Una pierna hinchada y la otra no: las causas de una enfermedad que afecta sobre todo a las mujeres

Cuando el sistema linfático está dañado o bloqueado se puede desarrollar linfedema, una enfermadad incapacitante y de carácter crónico que causa impotencia funcional, deformidad corporal, alteraciones emocionales y un riesgo considerable de infecciones graves. (Foto: Getty)
Cuando el sistema linfático está dañado o bloqueado se puede desarrollar linfedema, una enfermadad incapacitante y de carácter crónico que causa impotencia funcional, deformidad corporal, alteraciones emocionales y un riesgo considerable de infecciones graves. (Foto: Getty)

'Linfedema' es el nombre de un tipo de inflamación corporal. Ocurre cuando se acumula linfa en los tejidos blandos del cuerpo. La linfa es un líquido que contiene glóbulos blancos, células que nos defienden contra los gérmenes.

Normalmente la linfa se traslada por el cuerpo utilizando una red de tubos delgados llamados vasos. A su vez, unas pequeñas glándulas denominadas 'ganglios linfáticos' filtran las bacterias y otras sustancias perjudiciales fuera de este líquido. Sin embargo, cuando los ganglios linfáticos se extirpan o dañan, el líquido linfático se acumula en los tejidos circundantes y hace que se hinchen.

La causa de esta patología es una atrofia u obstrucción en el sistema linfático, un sistema de vasos que conduce la linfa (líquido rico en proteínas) hacia el corazón. Cuando este líquido sale al exterior se produce el edema y, si este se perpetúa en el tiempo, ocasiona fibrosis y depósitos de grasa”, explica la doctora Carmen Iglesias, responsable de la Unidad de Microcirugía Reparadora del Servicio de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora del Hospital Nuestra Señora del Rosario de Madrid.

Los síntomas más frecuentes del linfedema son la hinchazón (edema) y sensación de pesadez en la extremidad afectada. No suele haber dolor pero sí tirantez de la piel o cambios cutáneos, y problemas de movilidad que acaban afectando a la funcionalidad del brazo. Esto puede llegar a alterar la imagen corporal del paciente y a pasar factura sobre su salud psicológica.

Los linfedemas primarios son aquellos que no tienen causa aparente, pueden ser congénitos o aparecer en la adolescencia o más tarde. Se producen porque las vías linfáticas no funcionan con normalidad o su número es menor del necesario para que su sistema linfático sea competente.

Mientas que los secundarios se dan cuando el sistema linfático es normal pero ha sido alterado por traumatismos, operaciones quirúrgicas, irradiaciones o infecciones.

Por eso, entre las mujeres de más riesgo destacan aquellas que han sido intervenidas quirúrgicamente de un cáncer, ya que debido al eliminar una parte importante de los ganglios linfáticos, se produce con una frecuencia variable linfedema en la extremidad afectada. Concretamente, el 30 por ciento de las casi 11.000 mujeres españolas que se someten cada año a una mastectomía sufren un linfedema, según datos del Colegio General de Colegios de Fisioterapeutas de España (CPFCM).

“Esta experiencia fue para mi peor que el cáncer. Es una sensación que compartimos muchas mujeres porque no está reconocido a pesar de lo que impacta en la calidad de vida del paciente. En general creo que hay mucho desconocimiento en torno a ella aunque el grado de afectación en el día a día es muy elevado”, señala Marina Wynia, paciente de linfedema.

Y es que cuando se padece un cáncer, una vez curado, se piensa en las secuelas estéticas y funcionales que éste ha dejado. Conocemos el significado de la pérdida o deformidad del pecho, los efectos que la radioterapia causa en la piel, las molestias sensitivas de la quimioterapia… Pero el significado del linfedema, un aumento del volumen de las extremidades secundario a la acumulación de linfa, es más desconocido.

El linfedema que está asociado al cáncer está generado por la extirpación de los ganglios linfáticos durante la cirugía contra el cáncer, o por el mismo tumor que podría obstruir parte del sistema linfático. Por eso se puede producir, por ejemplo, una hinchazón exagerada del brazo por acumulación de líquido linfático tras la extirpación de ganglios de la axila.

