La enfermedad parasitaria que puede confundirse con cáncer de hígado

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Pie de foto: El 13% de los casos se presenta como una enfermedad multiorgánica en la que el 'metacestodo' se infiltra en las proximidades del hígado y/o establece metástasis en los pulmones, el bazo, los huesos y/o el cerebro. 

Los zorros son los huéspedes definitivos más importantes del parásito que causa la equinococosis, pero los perros y gatos domésticos también pueden constituirse en huéspedes definitivos por la ingestión de roedores salvajes infectados. De ahí pasa a los humanos al acariciarlos o entrar en contacto con ellos. (Foto: Getty)
Los zorros son los huéspedes definitivos más importantes del parásito que causa la equinococosis, pero los perros y gatos domésticos también pueden constituirse en huéspedes definitivos por la ingestión de roedores salvajes infectados. De ahí pasa a los humanos al acariciarlos o entrar en contacto con ellos. (Foto: Getty)

Un brote detectado en Alberta, Canadá, destapa la existencia de una nueva enfermedad parasitaria que puede confundirse con el cáncer de hígado, y que ya es endémica en parte de Europa: la 'equinococosis alveolar humana' (EA). 

Es una condición que puede ser mortal, debido a que los crecimientos en forma de tumor se forman en el hígado. En Europa está extendida por Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Francia, Alemania, Suiza, Austria, Polonia y la República Checa y en Asia, sobre todo en China.

Las tenias que provocan esta enfermedad pueden anidar en animales domésticos como los perros o salvajes como los zorros. Pero según apunta Stan Houston, experto en enfermedades infecciosas: "los humanos nos lo podemos encontrar en fresas o lechugas de un jardín o un huerto por donde pasó un coyote, o posiblemente de un perro si es portador del parásito".

También podemos contraer equinococosis al acariciar a un perro o un gato doméstico que tiene rastros microscópicos de heces en su pelo y luego tocar la comida o su boca, ingiriendo accidentalmente los huevos del parásito.

Houston alertan de que la incidencia de esta infección zoonótica está ascendiendo en Europa y Asia, con un aumento del riesgo observado en individuos inmunodeprimidos. Anteriormente, la adquisición de AE ​​en América del Norte era extremadamente rara, a excepción de una remota isla de Alaska. 

Sin embargo, estudios recientes han demostrado una nueva cepa europea de Echinococcus multilocularis ( Em) en la vida silvestre y en humanos EA en el oeste de Canadá. 

El pico de edad de máxima incidencia en Europa se sitúa entre los 50 y 60 años de edad. En España también se han reportado casos en las últimas dos décadas, como consecuencia del aumento de la población de zorros. Incluso se ha observado la propagación de este parásito a áreas no endémicas. Por ello, es importante conocer esta enfermedad rara y saber cómo identificarla, diagnosticarla y tratarla.

"Ha habido una pausa desde el Covid-19, pero sospecho que refleja una desaceleración en las pruebas durante la pandemia y que pronto veremos un aumento nuevamente", apunta el experto que cuenta que la cepa de AE ​​encontrada en los casos de Alberta ha sido identificada por científicos de la Facultad de Medicina Veterinaria en Calgary como originaria de Europa, probablemente en perros traídos a la zona.

Es probable que el aumento del contacto humano con los coyotes a medida que se 'urbanizan', junto con el creciente número de personas con enfermedades o terapias que debilitan el sistema inmunológico, haya contribuido al aumento de casos.

Siempre ha sido importante vigilar las enfermedades de los animales”, añade Houston. "La pandemia de Covid-19 ha vuelto a aumentar la conciencia sobre el número y la importancia de las enfermedades humanas que se transmiten de los animales".

Cazadores y veterinarios están entre las personas con riesgo alto de infección por Echinococcus multilocularis (Em), así como aquellas otras personas que tienen contacto con zorros salvajes o coyotes, o sus heces, o con perros y gatos domésticos que tienen la oportunidad de comer roedores salvajes infectados con AE. Estas mascotas pueden arrojar los huevos de tenia en sus heces y su pelaje puede estar contaminado. Los seres humanos pueden estar expuestos a estos huevos por transferencia o contaminación "de la mano a la boca".

