Con este enorme cariño hablaba Beatriz Arrastia, madre de Isabel Preysler, de sus hijos y nietos

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Beatriz Arrastia sentía auténtica devoción por su familia, algo que quedó patente el día que ella misma contó públicamente todo el amor que les profesaba. La madre de Isabel Preysler, fallecida este domingo a los 98 años de edad, dejó en febrero de 2019 un valioso testimonio para entender lo unida que estaba a los que más quería. "¡Qué nietos tengo!... son maravillosos", decía visiblemente emocionada. "No tengo palabras para expresar el cariño que les tengo y me sale del alma", confesaba durante la que fue su única aparición televisiva, que tuvo lugar en el programa Volverte a ver presentado por Carlos Sobera en Telecinco. Aquella noche, Beatriz Arrastia recibía precisamente la sorpresa en plató de Julio José Iglesias y Tamara Falcó, quienes acudían juntos para expresar a su "beba" -como la llamaban de forma entrañable- lo mucho que significaba para ellos. Al verles, la madre de Isabel Preysler no pudo reprimir las lágrimas y deshacerse en halagos con los dos.

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"Julio es la alegría, un hombre que dice las cosas con sus ojos y solo con un gesto nos entendemos", expresaba. "Y Tamara es estupenda, hay que admirarla porque ha montado un negocio que da gusto verla", añadía. "Me conocen tan bien que enseguida me abrazan o me dicen que ya saben lo que quiero", subrayaba. Sobre cómo eran de pequeños, Beatriz explicaba que "el más travieso era Enrique y su hermano también, pero no tanto", y después apostillaba con humor: "Ahora de mayor, es otra cosa". Lo que resultaba misión imposible para la protagonista, como para toda abuela que se precie, era elegir al preferido entre sus nietos. "Les quiero a los dos por igual", aseguraba con una sonrisa cuando el presentador le preguntaba por su ojito derecho. Mientras, al hablar de cómo fueron sus primeros años conviviendo con Tamara, la entrevistada relató que "me instalé en casa de mi hija y yo iba cada día a misa. Mi nieta era muy joven pero su padre me dio las gracias por las cosas que le estaba enseñando y eso me llegó al alma. Yo le dije, no, Carlos, no he hecho nada, ha sido ella la que ha querido cambiar".

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Efectivamente, la marquesa de Griñón constaba después que "mi abuela vino cuando yo tenía quince años y es la inspiradora de mi fe y mi conversión". Beatriz Arrastia también se sinceró sobre su hija Isabel, asegurando que "vale su peso en oro", e incluso sobre sus parejas: "Mi hija está divinamente y me han gustado todos mis yernos", señalaba elegantemente la suegra de Mario Vargas Llosa. Sus nietos, que quedaron impresionados por el aplomo y la soltura de su abuela en su debut ante las cámaras, le agradecieron por último ser "la mejor del mundo y la que más nos ha podido querer", aseveraba Tamara con la voz quebrada. Julio, por su parte, le confesó que ella era la principal razón de sus viajes a España y le deseó “que te quedes con nosotros mil años más”. Cuando la pantalla gigante que les separaba les permitió reencontrarse, la abuela y sus dos nietos se fundieron en un profundo y sentido abrazo ante la ovación y los aplausos del público.

Nacida en el seno de una de las familias más ricas de la provincia filipina de Pampanga, Beatriz pasó toda su infancia en la hacienda de sus padres antes de trasladarse a Manila. Recibió una educación muy elitista y tanto ellas como sus hermanas siempre destacaron por su gran belleza. A pesar de su privilegiada condición, ya de adulta, la madre de Isabel Preysler tuvo que enfrentarse a los estragos generados por la Segunda Guerra Mundial, así como a la dura pérdida de tres de los seis hijos que tuvo junto a su marido, el empresario filipino Carlos Preysler, gerente de las Líneas Aéreas Filipinas y delegado del Banco Español de Crédito en Manila y fallecido en 1992. Beatriz tuvo que despedirse así de Enrique, que murió con tan solo 25 años; Beatriz, que fallecía en 2011 a los 53 años por un cáncer de pulmón, y Carlos, que moría en 2013, también víctima del cáncer.

Siempre muy discreta, apenas hay imágenes de Beatriz Arrastia en eventos públicos, pero para sus hijos y nietos ha sido siempre todo un referente. Se trasladó a vivir de forma permanente con Isabel hace cuatro años, ya que anteriormente dividía su tiempo entre España, donde solía pasar temporadas de seis meses, Filipinas, su país natal y Estados Unidos, donde pasaba tiempo junto a sus nietos.

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