Entendiendo a Claudia de 'La isla de las tentaciones', lo de Javi no es amor

Javi y Claudia de La isla de las tentaciones 5 (cortesía de Mediaset)
Javi y Claudia de La isla de las tentaciones 5 (cortesía de Mediaset)

Después de deambular por La isla de las tentaciones como un muerto en vida, Javi demostró tener sangre en las venas al huir despavorido de la hoguera. El chico se marcó una espantada como las de Christofer y Melyssa tras ver imágenes de Claudia, corriendo hacia la otra villa, llamándola a los gritos y desesperado por verla. El problema es que, a diferencia de los concursantes anteriores, su desesperación no viene desatada por los celos, la infidelidad o un flirteo descarado (muy típico en este reality), sino de una dependencia que ya se antoja enfermiza.

¿Qué vio? Nada para espantarse tanto. Un juego con un hielo en la boca junto al soltero Álvaro -como hacen todos en este programa, incluyendo sus propios compañeros- e imágenes de Claudia criticando su actitud pasiva y dependiente, advirtiendo que no puede seguir con la relación de esta manera. No la vio en la cama, ni besándose con nadie ni haciendo los contoneos físicos que hacen algunos de sus compañeros cuando bailan con las solteras. Pero el chico explotó igual. En mi opinión, como reflejo de todo lo que lleva aguantando. Lo habremos visto todas estas semanas manteniendo la calma, con voz pausada, mirada perdida y alejado de los dramas, pero evidentemente lleva un tiempo hirviendo por dentro. En todas las hogueras ha querido ir con la razón por delante, hablando de confianza y comprensión hacia ella, diciendo que él estaba poniendo de su parte para cambiar como su novia le había pedido. Pero la verdad es que nadie cambia de la noche a la mañana. Y Javi con su reacción lo ha dejado más que demostrado.

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Una de las cosas que me enferman de esta edición son las críticas que ha tenido que soportar Claudia. Son muchos los mensajes que se pueden leer en Twitter criticándola por pedir que su novio se libere, llevando sus palabras a un extremo superficial por creer que quiere a un malote cuando tiene a un buenazo como Javi, enamorado y entregado hasta las trancas. Sin embargo, yo la entiendo. Eso no es lo que pide Claudia. Ni por asomo. Sino un hombre que la trate como igual, que rebaje la presión que impone su idolatría y se divierta. Se diviertan.

En el programa del jueves vimos a Javi deambulando por una de las fiestas, como hace en todas, yéndose a dormir temprano. Cuando se encuentra en el Caribe, con gente que ha ido a pasárselo bien. Cuando se puede ser libre y disfrutar de la vida estando en pareja, sin necesidad alguna de faltar el respeto a una relación. Mientras que en otras entregas dijo que ver a Claudia “es como ver a Dios”, incluso pasó muchos días durmiendo con su compañero Samuel porque decía que no podía dormir solo al estar acostumbrado a tenerla a su lado. Si sumamos todo esto a su estado apático y la falta de interés por querer disfrutar de la experiencia, centrándose de lleno en dejar que pase el tiempo hasta que vuelva a ver Claudia, terminamos dando la razón a su novia.

Claudia vio imágenes de él abatido en la hoguera. Era la primera vez que finalmente tenía pruebas visuales de lo que ya sospechaba: que su chico lo estaba pasando fatal, sin integrarse ni poner de su parte para buscar el cambio. Y es que ella no le pide que sea otro, sino que vuelva a ser el joven del que se enamoró. Que deje de idealizarla, que la baje del pedestal y sean dos seres iguales dentro de la relación.

No era así antes, siento que lo estoy apagando” dijo Claudia, echándose la culpa por la inseguridad y dependencia de Javi. “Ya no sé qué hacer, le he dado mil opciones, vamos a vivir cada uno por un lado, vamos a vernos menos y esto era una de las opciones y decidimos venir los dos para intentarlo, pero no veo que lo esté intentando. Lo veo ido, que está ahí pasando el rato esperando a que esto termine, volverse a encontrarse conmigo y otra vez lo mismo”.

Y entonces dijo algo que me parece acertado: que no se puede estar con una persona y ser responsable de tirar del otro porque “es agotador”. Claudia dice sentirse responsable de la actitud de su novio porque se comporta así de dependiente desde que están juntos. “Igual tengo que dejarlo para que él este bien” reflexionaba. Pero no, ni dejarlo o seguir es el quid de la cuestión, sino que debe ser Javi quien reconozca su problema y realmente quiera hacer algo al respecto. Porque Claudia lo tiene claro: si llegara a serle infiel está segura que “por desgracia” la perdonaría solo por seguir con ella.

Por todo esto podemos llegar a la conclusión de que la actitud de Javi y su huida en la hoguera no son símbolos de amor. No es el reflejo de un enamoramiento libre. Sino de una dependencia enfermiza que controla la relación y su propia actitud aunque no lo quiera.

Ninguno de los dos ha explicado todavía cómo han llegado a esta idealización, pero Javi ha llegado a un punto en que no puede vivir ni ser libre sin tenerla cerca. Claudia es una mujer que ha tenido experiencias amorosas, ha vivido su soltería y mantenido relaciones, llegando a un punto de madurez emocional dispar al de su novio. Puedo imaginar que tener una pareja que te idealiza tanto, que presiona tanto poniéndote en un pedestal, se termina convirtiendo en un lastre al que debes bajar a tierra cada dos por tres. Tanta idealización añade presión a una relación y bloquea la espontaneidad y naturalidad en la pareja. Terminan desnivelados, dándole a Claudia un poder que a él lo coloca en un plano inferior. Y sin que ella se lo pida.

La dependencia no es un símbolo de amor, sino de una inseguridad que necesita de su propio proceso. El cambio no va a llegar porque se fuerce en La isla de las tentaciones. Esto es un camino que deben transitar juntos o por separado, pero donde Javi es el único responsable de abrir los ojos.

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