Así es la enfermedad mental diagnosticada de Rocío Carrasco

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(Imagen: Mediaset)
El trastorno mixto ansioso depresivo se refiere a aquellos casos en donde las personas no pueden ser diagnosticadas con ansiedad o depresión ya que no cumplen con todos los síntomas, sin embargo muestran tener algunos síntomas de ambas patologías de manera simultánea. (Imagen: Mediaset)

En el estreno de la docuserie 'Rocío, contar la verdad para seguir viva', la hija de Rocío Jurado contó que sufre un "síndrome ansioso depresivo, moderado y grave, cronificado en el tiempo". Se trata de un diagnóstico certificado por "varios profesionales, entre ellos, el gabinete adscrito al tribunal de violencia sobre la mujer".

Una enfermedad mental que sufre desde hace más de una década y por la que se encuentra en tratamiento psiquiátrico y psicológico desde 2011, y en la que confluyen dos trastornos diferentes pero íntimamente relacionados: los trastornos de ansiedad -bastante frecuentes en la población general- y los trastornos depresivos.

Tradicionalmente se ha observado, desde la psicología, que ambos tipos de trastorno tienen muchos elementos en común, tanto que suele ocurrir que ante una situación de ansiedad prolongada se terminen generando síntomas depresivos y viceversa. Pero en algunas personas pueden aparecer de manera simultánea características tanto de depresión como de ansiedad, pudiendo catalogarse como casos de 'trastorno mixto ansioso-depresivo'.

El síndrome ansioso depresivo o trastorno mixto ansioso-depresivo carece de entidad propia en algunos sistemas diagnósticos, pero se encuentra con frecuencia en las consultas de atención primaria y su prevalencia es alta. Es un trastorno que tiene tratamiento y que, de no tratarse a tiempo, puede cronificarse.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) cataloga el trastorno mixto ansioso-depresivo en la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10) donde se explica que aparece “cuando existen tanto síntomas de ansiedad como de depresión, pero sin que ninguno de estos síntomas sea claramente predominante”. Esa dualidad es precisamente lo que caracteriza a la enfermedad que tiene Rocío Carrasco.

En el documento se aclara que la ansiedad y la depresión "no aparecen con tanta importancia como para que se justifique un diagnóstico particular por separado", y también que "esta categoría no debe ser utilizada cuando los síntomas de ambos trastornos son graves".

Es decir, que para hacer el diagnóstico se requiere de la presencia de síntomas ansiosos y de depresión de baja intensidad. Además, tienen que existir otras complicaciones como temblores, palpitaciones, boca seca y sensación de malestar gástrico (más adelante ampliamos estos síntomas).

Diferenciar los síntomas de la ansiedad y depresión sigue constituyendo hoy en día una de las principales preocupaciones entre los expertos en psicopatología. Actualmente, no cabe duda que existe un solapamiento de síntomas entre ambos, pero esto no puede implicar que sus conceptos se confundan. Tienen elementos comunes, pero igualmente diferenciadores.

Muchas personas que padecen trastorno mixto ansioso depresivo, al no presentar sintomatología intensa o grave, no suelen acudir a terapia o pedir ayuda. Sin embargo, nunca hay que resignarse ante el dolor emocional o ante la ansiedad continua, sino que debemos tomarlo como un aviso de que algo en tu interior está pasando y es importante que empecemos a escucharlo de una forma más compasiva y curiosa.

Sólo con la voluntad no es suficiente para salir

Hay que tener en cuenta que los trastornos de ansiedad constituyen la forma más prevalente de enfermedad psiquiátrica en la sociedad occidental, pero sin alejarnos mucho, nos encontramos también con una incidencia elevada de sintomatología depresiva.

Se calcula que entre un 15 y un 20 por ciento de la población española sufre un episodio de ansiedad cada año, según datos de la Organización Médica Colegial (OMC), y entre el 20 y el 30 por ciento lo padece o padecerá a lo largo de su vida al menos una vez, con una importancia suficiente como para requerir tratamiento. Sin embargo, la gran mayoría de los pacientes que sufren estos trastornos no son correctamente identificados ni reciben un tratamiento adecuado.

