Por qué los endocrinos están en contra del ayuno intermitente para perder peso

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Los endocrinólogos aseguran que, aunque hay un gran interés científico en el tema, el ayuno intermitente no es una opción recomendada por las sociedades científicas en las guías de práctica clínica actuales. (Foto: Getty)
Los endocrinólogos aseguran que, aunque hay un gran interés científico en el tema, el ayuno intermitente no es una opción recomendada por las sociedades científicas en las guías de práctica clínica actuales. (Foto: Getty)

Las 'dietas' que incluyen el ayuno intermitente se han vuelto populares. Celebrities e influencers no paran de hablar de las virtudes y beneficios de esta práctica tan popular. Sin embargo, aparte de otras muchas otras consideraciones que iremos desgranando, expertos de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) advierten que este fenómeno explica en gran parte la progresión creciente de la prevalencia de obesidad a nivel mundial.

De hecho, la falta de pautas alimenticias adecuadas está creando un ambiente obesogénico, y "España ostenta el dudoso honor de estar en uno de los puestos destacados en cuanto al avance de la enfermedad", apunta el doctor Javier Salvador, profesor titular de Endocrinología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra y Navarra y miembro del área de Neuroendocrinología de la sociedad científica.

Según datos de la SEEN, el 60 por ciento de la población adulta y el 18 por ciento de los niños en España están por encima de un peso saludable.

“En nuestro país la prevalencia de obesidad sigue siendo muy elevada, situándose en torno al 23 por ciento en la población adulta, de modo que en este segmento de población el exceso de peso (obesidad más sobrepeso) supera al 60 por por ciento de habitantes. Las cifras en infancia y adolescencia varían según los estudios y los márgenes de edad, pero alcanzan el 18 por ciento en algunas series advirtiéndose exceso de peso global en hasta 40 por ciento en algunos rangos de edad”, señala el Dr. Salvador.

La falta de pautas alimenticias adecuadas, las alteraciones de horarios y jornadas laborales, el sedentarismo, y otros factores que vienen de la mano del desarrollo tecnológico son algunas de las causas que contribuyen a generar un ambiente obesogénico que “comprende una serie de factores que se encuentran presentes a nuestro alrededor y que contribuyen a generar -o perpetuar- la obesidad”.

Estos factores incluyen elementos que emanan desde políticas administrativas o educativas hasta otros relacionados con el entorno socioeconómico, laboral, escolar, familiar y sanitario, ha explicado el especialista. A nivel particular, copiar ciertas conductas arriesgadas que se ponen de moda, como el ayuno, puede agravar el problema.

El ayuno no puede considerarse una dieta

Por eso, los endocrinos han tratado de arrojar algo de luz a través de sus perfiles en redes sociales, desde donde desmienten falsos bulos de salud, como que el ayuno sea considera un 'elemento corrector' de la obesidad. Y señalan que el error principal es que "la gente ha asumido que el ayuno es una nueva dieta. Algo totalmente descabellado".

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Esta tendencia no siempre va a acompañada de una prescripción correcta y, en ocasiones, las personas que lo adoptan no cuentan con toda la información necesaria.

"Esta pauta implica restringir alimentos durante un tiempo determinado, mientras que el concepto de dieta alude a la ingesta habitual de alimentos y bebidas", aclaran los endocrinos. También señalan que es importante tener en cuenta las limitaciones actuales de la investigación del ayuno intermitente y la cantidad desigual de información disponible sobre cada estilo de ayuno intermitente.

Cuáles son los diferentes tipo de ayuno

En sentido aclaran que el ayuno que se produce tras permanecer sin comer durante la noche (8-12 horas), es el que podemos considerar un ayuno fisiológico.

Si hablamos del ayuno voluntario, en relación con la duración del ayuno, podemos encontrarnos con situaciones distintas. Así, existen diversas fórmulas de ayuno intermitente o esporádico:

  • De periodicidad diaria, al menos 12 horas de ayuno, siendo la más conocida la “pauta 16/8”. El denominado 'Time Restricted Feeding' es una metodología nutricional basada en el ayuno intermitente y consiste en ayunar durante 16 horas, en las que suelen incluir las 8 horas de sueño, permitiendo la ingesta durante las 8 horas siguientes. La 'ventana' de alimentación más común es desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde.

  • Semanal, generalmente un día o dos a la semana, seguidos o no. Dentro de esta segunda opción, la más popular es la mal llamada “dieta 5:2”, que propugna comer “normal” cinco días a la semana, acompañada de una reducción severa de la ingesta – alrededor del 75 por ciento – los dos siguientes.

  • El ayuno con periodicidad mensual, consistente en ayunar un par de días seguidos cada mes, se practica en menor medida.

Habitualmente, no hay normas estrictas de lo que se puede ingerir en las horas permitidas, ni cuantas calorías. Se asume que con el período de ayuno se disminuye la ingesta habitual en 300-500 kcal/día permitidas, pero la base del método es la restricción de horarios, no de ingesta calórica. Lo cual es importante porque refleja que lo que determina el ayuno no es tanto la cantidad de comida que se ingiere sino el cuándo.

