La enfermedad reumática que se nota en tus ojos antes que en tu espalda

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Los ojos rojos son un indicio de 'espondilitis anquilosante', una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral, pero que progresa muy despacio y puede tardar entre 5 y 7 años en diagnosticarse. (Foto: Getty)
Los ojos rojos son un indicio de 'espondilitis anquilosante', una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral, pero que progresa muy despacio y puede tardar entre 5 y 7 años en diagnosticarse. (Foto: Getty)

El envejecimiento no siempre está detrás de la visión borrosa y la sensibilidad a la luz. Estos dos síntomas tan comunes que solemos asociar a la edad podrían ser el preludio de una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral.

Hablamos de la 'espondilitis anquilosante' (EA). Pero, ¿qué relación puede haber entre la salud de los ojos y la flexibilidad de la columna?

La espondilitis anquilosante es una enfermedad inflamatoria que suele producir dolor y rigidez en las vértebras de la espalda, las cuales tienden a soldarse entre sí, provocando una limitación de la movilidad. De ahí el término anquilosante, que proviene del griego “ankylos” y significa soldadura, fusión.

Según la Sociedad Española de Reumatología (SER), más de 28 millones de personas padecen enfermedades reumáticas en nuestro país. La espondilitis anquilosante es una de ellas.

Los signos y síntomas suelen comenzar en la edad adulta temprana, en concreto, en varones entre los 20 y los 30 años de edad, siendo menos frecuente en mujeres y más leve.

Con el tiempo, la EA produce una degeneración y desgaste que se traduce en la pérdida de flexibilidad de la columna, quedando esta rígida y fusionada, lo que puede resultar en una postura encorvada.

A veces empieza como un dolor en la parte baja de la espalda o en los glúteos que aparece lentamente, empeora por la mañana o incluso puede llegar a interrumpir el sueño en la segunda mitad de la noche. El dolor de cuello y la fatiga también son comunes, tal y como recoge la Clínica Mayo. Además, si las costillas se ven afectadas, puede ser difícil respirar profundamente. Pero los síntomas pueden empeorar, mejorar o detenerse en intervalos irregulares, por lo que el avance es lento y no es fácil de identificar.

Desde la Fundación Española de Reumatología consideran que sigue siendo una patología desconocida aunque es una enfermedad frecuente, ya que según los datos actuales afecta a 23,8 pacientes por cada 10.000 habitantes en Europa, y se estima que hay 1,3-1,5 millones de pacientes.

Sin embargo, el principal problema para su diagnóstico es que uno de los síntomas de la espondilitis anquilosante sea una dolencia tan común como la lumbalgia o un dolor fuerte en la parte baja de la espalda, hace que en algunos casos sea complicado diagnosticarla. Normalmente, se tarda de media de 5 a 7 años en alcanzar un diagnóstico definitivo.

Sin embargo, esa inflamación que genera la EA también puede afectar a otras partes del cuerpo como los ojos, produciendo dolor, enrojecimiento ocular y fotofobia de aparición más o menos brusca.

Es lo que se conoce como 'uveítis' y, en un número no desdeñable de casos, la uveítis es el primer síntoma de la enfermedad y en muchos más ayuda a detectar una lumbalgia casi sintomática.

Y es que como decía, el dolor lumbar en la EA puede ser leve y constante o se puede experimentar en brotes o ataques, que van seguidos de períodos sin síntomas. Una característica que despista mucho y hace pensar que es algo pasajero.

Sin embargo, si al mismo tiempo notas otras cosas como una inflamación del ojo, que aparece de forma brusca y que provoca que el ojo se enrojezca, además de visión borrosa, es el momento de consultar al médico. A veces estos síntomas menores son más importantes de lo que creemos porque proporcionan datos útiles a los especialistas. Y es que si bien se ha experimentado un gran progreso en los últimos años, el retraso en el diagnóstico de la espondilitis anquilosante sigue siendo una asignatura pendiente en esta área terapéutica,

Cuando la espondilitis anquilosante no se diagnostica a tiempo, impide el tratamiento en fases iniciales, lo que agrava la enfermedad y hace que aumente el daño estructural y la pérdida de movilidad.

“Es importante que se conozca la enfermedad y se sospeche de que ese dolor de espalda –marcado por la inflamación de la columna– es inusual, porque aparece en reposo y consultar al médico de cabecera o al especialista resulta clave, para que no tarde más de cuatro años y la inflamación haya dado paso a la anquilosis y las limitaciones en el pacientes ya sean funcionales e irreversibles”, explica el doctor Luis Sala, médico especialista en Reumatología del Hospital Universitario de Torrejón, en Madrid.

Solo un médico puede diagnosticar la espondilitis anquilosante, pero no hay nada malo en conocer sus síntomas y en aprender a distinguir ese tipo de dolor de la lumbalgia clásica. De hecho, saber cuáles son las características de la espondilitis anquilosante y estar atento a esos signos menores, como los ojos rojos y la inflamación ocular, puede ayudar mucho tanto a tu médico a la hora de identificar el problema y frenar su desarrollo.

En este sentido, es más difícil que se nos escape la 'uveitis' que el dolor de espalda asociado a la EA, ya que la primera salta a la vista (nunca mejor dicho) y la segunda va y viene, pero sobre todo solemos echarle la culpa a malas posturas, sobreesfuerzos físicos o a la edad.

Por supuesto hay otras causas que pueden provocar el enrojecimiento de ojos como la alergia o la conjuntivitis. Pero en estos casos también habrá otros síntomas como goteo nasal, picor, estornudos y molestias de garganta, así que es fácil no equivocarse. Si aún así no lo ves claro, la clave para asociar los ojos rojos a la EA está en comprobar si sucede antes, después o al mismo tiempo que una crisis o brote de dolor lumbar.

También hay otras pistas que pueden ayudar a desenmascararla. Por ejemplo, algunas personas pueden tener fiebre, pérdida de apetito o de peso, fatiga y malestar general, ya que en algunos casos también puede afectar otras zonas distintas de las articulaciones.

No obstante, el diagnóstico de una enfermedad de este tipo no tiene por qué poner punto y final a ciertas actividades con las que los afectados de EA disfrutaban antes de ser diagnosticados ya que las terapias biológicas han transformado la evolución de esta enfermedad y han incrementado la calidad de vida.

De hecho, los medicamentos biológicos han demostrado reducir la inflamación de las articulaciones y la actividad de la enfermedad, disminuyendo el dolor y mejorando la función física.

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