Entrevista con Arturo Peniche: “Las telenovelas nunca van a desaparecer”

Por Vilma Degorgue Alegre
Photo credit: Mariel Mayora. Derechos: M.V Talent Agency

From Diez Minutos

Es uno de los grandes nombres de las novelas mexicanas y, aunque a estas alturas no tiene nada que demostrar, se reinventa en cada nuevo trabajo al que siempre pone su toque personal. A sus 57 años, el ritmo de Arturo Peniche es muy intenso con dos producciones por año. Además, forma con su esposa, Gaby Ortiz, uno de los matrimonios más sólidos del mundo artístico y es abuelo de un niño de 3 años y una pequeña de uno.

Tus últimos trabajos son Cita a ciegas y El preso número 1.

Así es. En la primera era un cardiólogo tolerante y noble. En la segunda me arriesgué más pues es un thriller político y hago un papel oscuro y turbio. Dar vida a dos personajes absolutamente diferentes deja un buen sabor de boca.

En La reina soy yo sorprendes con tu aspecto. ¿Te divertiste?

Me llamó el productor, que es mi amigo, y acepté, pero le pedí que me dejara hacer a don Edgar a mi manera: muy loco y extremadamente moderno para su edad. Hubo opiniones encontradas que era lo que yo buscaba desde que lo planteé.

¿Ha cambiado mucho la actuación desde que empezaste?

Sí, la velocidad con la que se vive ahora se refleja en el trabajo. Hoy los personajes tienen ese tipo de comunicación inmediata, el lenguaje es distinto, hablan más deprisa y sus movimientos son más abruptos. Hay que adaptarse a la época para no quedarse atrás.

¿Te decantas por las historias clásicas o por las actuales?

Las dos. La telenovela es un género que siempre he defendido porque refleja lo que somos, es la ficción más cercana a la vida y nunca va a desaparecer. Hablo del melodrama serio, donde pasan cosas como que estás en un funeral y un amigo te cuenta un chiste y, por segundos, sales de la dura realidad. Sin embargo, otros llegan a la caricatura como María Mercedes.

Pues marcó tu carrera...

Sí, y también Monte Calvario, La indomable, María José o Corazones al límite.

¿Qué dirías a los jóvenes que comienzan en la interpretación?

Mis dos hijos, Brandon y Khiabet, han seguido mis pasos en el mundo artístico como actor y presentadora y siempre les he inculcado la importancia de la disciplina y el respeto.

¿Se ha perdido?

Cuando yo entré en el cine tuve la oportunidad de trabajar con Joaquín Cordero, una estrella de la época, y lo primero que hice fue mostrarle mi admiración. Hoy en día, con una carrera como la mía, llegan algunos chicos y lo primero que me dicen es “¿Qué onda, güey?”. Hay que conocer un poco la historia de la profesión en la que comienzan.

A nivel de salud, ¿cómo estás? Se dijo que estabas enfermo.

Tuve una salmonelosis complicada con tifoidea y estuve grave. No pasó de ahí pero ¡me mataron en las redes sociales! Yo estaba de viaje y mis familiares se pusieron nerviosos. Eso me preocupa.

¿Te ha cambiado ser abuelo?

Es realmente increíble. Tengo dos nietos, Lucca, de tres años y Alessia, de uno, que han despertado en mí un amor que no sabía que existía. Incluso más que cuando tuve a mis hijos. Con ellos soy mimoso y les doy mil caprichos.

¿Qué proyectos tienes?

Soy compositor y cantante y estoy produciendo un espectáculo con dos amigos. Queremos dar la vuelta al mundo con temas regionales a tres voces.

Photo credit: JC Olivera

Coincidiste con Edith González, ¿cómo la recuerdas?

Suelo ser muy discreto, pero la amé mucho. Era una persona extraordinaria, una madre excepcional y una hija divina. Impulsó mi carrera pues hicimos juntos Monte Calvario cuando ella era ya una estrella. Me dio a conocer al mundo.