¿Enamorado o obsesionado? El lado oscuro del amor

Perder la cabeza por alguien es posible

Cuando alguien nos gusta, sobre todo al principio, sufrimos una auténtica revolución interior, en todos los sentidos. Durante días e incluso semanas esa persona ocupa nuestro cerebro (a todas horas) y podemos llegar a sufrir un trastorno temporal pero muy intenso conocido como ‘limerencia’.

La ‘enfermedad del amor’ puede afectar a cualquier persona (no importa la edad) y provoca un comportamiento obsesivo-compulsivo que, por suerte, suele desaparecer de la misma forma en que llega. 

Se genera de una forma brusca e involuntaria y aunque suene muy romántico, no lo es. Consiste en una necesidad imperiosa e incontrolable de estar con determinada persona que nos provoca un auténtico torbellino de emociones y sentimientos desde timidez extrema, tartamudeo, nerviosismo y confusión hasta temblores, palpitaciones y euforia.

Aunque cueste en el amor conviene ser (al menos) un pelín racional porque la caída es mucho más dolorosa si idealizamos al otro. (Foto: Getty Images)

Síntomas físicos que a duras menos podemos controlar y que pueden derivar en situaciones cómicas o dramáticas (según la forma de ser de cada uno). 

Sin embargo, la cosa puede ponerse fea ya que esa necesidad de ser correspondido por la otra persona puede tornarse obsesiva. Entonces todo lo que el amor tiene de positivo se torna en negativo, y la admiración se transforma en pánico, miedo y comportamientos que rayan la locura.

Ten cuidado si empiezas a fantasear demasiado para buscar el interés de esa persona en la que estás interesado u organizas tu tiempo para generar encuentros aparentemente fortuitos.

“La limerencia es un estado involuntario interpersonal que implica un deseo agudo de reciprocidad emocional; pensamientos, sentimientos y comportamientos obsesivos-compulsivos, y dependencia emocional de otra persona”, explica  la psicóloga Dorothy Tennov en su libro ‘Love and Limerence: The Experience of Being in Love’, donde se acuñó el término por primera vez.

Tennov explica que este ‘trastorno’ se focaliza en el cerebro mediante una serie de procesos bioquímicos como la liberación de norepinefrina, dopamina, feniletilamina, estrógeno y testosterona. Hormonas que exaltan los sentimientos y desencadenan la euforia de un nuevo amor, poniendo en marcha la teoría del apego durante los dos primeros años de la relación.

El problema surge cuando ese sentimiento ‘limpio’ se convierte en obsesión y se torna en un acoso hacia la otra persona que puede afectar la calidad de vida.

En la ‘limerencia’ se tiende a reproducir en la mente una y otra vez los encuentros con el otro, y se sufre por no tenerlos. En los casos más extremos  aparecen ideas de suicidio si existe un rechazo. Y es que el amor a veces actúa como una droga, nublando el cerebro, y puede conducir a la gente a conductas extremas en la búsqueda del objeto de su afecto.

Si no quieres llegar a este punto trata de no idealizar demasiado a tu pareja, ni lo positivo ni lo negativo. Y en lugar de convertirla en el eje de tu vida, mantén tu independencia y tu círculo de amistades, no dejes de hacer cosas por tu cuenta ni renuncies a tu aficiones. 

Recuerda que amar no significa ser un dependiente emocional de la pareja; una relación saludable se va forjando con el tiempo (de manera natural) en torno al respeto, la intimidad física y el compromiso. 

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