Como señalábamos al principio, es muy habitual en casos de personas que sufren depresión que podamos encontrar rasgos ansiosos y viceversa. Como rasgos comunes destaca el dolor emocional. La causa de este dolor va a depender de cada persona. Y es muy importante solucionar aquello que nos lo ha provocado, para poder solucionar de raíz tanto los rasgos de ansiedad como los de depresión.

A menudo la persona no se da cuenta de lo deprimida que está, debido a que la depresión se ha desarrollado gradualmente. Quizás intenta seguir luchando y sobrellevar los sentimientos de depresión manteniéndose ocupado, pero esto puede provocarle aún más estrés y agotamiento.

Entonces empiezan los dolores físicos tales como dolor de cabeza constante o el insomnio. También aparece un sentimiento profundo de incapacidad por realizar tareas o actividades de la vida diaria o un miedo intenso a la realidad que nos rodea. A veces éstos son el primer signo de una depresión.

La mejoría espontánea, es decir, sin consulta ni tratamiento, de los problemas de ansiedad es improbable, y se produce en muy pocos casos. En la mayoría de los pacientes la ansiedad tiende a mantenerse, e incluso a extenderse y generalizarse. Tratar de sobreponerse a base de fuerza de voluntad, como piensan algunas personas, no es efectivo. Querer que los síntomas desaparezcan no da resultado, no es suficiente. Lo más conveniente es tratarse lo antes posible.

Cuando la ansiedad va acompañada de depresión se presenta un elevado nivel de dolor a nivel emocional, irritabilidad, malestar y sensaciones de culpabilidad y bajo estado de ánimo.

Los síntomas pueden manifestarse en lo psíquico (sentimientos de temor y miedo, tensión, preocupación constante y actitud hipervigilante) y en lo físico (palpitaciones, sensación de paro cardíaco, falta de aire y sensación de ahogo, hiperventilación, suspiros, accesos de tos nerviosa, náuseas, temblor, entumecimiento, sofocos...) y muchos pacientes los relacionan con conflictos personales o determinadas condiciones ambientales.

Para que una persona pueda ser diagnosticada con un trastorno ansioso-depresivo, debe de cumplir con algunos síntomas, experimentándolos -al menos- un mes seguido. Pero para hablar de cronicidad (es decir, del síndrome ansioso depresivo cronificado), según apunta el doctor Víctor Manuel González Rodríguez, médico especialista en Medicina de Familia en el Centro de Salud Villoria (Salamanca) y miembro del grupo de Neurología de SEMERGEN, tiene que haber un estado de ánimo deprimido crónico durante al menos dos años, y que presente por los menos tres de los siguientes síntomas:

  1. Pérdida o aumento del apetito.

  2. Insomnio o hipersomnia.

  3. Fatiga o pérdida de la energía.

  4. Baja autoestima.

  5. Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.

  6. Tener pensamientos obsesivos negativos casi todo el día

  7. Encontrarse sumamente sensible y con ganas de llorar

  8. Sentimientos de inutilidad y desesperanza.

  9. Preocupación constante por lo que va a ocurrir en el futuro y sentir la necesidad de protegerse

La prevalencia del trastorno mixto ansioso-depresivo en Atención Primaria en España es del 6,7 por ciento, según un informe del Ministerio de Sanidad, y "las personas que padecen una alteración depresiva crónica del estado de ánimo, apunta el experto, aunque tienen días o semanas en los que se encuentran bien, la mayor parte del tiempo se sienten cansados y depresivos y nada les satisface. Tienen tendencia al retraimiento, están meditabundos, quejumbrosos, duermen mal y se sienten incapaces de todo".

Otro de los puntos en común entre ansiedad y depresión es que las personas que lo están sufriendo no son capaces de enfrentarse a la vida o a circunstancias concretas de ella ya que padecen un hondo sentimiento de indefensión, presentando baja autoestima.

Aparece una preocupación irracional y abundante sobre temas que, a veces, pueden parecer poco importantes o por el contrario, verdaderamente amenazantes, dificultad para mantener la concentración, un estado de hipervigilancia que genera tensión y desesperanza y desmotivación.

La combinación de síntomas depresivos y de ansiedad provoca un deterioro significativo del funcionamiento de la persona afectada.

