¿Eres machista y no te has dado cuenta?

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Photo credit: Siro Rodenas Cortes
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¿Estás la primera en las manifestaciones del 8M, pero luego juzgas a las mujeres que tienes alrededor con estereotipos machistas? Pasa mucho y la única manera de pararlo pasa por revisar la información que tienes interiorizada porque, aunque te parezca mentira, todas llevamos el germen del machismo en nuestro interior, producto de siglos de patriarcado.

En el libro 'El fin del sesgo', Jessica Nordell (Ediciones Urano), la periodista británica, con estudios y datos, muestra cómo podemos empezar a detectar nuestro 'machismo intrínseco', algo imprescindible para poder acabar con los prejuicios. De primeras, ten en cuenta que todos y todas tenemos gestos y sesgos machistas involuntarios. La mala noticia es que hace mucho más daño del que pensamos. La buena noticia, es que se puede cambiar.

Los estereotipos de género afectan el comportamiento de las personas, a lo que eliges estudiar, a tus ambiciones y a tus actitudes al relacionarte. Por ejemplo, las niñas tienen hasta un 80% menos de probabilidades de participar deportes organizados o de estudiar matemáticas avanzadas en sus últimos años de escuela, ya que a partir de los ocho años tienden a pensar que ellas no sirven para esa materia. Si no estás alerta, puedes convertir tu vida en una jaula o ayudar a que la de otras mujeres lo sea.

Photo credit: Imgorthand - Getty Images
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Machismo que mata

Además de por la violencia de género, el machismo puede dañar gravemente la vida y hasta la salud de las mujeres. La investigadora británica confirma que "el sesgo en la atención médica tiene consecuencias muy graves, que ponen en peligro la vida de las mujeres. Los síntomas de las mujeres a menudo se toman con menos seriedad, lo que conduce a diagnósticos tardíos y/o erróneos".

En su libro, Nordell relata la historia de su amiga Chris, cuyo cáncer fue mal diagnosticado: "los médicos le dijeron que simplemente estaba 'estresada'." Se trata de algo que denuncia también en el libro 'Mujeres invisibles para la medicina' (Capitán Swing), la médica Carme Valls Llobet, que explica que hay mujeres que llegan a urgencias con un infarto pero les dan ansiolíticos porque consideran que tienen un ataque de nervios.

Así, no es de extrañar que, aunque un estudio del Hospital Vall d'Hebron confirmase que las mujeres fallecen el doble por infarto agudo de miocardio, el mismo estudio mostraba que, pese a ello, la enfermedad se sigue relacionando más con los varones.

Photo credit: D.R.
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Sexismo laboral

El machismo puede marcar tu conducta desde una edad temprana si no estás atenta, lo viene haciendo desde hace mucho. Según un estudio de la Universidad de Ottawa (Canadá), las mujeres critican a otras para suprimir su sexualidad. La razón es el propio sistema patriarcal, que las ha obligado ancestralmente a competir entre ellas. Por eso, cuanto más abierta e igualitaria es una sociedad, menos se cumple el estereotipo de mujeres que critican a otras mujeres.

Photo credit: Jupiterimages - Getty Images
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Entre los numerosos patrones de los sesgos de género, Nordell destaca uno muy común, el del sexismo en el trabajo que hace que, por ejemplo, las mujeres sean más interrumpidas que los hombres en el trabajo, un fenómeno que ocurre en todo el mundo y que, por supuesto, contribuye a los techos de cristal.

"Esto es parte de una devaluación general de las contribuciones de las mujeres", denuncia Nordell, "las mujeres también descubren que sus ideas a menudo se atribuyen a los hombres, ellas no reciben crédito. Pero, muchas veces, son castigadas y criticadas. Todos estos patrones están muy bien documentado, por eso es difícil pasarlos por alto una vez que estás familiarizado con ellos".

Además, la periodista destaca que hace que "los prejuicios en el trabajo limitan la capacidad de las mujeres para prosperar" y subraya que, entre las mujeres , debido al racismo de la sociedad, también hay grados: "las mujeres de color afrontan los niveles más altos de discriminación en el trabajo que cualquier otro grupo".

