevo.

No obstante, existen medios para combatirlo, tratamientos que han logrado ser altamente eficaces, (por lo general) al combinar estrategias de autoayuda, psicoterapia y rehabilitación. Además, para algunos tipos de adicciones, ciertos medicamentos también pueden ayudar.

6. Se puede cambiar

Conseguirlo uno solo es una posibilidad cuando no hay adicción sino habituación a algo que por el motivo que sea decido que ya no exista y lo consigo con la fuerza de voluntad pero porque no existía la adicción, si existe nadie podrá nunca salir adelante solo. Es una enfermedad emocional en desarrollo.

Las palabras de Pitt son la prueba de que hay solución: “Estoy verdaderamente feliz de que haya pasado medio año, lo cual es agridulce, pero ya tengo mis sentimientos en mis manos otra vez”.

Tal y como apunta Calvo, que ha creado una herramienta para desengancharse de cualquier tipo de adicción: “No eres culpable de esa enfermedad. Observa el pasado pero no mires atrás. Un nuevo amanecer te espera. Te mereces salir adelante, tu lucha no ha terminado. ¡Ánimo!”.

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