De hecho, una persona que sufre el síndrome ansioso-depresivo puede tender a aislarse, a retirarse de las actividades sociales; en el trabajo puede presentar una disminución de la actividad, de la eficacia y de la productividad. Con los años, estos trastornos se convierten en parte integrante de su vida o su personalidad.

Como podéis ver, todo esto es muy característico pero no es tan sencillo como que desaparezca la ansiedad o el estado de ánimo bajo, hay que buscar la causa, a veces nos encontramos que debajo de estos rasgos, hay otras problemáticas, como pueden ser problemas de pareja, de familia, violencia, baja autoestima, etc.

La importancia clínica y pronóstica de los pacientes que presentan la comorbilidad ansiedad-depresión es que se ha podido demostrar que presentan mayor nivel de sufrimiento, mayor deterioro psicosocial, mayor tendencia a la cronicidad, peor respuesta al tratamiento, mayor riesgo suicida y de incidencia en alcoholismo y sustancias adictivas, y mayor utilización de servicios médicos.

Tal y como apunta González Rodríguez, "suelen desarrollar una visión pesimista del mundo y tienen una pobre conciencia del estado de ánimo normal, por lo que las consecuencias de un pensamiento negativo continuo y la baja autoestima pueden ser importantes a lo largo de la vida".

Asimismo, los especialistas señalan que existen diversos factores que pueden llevar a una persona a padecer un trastorno mixto ansioso depresivo:

  • Ambientales: el que se haya crecido dentro de una familia disfuncional, haber recibido un tipo de apego inseguro y el haber tenido a lo largo de la vida bastantes dificultades y problemas principalmente de tipo familiar y económico.

  • Psicológicos: todo lo relacionado a la personalidad del individuo, sus creencias, pensamientos, ideas y la percepción en general que tiene de la vida)

  • Biológicos (por ejemplo, un desequilibrio en la química del cerebro debido a la deficiencia de algunos neurotransmisores como la serotonina y/o la dopamina)

Pero también inciden factores sociales estresantes continuados y muy variados como falta de apoyo social que pueden empeorar el síndrome ansioso-depresivo. Por lo que su correcta identificación y un tratamiento precoz y adecuado del trastorno que sufren estos pacientes evitaría su progresión/cronicidad y minimizaría sus complicaciones.

El tratamiento debe ajustarse a la presentación de los síntomas, su gravedad y su experiencia previa con las distintas modalidades de tratamiento

En general se suele optar por una combinación de psicoterapia de introspección y psicoterapia cognitivo-conductual que ayuden a rebajar la angustia y mejorar el estado de ánimo. Para ello se suelen aconsejar técnicas de respiración (por ejemplo, respiración diafragmática) y de relajación (por ejemplo, mindfulness) y se insta a realizar actividades agradables, ya sea recuperando aquellas que le resultaban placenteras o participando en alguna nueva de manera gradual.

El objetivo de esta terapia es reducir de manera gradual los síntomas que presenta la persona de ansiedad y de depresión. Para lograrlo, primero que nada se le explica al paciente por medio de la psicoeducación cuál es su diagnóstico y todos los aspectos relacionados para que conozca en qué consiste el trastorno que padece, sus causas, síntomas y consecuencias, entre otras cosas.

Se trata de dar unas nociones básicas acerca de las características de la ansiedad y la depresión para que el paciente normalice su experiencia (puede ser útil echar un vistazo a las guías de autoayuda sobre Bienestar Emocional del Ministerio de Sanidad). Después, puede ser necesario cambiar algunas creencias o pensamientos que pueden estar manteniendo el problema. Esto puede hacer utilizando la técnica de reestructuración cognitiva.

El tratamiento farmacológico de los trastornos mixtos ansioso-depresivos se pauta con ansiolíticos, antidepresivos o ambos. Entre los ansiolíticos, algunos datos indican que el uso de las triazolobenzodiacepinas (por ejemplo, alprazolam) podría estar indicado, debido a su efectividad en el tratamiento de la depresión asociada con ansiedad. Mientras que entre los antidepresivos, los serotoninérgicos (por ejemplo, la fluoxetina) pueden resultar muy eficaces en el tratamiento de trastorno mixto ansioso-depresivo.

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