La EA está causada por larvas de tenia parecidas a un tumor o a un quiste que crecen en el cuerpo. Suele afectar al hígado, pero puede extenderse a otros órganos del cuerpo. Debido a que los quistes crecen lentamente, es posible que la infección por EA no produzca ningún síntoma durante muchos años. (Foto: Getty)
La EA está causada por larvas de tenia parecidas a un tumor o a un quiste que crecen en el cuerpo. Suele afectar al hígado, pero puede extenderse a otros órganos del cuerpo. Debido a que los quistes crecen lentamente, es posible que la infección por EA no produzca ningún síntoma durante muchos años. (Foto: Getty)

La equinococosis alveolar se caracteriza por un periodo de incubación asintomático de 5 a 15 años y el desarrollo lento de una lesión primaria similar a un tumor, normalmente en el hígado. Los signos clínicos son pérdida de peso, dolor abdominal, malestar general y signos de insuficiencia hepática.

Después de un período asintomático de más de 10 años, el parásito invade principalmente el hígado formando vesículas diminutas de crecimiento lento que le dan un aspecto similar a una esponja. A medida que el tamaño de la lesión aumenta, la parte central puede necrotizarse apareciendo como un pseudoquiste. Con frecuencia se observan calcificaciones.

La infección puede diseminarse a los órganos adyacentes al hígado (por ejemplo, el bazo) o a lugares distantes como los pulmones o el cerebro, ya que el parásito viaja a través de la circulación sanguínea y linfática. Esto se conoce como metástasis alveolar. 

Sin embargo, los síntomas de la EA pueden ser difíciles de detectar. Casi la mitad de los casos en Alberta se descubrieron de manera accidental cuando el paciente estaba siendo examinado por una enfermedad diferente. A menudo se encuentra después de que una ecografía muestra anomalías en el hígado, seguida de una biopsia de investigación.

Y es que cuando por fin se presentan síntomas, pueden incluir dolor no especifico, ictericia, debilidad y pérdida de peso, las mismas afecciones que podrían esperarse de un tumor canceroso en el hígado. La afectación pulmonar o cerebral se caracteriza por disnea de esfuerzo, dificultad para hablar o disartria, hemiparesia, que consiste en la disminución de la fuerza motora o parálisis parcial que afecta un brazo y una pierna del mismo lado del cuerpo, y parálisis de los nervios craneales. Si no se trata, la equinococosis alveolar es progresiva y letal.

“En la mayoría de los casos, ese fue el primer pensamiento de la gente cuando vieron las imágenes, que era cáncer”, explica Houston. "Los síntomas serían indistinguibles de muchas otras enfermedades del hígado, de ahí la necesidad de un diagnóstico de biopsia".

Si se detecta a tiempo, el tratamiento implicaría una cirugía para extirpar la masa del hígado. Debido a que el parásito inicialmente no presenta síntomas, a menudo puede crecer lentamente y cuando se detecta, alrededor de dos tercios de los pacientes son inoperables. En esos casos, los medicamentos antiparasitarios de por vida son la única opción. Aunque no matan al parásito, evitarán que siga creciendo. En caso de que no se trate la enfermedad, el parásito podría matar a su huésped humano en un plazo de 10 a 15 años.

Para prevenir la infección es necesario tener una buenas prácticas de higiene, lo que incluye lavarse las manos después de tocar a un perro o gato, especialmente si sospecha que se ha comido un roedor o ha pasado tiempo en un parque o en un área donde puede haber otros animales salvajes. También se recomienda lavar a fondo los productos que provienen del suelo o cerca del suelo, como lechugas o setas.

No obstante, los expertos recuerdan que "la EA sigue siendo una enfermedad muy rara. Por lo que la gente debería verlo con perspectiva, y adoptar comportamientos saludables sin obsesionarse", concluye el Houston.

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