La clave que hace que sigamos viendo 'Erin Brockovich' aunque la conozcamos de memoria

Teresa Aranguez
·6 min de lectura

Casi todo lo que toca Julia Roberts, en términos cinematográficos, lo convierte en oro. Esta pretty woman de talento a raudales es una de las favoritas del mundo mundial. Quizás por eso Erin Brockovich, la película que le hizo ganadora de su primer y único Oscar como actriz en el 2000, sigue siendo una de las producciones que no solemos perdernos si la encontramos haciendo zapping. Los expertos dicen que esa sonrisa inigualable sumada a su particular forma de actuar y a un guión exquisito de Susannah Grant forman una ecuación perfecta para que el éxito de esta cinta de Steven Soderbergh siga traspasando fronteras, décadas y generaciones.

El 7 de abril se cumplen 20 años de su estreno en los cines de España, ¿no es increíble entonces que la disfrutemos cada vez que volvemos a verla?

(© 2000 - Universal Pictures, Inc.)
(© 2000 - Universal Pictures, Inc.)

Y es que, ¿quién no se ha sentido Erin en algún momento? El personaje al que da vida Julia representa a una mujer trabajadora y sin demasiados recursos que lucha, como todo hijo de vecino, por llegar como puede a fin de mes. Eso de enfrentarse sola a todo le hace tener un instinto y olfato más agudo de lo habitual. Por eso al hacerse con un humilde puestecillo en una empresa jurídica descubre y destapa los chanchullos y abusos de una relevante corporación eléctrica.

Vamos, corrupción, mala maña y trampas, el pan nuestro de cada, independientemente del año en que vivamos. La cosa cobra aún más fuerza sabiendo que el tema en cuestión no es producto de ninguna imaginación sino que está basado en un caso absolutamente real. Y que ella, Erin Brockovich, no la de la película sino la mujer que lo vivió en sus propias carnes, pasa de ser alguien sin estudios con un futuro poco prometedor a convertirse en la presidenta de su propia consultoría, de la cual sigue estando a cargo con éxito a sus 59 años.

En su momento estuvo tres semanas consecutivas en el número uno de la taquilla estadounidense, además de nominada a cinco premios Óscar. El papelito en cuestión convirtió a Julia, esa mujer de dentadura perfecta, en la receptora de nada menos que, agárrense que vienen curvas, 20 millones de dólares por trabajito realizado a partir de ese momento. La cantidad es alta, para qué negarlo, pero ese no es el mayor logro ni récord a destacar. Con esta subida de sueldo la actriz igualaba a compañeros suyos como Mel Gibson o Jim Carrey que llevaban años ganando dicha cantidad haciendo el mismo trabajo. Así que Julia hizo historia por convertirse en una de las primeras mujeres en optar a esa jugosa cantidad de ceros y hacerle frente al machismo todavía presente en Hollywood. Por desgracia, la igualdad de sueldos en la meca del cine sigue siendo una utopía.

Esa mujer madura entonces de 32 años ya había dejado buen sabor de boca con títulos como La boda de mi mejor amigo, Notting Hill, Novia a la fuga o Conspiración. Su carrera progresaba adecuadamente pero le faltaba un papel que sacara la actriz guerrera y de raza que llevaba dentro. Y lo logró. Nunca se habló tanto de un sujetador en una película. Pero no porque fuese obsceno, de mal gusto ni especialmente llamativo, era la gracia y naturalidad con que lo lucía. Lo que había detrás iba más allá de algo sensual o sexual. Y qué decir de su melena pelirroja, de ondas naturales y poco retoque de peluquería. O su maquillaje natural que le hacía ver como una mujer luchadora, de esas que no tienen tiempo que perder y está dispuesta a comerse el mundo por sus tres hijos. Unos pequeños pero a la vez enormes detalles en los que Susannah, la guionista, hizo especial hincapié y que hoy son parte de la clave del éxito de esta cinta.

La escritora descubrió que los derechos de la historia de esa mujer llamada Erin Brockovich seguían pululando. Sabía que era un tesoro escondido así que no dudó en tener un encuentro con la heroína de carne y hueso que dio pie a esta película biográfica. El asunto era delicado, más de lo mismo, corporaciones privadas y corruptas abusando de su poder y engañando a los pobres. El corazón de la historia no era el qué sino el quién. Susannah quería contarlo todo sobre Erin, esa mujer de armas tomar que sin nada consiguió todo, un espíritu luchador acostumbrado a sobrevivir entre obstáculos que se dejó llevar por su buena fe y ganas de hacer justicia, esa que la vida no le habría brindado a ella.

Hasta que se cruzó con Ed, su jefe en esta historia y el hombre que le daría la oportunidad de su vida. Un cincuentón que se fijó más en la persona y menos en la delantera. La química entre ella y su compañero de reparto, Albert Finney, desafortunadamente fallecido el año pasado, son otro de los ganchos clave de esta película. Es una historia de amor al desuso, y no hablamos de amor romántico, sino del encuentro de dos personas que se reconocen en una palabra, como si se conociesen de toda la vida. Jefe entrado en años y joven empleada terminan formando un equipo perfecto con sus diferencias y peleas, por supuesto, pero siempre con respeto. Sus escenas y conversaciones son una auténtica delicia por la garra, la fuerza y la intensidad que desprenden.

Por primera vez en mucho tiempo nos olvidábamos de la delicada Julia Roberts para conocer a la mujer con pantalones que lleva dentro. Sexi, sí, pero por encima de todo, interesante. Su papel nos hacía ignorar por momentos su belleza física y concentrarnos en una historia dolorosa que muchos ciudadanos de a pie viven cada día. Ella encarna el rol como una diosa, lo que le valió las críticas sobresalientes de grandes publicaciones como New York Times. “Después de demostrarnos durante 40 minutos la gran actriz que es, la señorita Roberts pasa los siguiente 90 de su contenido siendo toda una estrella de cine”, escribió el crítico A.O. Scott en su reseña.

Albert Finney y Julia Roberts en 'Erin Brockovich' (Universal Studios - © 2000)
Albert Finney y Julia Roberts en 'Erin Brockovich' (Universal Studios - © 2000)

El amor de cuento de hadas que vivió en cintas anteriores con galanes como Richard Gere, Hugh Grant o Mel Gibson pasa a un segundo plano en esta apasionante historia de superación. Lo más cercano a ese pasado rosa en la cinta de Soderbergh es una escena con Aaron Eckhart que dura lo justo y nos regala unos segundos de la dulzura e inocencia de Roberts. Lo suficientemente breve como para que se quede en una anécdota y no haga sombra al corazón de esta película.

Así que ya tenemos la respuesta. ¿Por qué Erin Brockovich sigue siendo una de las películas más vistas una y otra vez a lo largo de los años? La respuesta tiene nombre y apellidos: Julia Roberts. Es cierto que sin la mano de su director, la magia de su guionista y los buenos compañeros quizás nada hubiera sido lo mismo, pero la realidad es que la actriz se come la pantalla hasta la última y arrebatadora escena que nos deja sin aliento. No vamos a hacer spoiler por si acaso eres uno de los despistados que todavía no la ha visto. Y para los que sí, siempre es una buena ocasión para volver a verla. Jamás decepciona.

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