La cantidad de estudios publicados sobre el tema todavía es escasa y de corta duración como para sacar conclusiones con cierta seguridad

Sin embargo, según explica el doctor José Manuel García Almeida, miembro del Comité Gestor del área de Nutrición de la SEEN, “ninguna dieta que no limite las calorías totales conseguirá la pérdida de peso”. Por ello indica que, “el mecanismo por el cual el ayuno intermitente pudiera producir una pérdida de peso está claramente relacionado con los mecanismos de limitación de la energía que se aporta, independientemente de los otros efectos fisiológicos que pueden producir en la regulación endocrina”.

“Existen en marcha ensayos clínicos que tratan de analizar la eficacia del ayuno intermitente frente a la dieta convencional, pero actualmente no es una de las opciones establecías en las guías y las recomendaciones de las sociedades científicas”, añade.

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Es más, acaba de publicarse una última revisión de estudios sobre el ayuno intermitente que ha evaluado la supuesta efectividad de esta propuesta para prevenir las enfermedades cardiovasculares, para controlar el peso corporal o para regular los niveles de glucosa en sangre. Estas son las conclusiones:

  1. No hay pruebas de que el ayuno intermitente sea útil para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Es decir que No se encontró evidencia suficiente, de buena certeza, para saber si el ayuno intermitente podría prevenir las enfermedades cardiovasculares.

  2. Tampoco de que seguir el ayuno intermitente sea más útil que la restricción calórica tradicional para perder peso. de hecho, el pequeño efecto del ayuno intermitente sobre la pérdida de peso en comparación con no hacer nada "no fue clínicamente significativo".

  3. Se encontró que el ayuno intermitente podría ayudar a las personas a perder más peso que "comer de forma normal" (sin hacer dieta), pero fue similar a las dietas de restricción calórica. Es decir, que las pérdidas de peso y los cambios en los niveles de glucosa en sangre registrados en los estudios fueron tan pequeños que no se consideraron clínicamente significativos.

  4. Se necesitan más estudios de investigación para comprobar los efectos beneficiosos y los posibles efectos perjudiciales del ayuno intermitente, así como para comprobar si podría afectar a la cantidad de personas que mueren o padecen EC.

Cuánto ayuno es beneficioso y cuál es el punto que determina el equilibrio entre el beneficio a largo plazo o el daño por ingesta calórica insuficiente está aún por resolver. Falta evidencia y resultados a largo plazo para plantear este tipo de plan dietético de forma extensiva.

Teniendo en cuenta resultados publicados parece que el ayuno intermitente podría proporcionar beneficios para la salud, en mayor medida de lo que puede atribuirse a la reducción de la ingesta calórica, mejorando la obesidad, la resistencia a la insulina, la dislipidemia, la hipertensión, y reduciendo marcadores de inflamación sistémica y de estrés oxidativo que están asociados con la aterosclerosis. Por lo tanto, puede ser una opción útil para el tratamiento de algunas patologías, pero bajo supervisión médica.

Nunca se deben poner por delante los supuestos beneficios ignorando los riesgos del ayuno

En cualquier situación de ayuno hay que asegurar el aporte de energía a los órganos vitales, preferentemente al cerebro. Hay que tener en cuenta que en el ayuno se inicia una pérdida de las reservas de glucosa almacenadas en forma de glucógeno, que dura no más de 12 horas, y que el glucógeno muscular sólo se utiliza para producir energía a nivel local y se consume bastante rápidamente con el ejercicio.

Entre los posibles efectos secundarios del ayuno intermitente se encuentran los dolores de cabeza, mareos, dificultades para mantener la concentración, podrían alterarse otras enfermedades o afectarse la absorción de medicamentos.

"Si hacemos ayuno y pasamos hambre, sufrimos mareos... eso no es bueno. El ayuno va más allá del aspecto físico, es conocerte, observarte, dar ese espacio a la quietud y el silencio dentro de ti", explica a ABC la nutricionista Carla Zaplana. Para mí la clave de la salud es tener buenos hábitos de alimentación. Come bien: si no haces ayuno intermitente no pasa nada, pero la clave de la salud es poner consciencia de lo que pones en tu plato. Este es el primer paso, comer saludable, y después de agregas otras cosas".

Asimismo, a consecuencia de la adaptación que realiza el organismo ante la situación de ayuno se van a producir cambios en la composición corporal, y en función del tiempo de ayuno y la composición de la dieta que se consuma en las horas “permitidas”, se podrían llegar a presentar déficit de nutrientes.

Por último, los endocrinos advierten de que “dejar de comer” no educa para aprender a mantener una dieta saludable y, en algunas personas vulnerables, podría desencadenar un trastorno de conducta alimentaria. También, es importante evitarlo en procesos de mucho estrés, o cuando uno está muy alterado. Cuando aparece un hambre emocional severa, el ayuno puede crear incluso más estrés.

Por tanto, en personas sanas lo que se debe seguir es una alimentación saludable, es decir variada y equilibrada, siguiendo las recomendaciones de la dieta mediterránea.

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