Es cierto que el linfedema suele afectar a los brazos y las piernas, y es más frecuente en las personas que han recibido tratamiento para el cáncer de mama o cánceres que afectan las vías urinarias, la vejiga, los riñones, la próstata, los testículos o el pene.

Sin embargo, también puede presentarse en el cuello (en personas que reciben tratamiento para el cáncer en la región de la cabeza y el cuello), debajo del mentón, en la cara y, con menos frecuencia, dentro de la boca.

Es decir que aunque normalmente aparece en las extremidades, el linfedema también es frecuente en las zonas genitales o la cara. Y puede desarrollarse justo después de una cirugía o radioterapia, o puede ocurrir meses o incluso años después de finalizar el tratamiento para el cáncer.

Y en otras ocasiones, el flujo de la linfa puede frenarse o reducirse en personas con un nivel muy elevado de glóbulos blancos ocasionado por la leucemia o por una infección. Esto también podría generar hinchazón resultando en linfedema.

Las personas a quienes se les haya extirpado un gran número de sus ganglios linfáticos o que se han sometido a radioterapia también tienen más riesgo de desarrollar linfedema de largo plazo. Sin embargo, actualmente no hay forma de predecir quiénes desarrollarán la afección.

En el día a día, el impacto de la enfermedad en la calidad de vida es alto y provoca impotencia funcional, deformidad corporal, alteraciones emocionales y un riesgo considerable de infecciones graves como las linfangitis.

Esto es debido a que “en los estadios avanzados de la condición, se dificultan acciones cotidianas como vestirse o cualquier práctica deportiva que hay que adaptar”, advierte la doctora Vicenta Pujol, responsable de la Unidad de Linfedema del Hospital Universitario Vall d'Hebron de Barcelona.

No obstante, según cuenta la doctora Cristina Aubá Guedea, especialista de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN), "aunque el linfedema puede resultar muy molesto para quien lo padece, con los tratamientos adecuados, el 95 por ciento de los pacientes presenta mejoría, que es excelente en casi un tercio de los casos".

En su tratamiento y control es clave, además, la participación del paciente a través de la adopción de hábitos higiénico-dietéticos adecuados, así como realizar actividad física y deportiva, que tras dos años de confinamientos y restricciones han agravado la condición de los pacientes.

“En el tratamiento del linfedema, el paciente adquiere un rol activo. Durante estos años de pandemia y de crisis sanitaria, los profesionales nos hemos enfocado en el tratamiento de la patología, pero ahora tenemos que volver a poner en valor que el paciente sea un agente activo porque la adopción de hábitos de vida saludable es clave para controlar mejor la patología”, advierte la Dra. Pujol.

Para prevenir la aparición del linfedema los especialistas recomienda estar atentos a las señales que nos manda el cuerpo. Más allá de la hinchazón y la sensación de pesadez, desde la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica recomiendan fijarse en otros síntomas. En este sentido hay que estar alerta si aparece:

  • Debilidad o disminución de la flexibilidad.

  • Anillos, relojes o ropa que de pronto se sienten muy ajustados.

  • Molestias o dolor.

  • Tensión, brillo, calor o enrojecimiento en la piel.

  • Piel endurecida o piel que no se hunde en absoluto cuando se le aplica presión.

Si se confirma el diagnóstico, los especialistas aconsejan: mantener la piel hidratada, evitar procedimientos médicos como vacunas en dicho brazo, evitar golpes y heridas que puedan infectarse, evitar mantener brazos elevados durante períodos de tiempo prolongados, evitar utilizar ropa ajustada y hacer movimientos repetitivos así como deportes que incluyan grandes esfuerzos con los miembros afectados.

El tratamiento médico está basado en lo que se conoce como 'terapia física compleja', que engloba: medidas de higiene y prevención, ejercicios de prevención, drenaje manual linfático y medidas de compresión como los vendajes multicapa y las medias, o los manguitos de compresión.

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