El empresario que compra objetos subastados de Hitler para evitar que caigan en manos pro-nazis

El empresario Abdalá Chatila, además de contar entre las mayores fortunas de Suiza, es un filántropo con proyectos de ayuda a refugiados e inmigrantes.

Una polémica subasta rodeada de un halo de antisemitismo se ha convertido gracias al empresario libanés Abdalá Chatila en una oportunidad para velar por la memoria de las víctimas del nacionalsocialismo. En Múnich, la casa de subastas Hermann Historica entregaba hace un tiempo al mejor postor objetos personales que otrora pertenecieran a Adolf Hitler y otras figuras clave del III Reich.

Chatila se quedó con muchos de ellos, incluido un sombrero de copa encontrado en la residencia privada del Führer en Múnich, por el que pagó 50.000 euros. Si hubiera dependido sólo de Chatila, él se habría quedado con todos los objetos subastados en la capital bávara. Este hombre afincado en Ginebra que ha prosperado primero con el negocio de las joyas de su familia y luego con sus inversiones en el mercado inmobiliario, quería con esas adquisiciones hacer una declaración en favor de las víctimas del nacionalsocialismo en un contexto político europeo de auge de la extrema derecha y del antisemitismo, según explica él mismo a Yahoo Noticias.

“Después de leer un artículo en el que un rabino se quejaba por la venta de esos objetos porque podría tener consecuencias negativas, me dije que quería hacer algo al respecto, y lo que hice fue comprar los objetos”, dice Chatila. Es muy probablemente que la voz judía a la que se refiere sea la del rabino Menachem Margolin, de la Asociación Judía Europea (EJA, por sus siglas inglesas), una organización con sede en Bruselas. “Con algunas cosas uno no debería comerciar”, protestaba Margolin en una carta a la casa de subastas muniquesa.

Al igual que Margolin, Chatila es de los que pudo imaginarse que la iniciativa de Hermann Historica atraería adinerados extremistas de derechas interesados en tener objetos personales de sus históricos “ídolos”. Por eso decidió intervenir en la medida de sus posibilidades. El día de la subasta se gastó una cantidad estimada en 545.000 euros. Adquirió el sombrero de copa de Hitler, pero también una lujosa edición especial del libro “Mi Lucha” propiedad de Hermann Göring, otra de las figuras que más poder acumuló durante el III Reich, pasando por varias cartas personales escritas por el Führer, dibujos de motivos arquitecturales de Adolf Hitler con fecha de 1908, pasando por una caja para puros de plata y una máquina de escribir que pertenecieron al dictador nazi.

El sombrero de copa de Adolf Hitler subastado por la casa de subastas Hermann Historica pasó a ser propiedad de Abdalá Chatila por 50.000 euros

Sobre la adquisición, Chatila reconoce haber desembolsado “una importante cantidad de dinero”. “Sin embargo, yo no me fijo en lo que me han costado. Estoy más pendiente de lo que representan esos objetos. No veo el valor del dinero, sólo veo lo que representan, son símbolos”, asegura este hombre de negocios, considerado una de las 300 personas más ricas de Suiza.

Una compra contra los pro-nazis

“Ahí fuera hay suficiente información para saber que hay mucha gente pro-nazi. Los partidos políticos de extrema derecha están muy fuertes en Europa ahora mismo y el populismo se está haciendo fuerte. Todas esas cosas juntas me hicieron tomar la decisión de participar en la subasta”, abunda Chatila, aludiendo a los motivos que le llevaron a intervenir en la puja por los objetos nazis de Hermann Historica.

Esta lujosa edición del libro "Mi Lucha" de Adolf Hitler perteneció a Herman Göring, otro de los hombres más poderosos del III Reich.

También se refiere este hombre de negocios al auge del populismo de ultraderecha que de un tiempo a esta parte ha facilitado la aparición de partidos como Alternativa para Alemania (AfD) en el país de la canciller Angela Merkel. En esa formación los hay que desean invertir el sentido de la política de memoria histórica contra los nazis desarrollada en suelo germano tras la Segunda Guerra Mundial.