Photo credit: Hubert Vestil - Getty Images
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Lo peor de los pensamientos y de las conductas patriarcales es que acaban por afectar a tu mente, tu autoestima y hasta a tu salud mental. "Todos los prejuicios de género afectan a las mujeres a un nivel profundo del alma, lo que influye en cómo pensamos sobre nuestro propio potencial y papel en el mundo", confirma Nordell. Por eso, eliminar el sexismo de nuestras vidas –y de nuestras mentes– es tan necesario, como beneficioso.

Cómo evitar ser sexista

  • Sé consciente de tu machismo. Lo primero para empezar a evitarlo es reconocer que lo tienes. Asegúrate de tratar por igual a todo el mundo, tanto en el trabajo como en tu vida privada.

  • Analiza tus pensamientos según el sexo. “Observa tus propias suposiciones, esas que te salen de forma automática, cuando comparas a una mujer frente a un hombre”, anima a hacer Nordell, para empezar a detectar las ideas machistas que tienes interiorizadas. Por ejemplo, ¿juzgarías igual a una chica a la que se le vieran los pezones que a un chico? ¿Y te has preguntado el porqué?

  • Practica el mindfulness, o sea, la atención plena. De ese modo, te será más sencillo decir lo que tú piensas, no lo que los sesgos machistas te dictan. “Cuanto menos estresadas estemos, menos influencia tendrá el sesgo en nuestro pensamiento”, explica Nordell.

Photo credit: UWE_UMSTAETTER - Getty Images
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  • Aprende otros modelos de hacer las cosas (en igualdad). Estudiar las genealogías feministas te puede dar una pista sobre otros modos de plantear nuestro pensamiento, más libres y en igualdad. Nordell recuerda a las mujeres de la Confederación Iroquesa, formada por cinco tribus de América del Norte que se gobernaba a través de consejos de representantes de la población. Se considera uno de los sistemas democráticos más antiguos del mundo y se realizaba en completa igualdad entre hombres y mujeres. “Las mujeres en la confederación iroquesa, por ejemplo, tenían un poder político masivo”, apunta la escritora, “¡esto ilustra que otra manera es posible!”.

  • Enseña a los demás. No te cortes a la hora de señalar los machismos y comparte cómo e pueden hacer las cosas de otra manera. No serás una aguafiestas, puedes usar tu sentido del humor, si te parece, o simplemente hacer oídos sordos si alguien se siente ofendido. Y, por supuesto, si tienes un hijo o una hija, edúcales para que no tengan sesgos sin enfatizar su género en absoluto.

  • Habla sin sexismo. Nordell subraya que, cuanto más nos enfocamos en las categorías de género, más estereotipos suceden. Por ejemplo, cuando solemos hablar a niños o niñas, muchas veces reforzamos los pensamientos patriarcales. Por eso, propone que “en lugar de reforzar los estereotipos, te concentres en el niño o la niña como ser individual”. Por ejemplo, si una niña dice: ‘¡Tengo un vestido nuevo!’En lugar de decirle qué bonito es, podrías preguntarle si es cómodo, si puede correr con él sin problema. Y en el caso de los niños varones, recuerda no avergonzarles nunca por expresar sus emociones.

Photo credit: firstthingsfirst - Getty Images
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  • Medita desde la bondad y el amor. Nordell recomienda practicar la meditación desde la sociedad para cambiar nuestro comportamiento a mejor y evitar los patrones machistas.

  • Empatiza hasta el infinito. Para comprender y empatizar con personas diferentes a ti es fundamental imaginar cómo es estar en la situación de esa otra persona e intentar ver las cosas desde su punto de vista. Hacerlo ayuda a eliminar las disparidades de género en el trato entre mujeres y hombres.

  • Apréndete citas de grandes mujeres. Y luego suéltalas por ahí. Por un lado, aprenderás de ellas, por otro, esparcirás sus pensamientos, libres de sesgos machistas.

  • Practica la sororidad. Desde ella, y con el feminismo como guía, será mucho más difícil que se te cuelen pensamientos, actitudes y comportamientos machistas. Ser sorora es perfecto para evitar los sesgos de género.