“Vivimos en un mundo en el que todo el mundo tiene miedo de todo. Incluso en Suiza, pese a toda la riqueza que hay en el país, pese a toda la educación que hay, hay mucha gente que tiene miedo”, comenta Chatila. Ante el miedo, él se rebela e invita a otros a hacer el bien en la medida de sus posibilidades. “Todo el mundo debería plantearse qué puede hacer para marcar la diferencia y hacer del mundo un lugar mejor, ya sea algo pequeño o grande. Si hiciéramos esto cada uno, al final, el mundo sería un lugar mejor”, plantea es hombre.

“Con la compra yo hice algo que está bien para corregir algo que estaba mal”, asegura este adinerado empresario. Tanto es así que Chatila no adquirió los objetos en la subasta para darles un siniestro uso de coleccionista. Los compró para, acto seguido, ponerlos en manos de la Fundación Keren Hayesod, una organización israelí con sede en Jerusalén. Muy poco une esta organización con Chatila, nacido en 1974 en el seno de una familia cristiana de el Líbano obligada a dejar su país cuando estalló la guerra civil. Chatila vivió como un niño inmigrante en Italia y Francia antes de instalarse en Suiza, en 1988.

“Hice en su día una contribución pequeña a la Fundación Keren Hayesod y mantuve una buena relación con ellos”, dice Chatila, que también está implicado en numerosos proyectos humanitarios en Jordania, Siria, el Líbano y Suiza. Antes de entregarlos a Keren Hayesod, Chatila pensó en destruir los objetos por los que acababa de pagar algo más de medio millón de euros.

Un gesto de bondad en un mundo cínico

Al principio pensé que lo mejor sería quemarlos. Pero ahora, después de haber hablado con mucha gente, estoy empezando a pensar en lo realmente importante que pueden ser para la memoria de las víctimas, por eso lo mejor sería que se expusieran en el Yad Vashem, centro memorial dedicado a las víctimas del Holocausto”, explica el hombre de negocios libanés. Actualmente esa institución israelí está valorando la idea de Chatila.

Sea como fuere, hay quien ve en sus recientes adquisiciones un auténtico gesto “de bondad”. Al menos así lo ha calificado el rabino Menachem Margolin. En unas declaraciones recogidas estos días por la prensa de medio mundo, Margolin afirmaba que Chatila había protagonizado un “acto real de bondad, de generosidad y de solidaridad” en “un mundo cínico”, donde hay quienes mercadean con objetos personales de los peores criminales que ha visto Europa.

En las posibilidades de Chatila, sin embargo, caben más acciones que buscan “hacer un mundo mejor”. Por ejemplo, ahí está su compromiso con los refugiados y otros inmigrantes a los que dedica parte de su fortuna. “Los inmigrantes son una parte muy importante en la historia de un país. Pero creo que hoy, en general, a los inmigrantes no se les está tratando bien. Son pobres y se abusa de ellos”, estima Chatila. “El presidente de Turquía [Recep Tayyip Erdogan, ndlr.], por ejemplo, siempre que tiene un problema con la Unión Europea, dice: 'si tenéis un problema conmigo os mando refugiados'. ¡Cómo si fuera malas personas! Es estúpido”, añade.

Él, que en su día se vio obligado a escapar de la sangrienta guerra civil libanesa – que dejó entre 1975 y 1990 una cantidad de muertes estimada en 120.000 personas, más decenas de miles de refugiados – reivindica que tanto inmigrantes como demandantes de asilo “son gente a las que corresponden los mismos derechos que el resto”. Chatila señala que sus convicciones, al igual que la compra de los objetos de Hitler y compañía, “no son políticas”. “Estas cuestiones no me preocupan desde un punto de vista político, sino humanitario”, concluye.


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